Mostrando entradas con la etiqueta DESAFIOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DESAFIOS. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de junio de 2013

Los argentinos según el Papa Francisco






por Juan Arias (Diario EL PAIS Junio 2013)

Dos años antes de ser papa, el entonces cardenal arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio, dijo al rabino Skorka lo que él pensaba de los argentinos.

Cada vez que en el libro "Sobre el Cielo y la tierra" , Francisco hace alusión a su país, Argentina, lo hace con una mezcla de amor, dolor y pasión.

Se ha aireado el tópico de que ahora el Papa es de todos y que por tanto no tiene más nacionalidad. No es así. Todos los papas del pasado han seguido manteniendo vivo su origen.

Basta pensar al papa polaco, Karol Wojtyla, al italiano, Giovanni Montini, o a los primeros papas procedentes del Oriente. Así, Bergoglio, se presenta siempre como argentino y cuando habla de los argentinos lo hace con sentimientos fuertes de pertenencia.

Las críticas van dirigidas si acaso a los políticos de turno o a los religiosos burgueses y acomodados.

A sus gentes las ama y las analiza con agudeza y cariño a la vez.

En el prólogo titulado "El frontispicio como espejo", recuerda que en la catedral metropolitana de Buenos Aires, se reproduce la historia bíblica de José con sus hermanos. Y comenta: “Décadas de desencuentro confluyen en ese abrazo".


Para Francisco "Hay llanto de por medio y también una pregunta entrañable: “¿Aún vive mi padre?”, la pregunta que José hace a sus hermanos.

Francisco recuerda al rabino Skorka que aquella escena fue colocada allí en el frontispicio de la catedral bonaerense, como el “anhelo de encuentro de los argentinos”, ya que la escena “apunta al trabajo por instaurar una “cultura del encuentro”.

Y ahí el Papa dice: “Varias veces aludí a la dificultad que los argentinos (en primera persona) tenemos para consolidar esa cultura del encuentro”.

Y al dolor: “Más bien parece que nos seducen la dispersión y los abismos que la historia ha creado. Por momentos llegamos a identificarnos más con los constructores de murallas que con los de puentes”, escribe.

¿Qué les falta según pues a los argentinos? se interroga el papa Francisco que se coloca siempre como uno más de ellos asumiendo su propia responsabilidad.



“Faltan el abrazo, el llanto y la pregunta por el padre, por el patrimonio, por las raíces de la Patria. Hay carencia de diálogo”.

Y -socrático- vuelve a preguntar: “¿es verdad que los argentinos no queremos dialogar?”.

Para Francisco el problema de los argentinos es que“sucumbimos víctimas de actitudes que no nos permiten dialogar, como la prepotencia, no saber escuchar, la crispación del lenguaje comunicativo, la descalificación previa y tantas otras” afirma.

Y aprovecha el Papa para exponer no sólo a sus conciudadanos, sino esta vez a todos nosotros, lo que para él debe ser el diálogo: “una actitud de respeto hacia otra persona, de un convencimiento de que el otro tiene algo bueno que decir; supone hacer lugar en nuestro corazón a su punto de vista, a su opinión y a su propuesta”.

“Dialogar entraña una acogida cordial y no una condena previa. Para dialogar hay que bajar las defensas, abrir las puertas de casa y ofrecer calidez humana”.

Francisco en su prólogo, comentando el tema del diálogo quiso exponer también“las barreras que en lo cotidiano impiden ese diálogo” franco y respetuoso.

Esas barreras son, según él “la desinformación, el chisme, el prejuicio y la difamación”. Todas esas barreras -dice Francisco- “conforman un cierto amarillismo cultural que ahoga toda apertura hacia los demás. Y así se traban el diálogo y el encuentro”.

Francisco no pierde sin embargo la esperanza y recuerda a sus compatriotas que el “frontispicio de la Catedral está allí, como una invitación”, al encuentro y al diálogo entre todos los argentinos.



viernes, 14 de junio de 2013

Desafios II: Renunciar a la prepotencia.

 por Alejandro Lodi

(Mayo 2013)



Prepotencia: poder superior al de otros o gran poder… Abuso o alarde de poder. (Diccionario Enciclopédico Vox. Larousse Editorial).

