Mostrando entradas con la etiqueta PSICOANALISIS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PSICOANALISIS. Mostrar todas las entradas

viernes, 9 de octubre de 2015

El discurso racista de invisibilización de los afroargentinos


 
Editorial de Revista Topía n°74 Agosto/2015


Había transcurrido más de media hora de la entrevista y María seguía muy confusa. Lo único que aparecía con claridad era su motivo de consulta: “Tengo mucho miedo de tener hijos.” Estaba casada hacía 5 años. Sentía un gran amor por su marido, pero desde hacía 2 años, cuando decidieron que quedara embarazada, comenzó a evitar las relaciones sexuales. Aún más, las tenía durante el período en que no era posible el embarazo. Igual estaba con miedo de que ese recurso fallara. La sensación que trasmitía era de pánico. No había más datos, ya que sus silencios se prolongaban durante varios minutos. Hasta que, con mucha angustia dice: “Mi familia de origen desciende de afroargentinos que vivieron en la época de la colonia. Luego todos se casaron con blancos; todos los que conozco de mi familia son blancos, pero en mi cuerpo siguen estando los genes de mis orígenes. No soy racista, pero ¿qué hago si tengo un hijo negro? Sé que esto es casi imposible. Pero pensar que esa mínima posibilidad pueda ocurrir, me da pánico. No lo puedo soportar.”
Debo decir que el relato me sorprendió. Que alguien me dijera que era descendiente de afroargentinos no era una circunstancia que habitualmente hubiera escuchado. Sin embargo, trabajar con los prejuicios de la paciente me llevaron a conocer una historia borrada por la historia oficial.

La sombra del sujeto
La palabra “discriminación” proviene del latín y significa “separar”, “distinguir”, “diferenciar una cosa de otra”. En este sentido es un acto necesario en la vida del sujeto. En el nacimiento el bebé se separa del cuerpo de la madre, la cual representa la unión, la ilusión de haber sido “Uno”, de ser “completo”. Sus efectos quedan en lo que llamo los factores estructurantes primarios: narcisismo primario, angustia primaria, autoerotismo, odio primario y funcionamiento desde el principio de displacer-placer. A partir de allí el Primer otro constituye un espacio-soporte imaginario, afectivo, libidinal y simbólico que permite pasar del yo primitivo al yo-soporte del interjuego de la pulsiones vida, Eros y las pulsiones de muerte. Luego, la castración edípica instala la alteridad donde se reconoce al otro como otro diferente. Es decir, se discrimina lo “Uno” del otro que representa en el imaginario lo que no se tiene y que jamás se tendrá: la ilusión de la totalidad perdida. Este proceso necesario se realiza con tensiones en tanto se ponen en juego las identificaciones primarias y aquellas que el sujeto va logrando a lo largo de la vida.1 Es aquí donde el sujeto se encuentra con una sombra en lo más íntimo que, como dice Freud, “es algo que asusta, ya que pertenece al lado oscuro de nuestra personalidad y que poca gente se atreve a admitir con sinceridad semejante clase de sentimiento.” La negación de esa sombra que alberga los factores estructurantes primarios se proyecta en el otro que se transforma en lo sucio, lo malo, lo siniestro, lo diabólico; es decir, lo opuesto a aquello que el sujeto cree que únicamente es. De esta manera lo que no se quiere ser se lo niega proyectándolo en el otro. Su exclusión es una negación de lo que se rechaza donde la discriminación se sostiene en la violencia para negar la alteridad. Por ello el problema de la discriminación no radica en la diferencia, sino en el resentimiento y la violencia que produce el otro en tanto nos representa la castración, la ilusión de la perfección perdida. Esta violencia es un intento de reforzar una unidad en tanto se proyecta en el otro lo que se teme de uno mismo, ya que sostiene la negación de la identidad de aquel atributo que es rechazado en la intimidad del sujeto y desvalorizado o condenado por la cultura.
Cuando nos preguntamos: ¿Qué se discrimina? tenemos que dar cuenta de paradigmas que gobernaron diferentes épocas de nuestra historia. El argumento más utilizado en todos los tiempos fue: para garantizar la pureza racial, excluyendo a los pobres, los ancianos, los negros, las mujeres, los homosexuales, los discapacitados, los gitanos, los extranjeros. En Occidente el paradigma lo podemos encontrar en el nazismo y la Inquisición de la Iglesia Católica. En la actualidad persisten estas formas de discriminación donde en cada sociedad vamos a encontrar sus propias características.