Este artículo trata sobre nuestra prepotencia argentina.

Nos gusta la prepotencia. Disciplinar. Obligar al otro. Exigir fidelidad a una autoridad suprema. Benéfica, como un padre adorado. O una madre. Como padres ejemplares, los líderes no pueden ser criticados, sino venerados. Incondicionalmente, sin observaciones. (El poder otorgado al líder es proyección del anhelo de poder personal de nosotros, sus seguidores. El afecto otorgado al líder es proyección de la necesidad de afecto personal de nosotros, sus seguidores. Líderes buenos, a diferencia de líderes malos. Padres que nos quieren, a diferencia de padres que no nos quieren).

Nos gusta la verticalidad. La actitud marcial ante la vida. Militar. Andar parando a gritos. Que el todo se subordine a una parte. Que una facción ordene a todos. Nos gusta festejar el padecimiento de otros. Antes que guardar piadoso silencio, celebrar ante sus miradas dolientes. Reír en sus caras. Cargarlos. Y creemos que esa carga no tendrá consecuencias. Hacer callar, no dar espacio, someter a silencio. Es excitante. Produce una atracción irresistible. Adictiva. Nos gusta negarle existencia al otro. “No existís”. Negarles humanidad a los que sentimos diferentes. “No son humanos. Son bestias”. Quisiéramos que eso ocurra. Que se vayan todos. Que no estén más. Que desaparezcan.

Un ideal de exclusión. Un país de nosotros y no de ellos. Sin ellos. O con ellos sometidos a vivir como nosotros queremos. La exclusión justificada por nobles motivos, dignas aspiraciones nacionales, patrióticos intereses, revolucionarias necesidades. El disfrute de algunos presentado como la fiesta de todos. Apropiarse de lo comunitario en beneficio de lo particular. De lo colectivo a favor de lo privado. Apoderarse de valores compartidos para presentarlos como atributos personales exclusivos.

¿Qué condición se requiere para justificar estas conductas? El patrón arquetípico más básico: el otro debe ser un enemigo. El vínculo debe ser “él o yo”. Un vínculo bélico. Y, para eso, en mí debe sintetizarse el absoluto bien y en el otro el absoluto mal. Yo debo encarnar la vida y el otro la muerte. Yo el amor y el otro el odio. Yo la patria y el otro el extranjero. Yo la dignidad y el otro el sometimiento. Yo los valores sagrados y el otro la subversión. Yo la humanidad y el otro la barbarie.

En ese imaginario, la capacidad de comprensión e inclusión se reduce a niveles de escasez patológica. Comprender e incluir es antídoto del autoritarismo y la megalomanía. Como la compasión lo es de la crueldad. Nos alejamos con increíble facilidad de esos talentos redentores. Nos encanta el vértigo de lo opuesto. Sintiendo que somos si confrontamos. Allí creemos estar vivos. Excitados en el desprecio del otro nos creemos vitales. Crueles nos creemos justos.

(...)

Por fortuna, desde hace 30 años nos mantenemos comprometidos con el sistema que más posibilidades parece permitir para disolver aquel encantador imaginario excluyente: una democracia republicana, sostenida en el reparto y articulación del poder en tres estamentos institucionales (ejecutivo, legislativo y judicial). Esa forma de significar la representación popular conjura el riesgo autocrático de otorgar la suma del poder público a una sola persona consagrándola como supremo gobernante, supremo legislador y supremo juez. Difícil imaginar qué otro sistema ofrecería mejores condiciones para madurar la convivencia.

¿Nos imaginamos siendo capaces, como comunidad, de comprometernos con un “propósito de exclusión cero”? ¿Nos imaginamos compartiendo una visión incluyente? ¿Nos imaginamos aceptando resignar la fascinante atracción por la conquista del control exclusivo del poder a favor de que circule del modo más libre (y, por lo tanto, más creativo) posible, con las mayores garantías individuales de derecho y las menores arbitrariedades de desigualdad que sepamos contener? La revelación del Ascendente en Libra es directamente proporcional al agotamiento de ese hechizo de concentración mesiánica del poder. El talento incluyente de Júpiter en casa I modulando su propia inercia a la autoexaltación.

Argentina necesita una constelación familiar.

Desafíos I: Renunciar a Justificar la muerte.


por Alejandro Lodi

(septiembre 2012)



… Nuestra fascinante atracción por los absolutos, la excitación por la sensación de poder que proveen las convicciones cerradas, la necesidad de creer en “ismos”, hace que resulte todo un desafío de coraje responder a la sensibilidad compasiva. Los tiempos de XII son oportunos para abrir esa dimensión sensible, pero al hacerlo será inevitable tomar conciencia de supuestos que la bloquean y que están vivos en nuestro inconsciente colectivo.

Ser transversales en el dolor aparece como una necesidad en determinado momento del proceso de la propia herida. La crueldad de la última dictadura y el horror de sus consecuencias están siendo saldadas en la justicia. Y en tiempos de XII hemos asistido al reconocimiento público de Videla de que aquellas acciones que condujo fueron delitos. Y es crucial no convertir a esos militares en chivos expiatorios que purgan culpas que, en verdad, pesan en la conciencia de la sociedad. La aparición de esa oscura purificación, la orden de “exterminar el accionar subversivo”, fue la respuesta de una sociedad con miedo, polarizada en las creencias cerradas del fundamentalismo del orden. En ese miedo, matar deliberadamente a otro ser humano aparece justificado. Sin embargo, lo más difícil es aceptar que la voluntad de aquella juventud idealista de los ´70 también estaba gobernada por un fundamentalismo revolucionario que cobijaba la oscura fascinación de la muerte purificadora. El desafío de compasión que sugiere ser transversales en el dolor exige reconocer la justificación de la muerte que implican los ideales que alimentaron la violencia política de los ´70. Esos ideales de un mundo nuevo que rescate el valor de la vida y que repare el sufrimiento humano, en verdad, también expresaron un desprecio por la vida y generaron más sufrimiento. Y esta es una paradoja muy dolorosa de asumir conscientemente.

Cada muerte tiene un nombre, una historia. Cada muerte ha marcado muchas vidas. Cada muerte invita a la compasión, a la valentía de renunciar a todo intento de justificarla. Algunas voces han surgido en esta dirección. Cuentan con el valor de la autoridad de haber vivido y sufrido los hechos. Durante los 2000, Oscar Del Barco -filósofo y militante revolucionario en los ´70- hizo oír su voz:

“…Ningun justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano…”.

Y en 2012, Norma Morandini, hermana de dos desaparecidos, escribe en su libro “De la culpa al perdón”:

“…Si los años setenta no pueden reducirse sólo a la lógica de la violencia, tampoco pueden glorificarse. El relato que seamos capaces de forjar no puede ser prisionero de la mentira ni del oportunismo político, que se asemeja mucho a la falsificación histórica. Restan las razones más hondas, encuadradas como dilemas morales. Ningún fin, ningún ideal, puede servir como atenuante para eludir las responsabilidades que cada uno pudo tener en la tragedia colectiva. Cuánto más si se causó de manera intencional el sufrimiento de otros. O la muerte, tan exaltada como valor en la cultura revolucionaria…”.

Esa desvalorización de la vida, esa subordinación de la vida a otros valores (nacionalistas, económicos, religiosos, revolucionarios, etc.), esa indiferencia al dolor ajeno en virtud al apego a imágenes idealizadas (más egoístas o más solidarias), recorre nuestra historia, con variedad de matices ideológicos, políticos o de clase. Y parece que requerimos llegar a situaciones de gravedad trágica para registrarlas conscientemente. Como si fuera necesario llegar a extremos de catástrofe para adquirir sentido de realidad. Fue necesaria la experiencia extrema de la guerra de Malvinas para ver la sombra del poder militar, fue necesario el martirio del soldado Carrasco para ver el sometimiento y los abusos del servicio militar obligatorio, fue necesaria la tragedia de Cromagnon para ver la inconsciencia de prender bengalas en lugares cerrados y la laxitud de los controles legales. Y hoy es necesario sentirnos víctimas de la más irracional delincuencia para ver el grado de exclusión, marginalidad y descomposición social al que parecen condenados millones de nosotros.