Los afroargentinos

Acusar a un negro por error es una alegría permitida que nadie va a andar cuestionando si hay un mínimo de razón para matarlos. Es un asunto de higiene.
Fiebre Negra de Miguel Rosenzvit2

El ingreso sistemático de africanos transportados como esclavos al puerto de Buenos Aires comenzó en 1580. La mayoría provenía de Senegal, Gambia, Sierra Leona, Ghana y Angola.3 Víctimas del hacinamiento, el hambre, la tortura y las enfermedades, los que sobrevivían cuando llegaban eran encerrados en galpones de la zona de Retiro para ser vendidos. La esclavitud era un fenómeno urbano ya que se compraban esclavos para servir a las tareas del hogar y obtener ganancias por medio de su explotación. Muchas familias vivían de sus trabajos como artesanos al vender sus productos en las calles.
El sistema esclavista estaba ligado a los comerciantes porteños unitarios muy fuertes durante la Colonia y en los primeros años de la Independencia.4 El partido federal de los saladeros bonaerenses de Rosas, Anchorena y Ezcurra tampoco tenían ideas abolicionistas. Los esclavos eran utilizados como siervos en la campaña de Buenos Aires por los hacendados y los representantes eclesiásticos. Según el censo de 1778 en Buenos Aires el 30% de la población era negra, en Santiago del Estero el 54%, en Catamarca el 52%, en Salta el 46%, en Córdoba el 44% y en Tucumán el 42%. Es decir, la población de personas negras era muy importante.
¿Sería eso nacer liberto? ¿Poder llorar a grito pelado y en la mismísima puerta del cuarto de la patrona? Azucena había nacido bien esclava, una década atrás, y Julia, la menor, de siete años, le había errado a la Asamblea del XIII apenas por un mes.5
En la Asamblea Constituyente de 1813 se otorgó la “libertad de vientres”, que establecía la libertad de los niños negros por nacer, pero los otros continuaron bajo diferentes formas de servidumbre. Debimos esperar 43 años para que recién en la Constitución Nacional de 1853 se declarara el fin de la esclavitud.
La estructura social del Río de la Plata era similar a la de otros países de América Latina: se fundaba en el racismo. El español consideraba nobles a aquellas personas que no tenían entre sus ascendientes a moros, judíos y negros. Para obtener un cargo público debía constar en su árbol genealógico la ausencia de “mala sangre” por tres generaciones.
Ahora bien la pregunta que se impone es ¿Qué pasó con esa significativa población negra?
En primer lugar debemos señalar que los africanos y afroargentinos participaron activamente en la lucha por la Independencia. Luego de cinco años en el ejército se les ofrecía la libertad. Situación que casi nunca sucedía ya que los mataban antes. Durante la Invasiones Inglesas las compañías de Pardos y Morenos tuvieron una destacada participación en la defensa de Buenos Aires. Cuando San Martín se hace cargo del ejercito del norte de los 1200 hombres, 800 eran negros. De los 2500 soldados negros que iniciaron el cruce los Andes solo regresaron 143. Sin embargo, el enfrentamiento que más vidas de afroargentinos se cobró fue la cruenta guerra con el Paraguay durante 1865-1870. Los batallones argentinos estaban compuestos por soldados negros que fueron mermados durante la lucha. Un año después, en 1871, se desata la epidemia de fiebre amarilla. Los barrios más castigados fueron los habitados por negros en el sur de la ciudad. Eran barrios desprovistos de higiene y de toda organización sanitaria. Mientras los blancos se mudaron y crearon la Zona Norte de la ciudad, el ejército rodeó toda la zona y no les permitió emigrar. Los negros quedaron encerrados en sus barrios donde murieron masivamente y fueron sepultados en fosas comunes.6
...hasta donde puede llegar la mentira. -¿La mentira oficial, decís? -Claro. Por ejemplo, ese cuento de la esclavitud benévola. Puede ser que les tuvieran cariño. A los caballos también les tenían cariño. Pero si los tenían que carnear, los carneaban y si los tenían que dejar tirados en una posta, los dejaban tirados en una posta. Mira, te voy a contar una anécdota de mi familia, quizá ya la leíste porque es bastante conocida. -Contame, contame, ¿de tu familia? -Si, tatarabuela, o tataratatarabuela, no se bien. Había quedado viuda porque a su esposo lo habían matado en las invasiones inglesas. En las primeras. El caso es que tenía tres hijos de cinco, cuatro y tres años. Los amos tenían un solo hijo también de tres años. Los dos más chiquitos, el negro y el blanco, se enfermaron de hepatitis y murieron el mismo día. En ese entonces, aunque no lo creas, cuando un nene menor de siete años se moría, se hacía una fiesta, porque se decía que iba directamente al paraíso. Se lo disfrazaba de ángel y se lo velaba toda la noche. Bueno, los velaron juntos. Al blanco lo disfrazaron de ángel y ¿el negrito? -No- dije. No quería adivinar. -Sí- movió la cabeza con acentuada lentitud. -De demonio.
-Macabro. -La madre trató de quitarle el disfraz, pero la agarraron entre los presentes y no la dejaron llegar. Como insistió y estaba arruinando la fiesta, la azotaron. Igual siguió llorando y gritando por la maldición que le echaban sobre su hijo. Y cuando más lloraba, más la azotaban-. Eva me miró sin poder evitar un poco de resentimiento. Pero no iba dirigido a mi persona. -No existe la esclavitud benévola-. Concluyó. -Esas son dos palabras que se repelen entre sí.7