Lejos de la compasión, allí somos capaces de rozar la impiedad. De desear el sufrimiento del otro. De disfrutar con su padecimiento. Desde el “viva el cáncer” que alguien pintó en una pared mientras Eva Duarte agonizaba, pasando por la perversa campaña de autoadhesivos con la inscripción “los argentinos somos derechos y humanos” lanzada en un momento de secuestros y desapariciones de personas, hasta llegar a la sórdida humorada de llamar “operación Traviata” al asesinato de Rucci o de ofrecer la “tabla de fiambres Pedro Eugenio” en un progresista restaurante temático de Palermo…

(Fragmento de “Gira democrática y misteriosa – quinta parte”).

http://alejandrolodi.wordpress.com/2012/10/01/renunciar-a-justificar-la-muerte/

viernes, 2 de septiembre de 2011

DISCUTIENDO DE POLITICA CON EL CORAZON

por Raquel Alvarez

¿Puedo, sin ser política ni socióloga, escribir una nota sobre política y sociedad? Nunca me lo planteé, solo sé que quiero compartir un manojo de deseos, entusiasmos, broncas, proyecciones, recuerdos, esperanzas y miedos que son, ahora que lo pienso, la materia prima de la política y de la sociedad. Soy visceral y razonable a la vez, imagino entonces que esta nota fluctuará entre ambos estados; no quiero disimular mi postura ni tampoco simular erudición. Soy oficialista, lo digo porque no quiero que lo deduzcan, pero no escribo para congraciarme con los que piensan como yo ni para convencer a los opositores. Solo quiero contar lo que siento, quiero hacer de esta nota una operación a corazón abierto.
Parte de mi infancia la pasé en los peores años de nuestra historia, la dictadura. La adolescencia la viví con una democracia nueva y a veces enclenque. Me crié en una familia llena de amor y de compromiso político, sin embargo yo dormité aquellos primeros años en un desinterés crónico: si el cielorraso de mi escuela estaba por caerse, a mí no me importaba y jamás se me hubiera ocurrido participar de un reclamo estudiantil. Siguió mi juventud en los años noventa, que hicieron de mí (y de millones) un híbrido quejoso y sin iniciativa social alguna: denosté el menemato pero jamás moví un dedo por cambiar algo, creía que mi responsabilidad estaba sólo con el voto. Pude haber sido mejor ciudadana, por supuesto, pero no puedo culparme de haber caído bajo el cachetazo de indiferencia y silencio que nos dejó la dictadura como fatídico efecto residual.
Hoy no creo ser otra persona, simplemente soy una versión de mí misma aggiornada: solo pulí aquello que en mí era opaco, aquello que pugnaba por brillar. Aquello que se hereda con los genes o que se aprende a costa de buenas influencias.
Vivo en un país extraño, abrumador, desastroso y maravilloso a la vez; criada en la escuela que me enseño que teníamos los 4 climas, que éramos el granero del mundo y que San Martín cruzó Los Andes en un brioso caballo blanco. El cambio climático esta rescribiendo la historia del planeta, el súper granero no mata el hambre ni de la provincia de Buenos Aires (así que del mundo olvidate) y la mula de San Martín pugna por tener su merecido reconocimiento. Un país lleno de diferencias devenidas a veces en odios, sectores de la Argentina enfrentados desde hace mas de 200 años en una batalla sorda que a nadie parecía espantar; pero ahora que las diferencias están sobre la mesa, muchos se horrorizan pensando que son nuevas, que se trata de  odios calculadamente creados desde hace solo 4 años.
Quiero entender el pasado, quiero tenerlo siempre de consejero para que los males del presente no me resulten nuevos y extraños. Quiero que se noten, mas que nunca, los defectos crónicos de nuestra sociedad para poder aspirar a una cura, y evitar una muerte silenciosa que no pudimos batallar porque no había síntomas. No voy a caer en la trampa de los que dicen que hay que olvidar, que eso es estancarse. Avanzar por un camino que desaparece detrás nuestro no es avanzar, sino escapar. Yo aspiro a mucho mas que respirar y llegar a fin de mes, porque soy positiva y constructiva, a pesar de no olvidar.
Hoy me siento alerta, a veces vibro de alegría y otras veces tiemblo de rabia, pero me rozó hace algunos años la epifanía de sentirme codo a codo con la gente que busca otra cosa, y eso te marca para siempre.
Vivo la hermosa sensación de sentir que este ES el momento, y que yo estoy aquí no solo para verlo, sino también para construirlo. Estoy aquí para defender lo que creo justo y también para alertar sobre lo que no comparto, aunque provenga del modelo que apoyo.