Otras circunstancias que son necesarias destacar refieren a que en esta sociedad racista la movilidad social del negro era prácticamente imposible. Si bien sus condiciones eran mejores que las de los regímenes esclavistas donde la explotación se basaba en las plantaciones, sus condiciones de vida eran lamentables. La mortalidad de los recién nacidos duplicaba la de los blancos. Además, la natalidad era muy baja, pues los amos evitaban el casamiento de un esclavo al igual que el embarazo de una esclava, ya que les impedía prestar los servicios por los que fueron comprados. Era más económico reemplazar con nuevas importaciones de esclavos la escasez de nacimientos y la gran cantidad de muertos. Un hecho importante fue que la fecundidad de las mujeres negras era muy baja ya que, como una forma de resistencia, no querían tener hijos debido a la miserable situación en que se encontraban.
A fines del Siglo XIX y principios del XX la gran inmigración Europea fue reemplazando los oficios que tenían los pocos negros que aún quedaban. Sin embargo, los negros nunca desaparecieron como se ha escrito y se sigue contando. Hay un ocultamiento intencional, como veremos más delante, de sus aportes a la historia, la cultura y de sus descendientes.
La población negra se organizaba en “Naciones” conservando sus denominaciones, sus ritos, sus costumbres y sus lenguas africanas.8 Esta resistencia cultural adquirió la forma de periódicos y revistas que suscitaban grandes rivalidades. La más significativa fue “El proletario” fundada en 1858 por el intelectual negro Lucas Fernández. Esta expresaba “los intereses de clase”, los de la “clase de color” en la necesidad de fundar un movimiento de “democracia negra.”9 En estas publicaciones se debatía acerca de su vida social y cultural donde la poesía era un elemento importante. Esta profusa actividad de los afroargentinos fue disminuyendo aunque la podemos encontrar en muchas palabras de nuestro lenguaje y en los orígenes del tango.10 Pero es en la historia oficial donde se impone el mito de la Argentina como un país conformado por habitantes de raza blanca donde ya no solo quedan afuera las poblaciones originarias, sino la importante población negra.11 Cuando en 1996 el entonces presidente Menem viajó a EEUU le preguntaron sobre los negros en nuestros país. Su respuesta fue contundente: “En la Argentina no llegaron los negros porque nosotros abolimos la esclavitud en 1813. No existen los negros. Ese problema lo tiene Brasil.”12