Tengo muy claro lo que no quiero: no quiero deambular otra vez en la indiferencia política, con la remanida excusa del ‘’para qué, si son todos iguales, si siempre es lo mismo’’. Hoy, en mi madurez, no me puedo dar el lujo de ser indiferente, como si fuera una púber que todavía no entiende nada, ya estoy grande para eso.
No quiero ser participe de la gente que se dice apolítica, gente que sin embargo vota y opina, como si eso no fuera hacer política. No quiero estar en el rebaño que se mira el ombligo, que supone que no hace política pero en cada mínima acción cotidiana que desarrolla hay una declaración de sus miedos y odios.
Nunca más quiero decir negros de mierda, nunca más quiero decir ‘’bolita volvete a tu país’’. No quiero vivir quejándome de la inseguridad si no me va a importar el origen de la inseguridad, si no me va a importar que formé (y formo) parte de un sistema que dejó (y deja) a muchos sectores afuera; pero ahora resulta que no nos bancamos que parte de esos excluídos anden por la calle ciegos de paco, desesperación y rabia.
No quiero ser víctima ni del ladrón que me pega un tiro para sacarme la cartera, ni del ‘’buen’’ ciudadano que cierra las ventanas de su casa para no ayudar, por miedo, a la mina a la cual están asaltando en la calle, o de aquel que se recluye en su country pensando tontamente que su vida puede girar en un sentido diferente al planeta de los que viven afuera de sus rejas.
No quiero que el miedo me habilite a pedir cualquier barbaridad, solo por el hecho de sentirme segura.
Vivo en un país que sigue creyendo cándidamente en la existencia de la clase media: esa columna vertebral que atravesó decenas de generaciones convenciéndonos de que ‘’estabámos para más’’ y que cuando nos empezamos a derrumbar caímos en los peores vicios y conceptos, apartándonos de aquel al que le va peor que a uno y suponiendo que los ricos nos van a rescatar ‘’porque somos clase media, che!’’. Esperando con la histórica promesa de que cuando se rebalsa la copa de los ricos, la riqueza se derrama hacia los pobres, hasta que llegamos al presente y nos damos cuenta que la copa de los ricos jamás rebalsará porque nunca esta satisfecha.
No quiero que me tilden de oportunista aquellos que dicen que mi política se ‘’adueñó’’ del tema derechos humanos para usarlos en beneficio propio. No quiero que esos a los cuales jamás les importaron los derechos humanos ni los pusieron en la agenda del país, ahora gimoteen en la televisión y en los diarios diciendo que no los dejan entrar al debate.
No quiero que se tenga que morir nadie más para que las cámaras de tv enfoquen, anonadadas, a esa marea de gente triste y dolorida que según los medios no existía, pero allí estaban: llorando a alguien que según los noticieros era odiado.
Y basta de decir no quiero! Ahora les cuento lo que quiero: quiero sentir el orgullo de disfrutar del progreso de quienes más lo necesitan, quiero que por una vez en la historia de la Argentina sean otros los beneficiados y no sólo mis seguridades y necesidades.
Quiero votar ‘’a favor de’’ y no ‘’en contra de’’. Quiero por fin en mi vida apostar e ilusionarme, sentir que estoy ante el embrión de un cambio, y que puedo ayudar a que nazca otra sociedad. Quiero ser la que no tiene que esconder a quien votó porque le da vergüenza: al ser humano le cuesta mucho más justificar las cosas que defiende que las que ataca, y yo quiero decir libremente lo que creo, siento y pienso sin que me tilden de oportunista, de vendida o de tonta. Soy la dueña de mis aciertos y de mis errores y no quiero nunca mas tener que justificar lo que pienso porque ‘’como puede ser que una chica tan inteligente y buena mina como vos hoy este apoyando esto’’.
Sé que mucha gente piensa como yo, no soy una iluminada, tampoco la idea es que hagamos todos lo mismo y pensemos igual: pero hay algo que tiene que ver con el don de gente, con la calidad de persona, con el desdén por el egoísmo que tenemos que aprender y practicar urgentemente, mas allá de a quien votemos. Y no cruzarnos de brazos después de octubre porque ‘’total ya está’’: ni los victoriosos ni los derrotados se pueden dar ese lujo. Hay que ir por más, tenemos que tener sed de superarnos y de ser mejores personas, y si en el medio de ese trance pudimos cambiar el auto o irnos al Caribe, pues mejor, pero que lo material no sea la medida de nuestros sentimientos.
Este es mi estado de ánimo hoy, y sospecho que este ánimo vino para quedarse. Ya no sé si este torrente de palabras es un análisis, una nota o una confesión, pero es lo que tengo para ofrecer: Raquel Alvarez en estado puro. Si no pudiera gritar mi honestidad ideológica y mis motivos verdaderos, entonces no valdría la pena haber despertado del coma de los años 90.
Para leer los más de 300 comentarios a este artículo, clikeá ACÄ