La creación de un mito racista

A los blancos hizo Dios / a los mulatos San Pedro / y a los negros hizo el diablo / para tizón del infierno.
Payada que aparece en el Martín Fierro de José Hernández

Michel Foucault plantea que “el discurso racista no fue otra cosa que la inversión, hacia fines del siglo XIX, del discurso de la guerra de razas, o un retomar de este secular discurso en términos sociobiológicos, esencialmente con fines de conservadurismo social y, al menos en algunos casos, de dominación colonial.”13 En este sentido el predominio de las ideas positivistas en el siglo XIX daban una fundamentación “científica” al racismo. La división de las razas en superiores (blancos) e inferiores (negros, indígenas, judíos, orientales, moros, etc.) era considerada algo propio de la naturaleza. Esto llevó a que el poder representado por la generación del ´80 (Roca, Mitre, Alberdi, Sarmiento) impone una política conservadora basada en la idea de una Argentina compuesta por una población homogénea de raza blanca diferente del resto de Latinoamérica. Por ello esta invisibilización de los negros y las poblaciones originarias en la Argentina se encuentra en la historia oficial. En los manuales, la historia de los negros finaliza con la abolición de la esclavitud. En las iconografías se ven negros hasta la época de la independencia; generalmente vendiendo muy alegres sus productos, claro, sin decir que para sus patrones. Difícilmente vamos a encontrar en cuadros de batallas, ejércitos de negros. Es así como el mito de que “descendemos de los barcos” conlleva una actitud racista claramente expresada en promover la inmigración Europea, fundamentalmente anglosajona.
El racismo blanco europeísta organizado desde el Estado encuentra su fundamento en el artículo 25 de la Constitución Nacional concebida por Juan Bautista Alberdi que fomenta la inmigración europea.14 Sus ideas se basaban en que “para educar a nuestra América es preciso poblarla con poblaciones de Europa más adelantada en libertad y en la industria.” Pero aclaraba: “hay extranjeros y extranjeros. Todo lo civilizado es europeo, al menos en su origen, pero no todo lo europeo es civilizado.” Esto lo supieron muy bien los inmigrantes de principios del Siglo XX perseguidos por sus luchas sociales y políticas.15 En esta perspectiva Sarmiento, que tenía un pensamiento fundamentalmente racista, manifestaba: “Llego feliz a esta Cámara de Diputados de Buenos Aires, donde no hay gauchos, ni negros, ni pobres. Somos la gente decente, es decir, patriotas.”16 También estas ideas racistas propias del positivismo abarcaban a sectores importantes de intelectuales. Por ejemplo, José Ingenieros sostenía que “La historia no es un registro de la lucha de clases, ni de la lucha institucional, sino antes que bien de la lucha racial.” De allí que consideraba necesario que las razas blancas y no blancas se desarrollaran separadamente. Así los negros y los indios perderían de manera inexorable en la lucha por el predominio ya que consideraba a los afroargentinos “más próximos a los monos que a los hombres.”17
Esta negación de la historia de los afroargentinos tiene un ejemplo paradigmático en el relato sobre el “negro Falucho”. La historia de la muerte de Falucho fue un invento de Mitre. Se sabe que un soldado negro fue fusilado en el Callao durante 1830 por negarse heroicamente a rendir homenaje a la bandera realista. Pero lo cierto es que no se llamaba Falucho, ya que este era un soldado de San Martín que en ese año vivía en Lima. Es decir, el único monumento que recuerda la historia heroica de un soldado negro que se encuentra en la plazoleta triangular de Fitz Roy entre Santa Fe y Luis María Campos en la CABA, es la de un soldado desconocido cuyo nombre se ignora.
Debemos reconocer que una sociedad donde se sostiene que no hay racismo, en tanto representa a la Argentina como un “crisol de razas”, niega una parte de su historia. No solo en relación a los negros y las poblaciones originarias. Podemos citar la Liga Patriótica creada en el año ‘20 por el club Naval que con el lema “Patria y orden” atacaba a obreros, judíos, anarquistas y socialistas. Este grupo xenófobo compuesto por sectores aristocráticos y de la clase media alta fue el que realizó en los barrios de Once y Villa Crespo el primer progrom de judíos en la Argentina.
Para terminar este apartado citamos a Diego Buffa, coordinador del Programa de Estudios Africanos en la UNC, que plantea: “Hasta la reforma de 1918 en la Universidad de Córdoba todavía se exigía para ingresar la limpieza de sangre, que no era otra cosa que no tener algún ancestro negro.”18