miércoles, 8 de junio de 2011

HAGAMOS NUESTRA PROPIA HISTORIA





¿Estamos hoy los argentinos y argentinas haciendo nuestra propia historia? ¿O seguimos siendo hombres y mujeres a los que la historia les pasa como si fueran objetos inermes incapaces de producir algo nuevo? Alguien dijo alguna vez que en épocas de cambio, crisis y transformaciones los hombres recurren a tomar su poesía del pasado en lugar de inventar la poesía de su presente y futuro. Quizás habría que dejar, aunque sea por un momento de dejar de pensar tanto en el pasado y ponerse a pensar qué hacemos con nuestro presente.... (leer más) por  LUIS GARCIA FANLO - Sociólogo 



martes, 31 de mayo de 2011

Ciudadanos en estado de "estrés post traumático"

EL BALANCE de CQC a 25 años de DEMOCRACIA


El video comienza con una enumeración de tipo Memorabilia del año 83, lo cuál sirve para sintonizar con la época, y va orientando al televidente mediante el "humor" a ubicarse en la lógica de lo que "ha cambiado o no ha cambiado desde el año 83". 


La segunda parte del informe (luego del caldeamiento previo del televidente, ubicado en tiempo, espacio y memoria emotiva a traves del humor, introduce el acápite: "Las frases de la democracia", que culmina con la pregunta -que entiendo está bueno mantengamos vigente-: Podemos hacer la democracia un poquito MEJOR (cada vez mejor)?




La velocidad con que transcurren las imágenes que remiten a distintas evocaciones en el informe, transcurre de manera tan vertiginosa -o así me parece a mí- cuando lo veo, que cada cosa me resulta impactante, y los contenidos se me van "atragantando" lo cual me da la sensación de que bloqueara mi "procesamiento" y mi capacidad de pensar. El bloqueo al procesar contenidos de la vida, se produce tanto al momento de vivenciar las situaciones conflictivas o traumáticas, como al momento de evocarlas. En el presente el tiempo subjetivo parece ir cada vez más rápido, y los eventos también. Se produce un círculo de retroalimentación negativa, entre lo que sucede en tanto traumático, y la velocidad con la que se siguen sucediendo nuevos eventos que no se terminan de "digerir".


¿Podría decirse que a nivel colectivo, en tanto pertecientes a una misma sociedad y cultura, y en la medida en que venimos atravesando desde allá lejos y hace tiempo muchos sucesos traumáticos de distinta índole, los argentinos estamos padeciendo en alguna medida, en algún plano de nuestra existencia como ciudadanos, un cuadro de estrés post-traumático?


Veamos la descripción que hace de este Trastorno el DMS-IV:




Criterios para el diagnóstico de
Trastorno por estrés postraumático


A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido 1 y 2:
1. la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás.
2. la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. Nota: En los niños estas respuestas pueden expresarse en comportamientos desestructurados o agitados
B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas:
1. recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: En los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma
2. sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: En los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible
3. el individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). Nota: Los niños pequeños pueden reescenificar el acontecimiento traumático específico
4. malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático
5. respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático
C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
1. esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático
2. esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma
3. incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma
4. reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas
5. sensación de desapego o enajenación frente a los demás
6. restricción de la vida afectiva (p. ej., incapacidad para tener sentimientos de amor)
7. sensación de un futuro desolador (p. ej., no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal)
D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (arousal) (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:
1. dificultades para conciliar o mantener el sueño
2. irritabilidad o ataques de ira
3. dificultades para concentrarse
4. hipervigilancia
5. respuestas exageradas de sobresalto
E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de 1 mes.
F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
Especificar si:
Agudo: si los síntomas duran menos de 3 meses
Crónico: si los síntomas duran 3 meses o más.
Especificar si:
De inicio demorado: entre el acontecimiento traumático y el inicio de los síntomas han pasado como mínimo 6 meses.




El oxímoron entre lo más bajo y lo más alto de las representaciones que insisten como predominantes en la construcción de la identidad argentina (unión de lo mas excelso y valorado con lo más disfuncional y descalificado) podrían ser consecuencia en parte del estrés post traumático.


Desde cuando arrastramos estás imágenes contradictorais acerca de nuestra nacionalidad ?


En oportunidad de la conmemoración del quinto centenario del descubrimiento de América, se produjeron muchas reflexiones en torno al impacto del choque de culturas que aún afectaría el desarrollo de los países latinoamericanos y la consolidación de identidades nacionales "más auténticas" como así tambien de la estabilización y madurez de los procesos democráticos. 


Uno de los obstáculos que más parece insistir por doquier es la cuestión de los dualismos aparentemente irresolubles que nos conducen a impasses sistemáticos en tantos niveles: una de las hipótesis es que la primer situación traumática en el corazón del nudo de los dualismos que nos tienen atrapados ha sido el choque de culturas del nuevo y el viejo mundo.



Volviendo al tema del oxímoron y el tema de la identidad argentina: Un oxímoron es una figura retórica que permite ir más allá de una simple contradicción a través de una metáfora para producir una suerte de síntesis aparentemente imposible desde el punto de vista racional, pero que da cuenta de un nivel de realidad y posibilidad que tiene que ver con lo más altamente individual y creativo (siempre y cuando los polos, se integren creativamente, es decir, logren ir más allá de la lucha de opuestos). 



EL LABERINTO
poema de Jorge Luis Borges


Zeus no podría desatar las redes

de piedra que me cercan. He olvidado

los hombres que antes fui; sigo el odiado

camino de monótonas paredes

que es mi destino. Rectas galerías

que se curvan en círculos secretos

al cabo de los años. Parapetos

que ha agrietado la usura de los días.

En el pálido polvo he descifrado

rastros que temo. El aire me ha traído

en las cóncavas tardes un bramido

o el eco de un bramido desolador.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojala fuera
éste el último día de la espera.



Jorge Luis Borges vivió fascinado por los laberintos... El laberinto borgeano es un sincretismo de lo apocalíptico (maraña caótica sin sentido) y de una profunda esperanza (la eventual revelación de la palabra). El laberinto borgeano simboliza el proceso transformador de la experiencia humana donde el viajero constantemente se enfrenta a la destrucción, pero tambien a la creación de sí mismo. 



Pero entre todos los posibles laberintos, el que mas fascinó a Borges fue el laberinto del tiempo.
Soy el que pese a tan ilustres modos
De errar no ha descifrado el laberinto
Singular y plural, arduo y distinto
Del tiempo que es de uno y es de
Todos. Soy el que es nadie el que no fue una espada
En la guerra, soy eco, olvido, nada.


Jorge Luis Borges, Soy 




Apéndice de lectura acerca del Quinto Centenario:
UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO Facultad de Humanidades y Artes
(Argentina) Jornada de Reflexiones sobre el V Centenario del Descubriemiento de América