La utilización de la palabra “negro” como descalificación contra los pobres

En el censo de población de 2010 por primera vez se preguntó sobre quienes se reconocen como indígenas y afrodescendientes. Cerca de un millar de personas se afirman como indígenas y en 62.642 hogares existe una persona que dice ser afrodescendiente. En estos hogares hay 149.493 personas. Un 51% son varones y un 49% mujeres. El 34,4% se hallan en la provincia de Buenos Aires. En CABA vive el 11,3%, en Entre Ríos el 6,8%, en Santa Fe el 6%, en Córdoba el 5,5%, en Mendoza el 2,5%, en Chubut el 2,3% y en Salta el 2%. Hay que reconocer que existe un subregistro ya que por prejuicios personales y sociales muchos no admiten su filiación.19
Estos datos demuestran que la población de origen africano en la Argentina no ha desaparecido. Si bien los descendientes de los esclavos de la época de la Colonia han disminuido significativamente, encontramos descendientes de inmigrantes de Cabo Verde que llegaron durante la primera mitad del siglo XX. Así como inmigrantes brasileños, dominicanos y africanos.
El discurso racista utilizado por los sectores de poder donde se invisibiliza a la población negra para decir “en la Argentina no hay negros” aparece en la sociedad como una vuelta de lo reprimido en la utilización de la palabra “negro” o “negra” en forma despectiva para discriminar a los obreros, inmigrantes de las provincias y de países latinoamericanos. Es cierto que también se utilizan las palabras “negrito/a” en forma cariñosa. Pero esto no es más que un sucedáneo del “negrito/a” querido/a por su amo, pues se sometía dócilmente a sus reglas. Podemos encontrar el “negro/a” como un apelativo que resignifica la palabra al darle un contenido de valor y de fuerza.
Es a mediados del siglo XX durante la primera presidencia de Perón que los sectores de clase media y alta descalificaban a los que venían del interior del país con el calificativo de “cabecitas negras”. Este término se difundió ampliamente para descalificar a los pobres. Un ejemplo lo da el pianista Miguel Angel Estrella cuando fue detenido y torturado por la última dictadura militar: “Me decían. ‘Vos nunca más vas a tocar el piano. Por que vos no sos guerrillero, pero sos algo peor: con tu piano y tu sonrisa te metes a la negrada en el bolsillo y les haces creer a los negros que pueden escuchar Beethoven’.”20 Hoy son “negros de mierda” los paraguayos, peruanos, bolivianos que se aprovechan de nuestros hospitales y/o universidades. Son los causantes de la violencia y la inseguridad. Igual que los piqueteros o los obreros que cortan las calles de la ciudad. La “portación de rostro” puede implicar ser detenido o que no se pueda entrar en un lugar público; además de ser mirado con desconfianza.
Freud utiliza una frase, ya clásica, que es el “narcisismo de las pequeñas diferencias” para establecer como la cohesión libidinal en los grupos, a partir de un ideal unificante, puede llevar el odio al diferente. Es aquí donde encontramos la figura del “chivo emisario” portador de todos los males que en algunas sociedades aparece contra los pobres y los inmigrantes como causantes de todas los males e inseguridades.
La cultura hegemónica del capitalismo tardío ha traído cambios de valores donde el “ser” pasa por el “tener”. Es así como aquellos que no tienen dinero o los que no tienen la belleza valorada socialmente se los margina. Su resultado es la ruptura del lazo social en el que desaparecen las relaciones de solidaridad en detrimento de formas de discriminación a veces explícitas y otras invisibilizadas por un discurso “políticamente correcto”.

Notas
1. Carpintero, Enrique, El erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser, editorial Topía, Buenos Aires, 2014.
2. Rosenzvit, Miguel, Fiebre Negra, editorial Planeta, Buenos Aires, 2008. Esta es una de las pocas novelas escrita sobre la esclavitud en la Argentina.
3. Okon Edet Uya, Historia de la esclavitud negra en las Américas y el Caribe, editorial Claridad, Buenos Aires, 1986.
4. Los apellidos de estos esclavistas conforman el sistema de poder. Entre ellos se encuentran: José de María Martinez de Hoz, Martín de Alzaga, Ventura Marcó del Pont, Francisco Antonio Beláustegui, Juan F. Terrada, Martín de Sarratea.
5. Ídem cita 2.
6. Coria, Juan Carlos, Pasado y presente de los negros en Buenos Aires, editorial Roca, Buenos Aires 1998. También Binayan Carmona, Narciso, “Pasado y permanencia de la negritud”, Todo es Historia, Nº 162, Buenos Aires, 1980; Schavelzon, Daniel, Buenos Aires negra, editorial Emecé, Buenos Aires, 1999.
7. Ídem cita 2.
8. Ingenieros, José, La locura en la Argentina, editorial Losada, Buenos Aires, 1955.
9. Corbiére, Emilio, “El genocidio negro en la Argentina”, Argenpress, 12 de abril de 2013. Esta revista fue fundada seis años antes que Carlos Marx y Frederic Engels crearan la primera internacional.
10. Natale, Oscar, Buenos Aires, negros y tango, Peña Lillo editor, Buenos Aires, 1984. También Villanueva, Estanislao, “El candombe nació en África y es rioplatense”, Todo es Historia, Nº 162, Buenos Aires, 1980.
11. Este mito que caracteriza a nuestro país en el mundo, sigue presente en la actualidad. Los atentados racistas contra los negros son algo cotidiano en EEUU. El 18 de junio de este año en Carolina del Sur un joven blanco llamado Dylan Roof entró armado a una Iglesia Africana Metodista y asesinó a 9 personas. Luego de ser detenido dijo que tenía que hacerlo porque los negros “violan mujeres y están tomando nuestro país.” Pero lo más llamativo fue cuando declaró que defendía a los países de supremacía blanca. Entre los que admiraba estaba Argentina como una nación compuesta exclusivamente de ciudadanos blancos.
12. Diario La Nación, 26 de noviembre de 1996.
13. Foucault, Michel, Genealogía del racismo, Caronte ensayos, Buenos Aires, 1996.
14. “El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir límites, ni gravar con impuesto alguno la entrada en territorio argentino de los extranjeros que tengan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar la ciencias y las artes”. Inicialmente la idea era incluir a españoles, italianos y judíos los grupos que se excluían explícitamente ya que -como decía Alberdi- “las razas que podían mejorar la especie eran aquellas que provenían de Inglaterra y Francia”. Este artículo fue mantenido en todas las reformas constitucionales y llega hasta la actualidad.
15. Costanzo, Gabriela, Los indeseables. Las leyes de residencia y Defensa Social, editorial Madreselva, Buenos Aires, 2009.
16. Ruchansky, Emilio, “¿Negros en Buenos Aires?”, Argenpress, 4 de febrero de 2003. Sarmiento, Domingo Faustino, Civilización y Barbarie, editorial Hispamérica, Buenos Aires, 1980.
17. Ingenieros, José, Sociología Argentina, editorial Losada, Buenos Aires, 1946.
18. Entre otros textos de una importante investigación sobre los negros en la Argentina citamos “Pasado y Presente del aporte africano en la identidad cordobesa contemporánea” María José Becerra, Diego Buffa, Claudia García, Juan José Vagni, Juan Manuel Zeballos en http://www.alapop.org/2009/images/DOCSFINAIS_PDF/ALAP_2008_FINAL_275.pdf (link is external)
19. Lipcovich, Pedro, diario Página/12, 30 de diciembre de 2012.
20. Pereyra, Glasy, “El pianista Miguel Angel Estrella recuerda la tortura en Uruguay” en http://glasypereira.blogspot.com.ar/2014/01/el-pianista-miguel-angel-estrella.html

Fuente original del post: http://www.topia.com.ar/articulos/discurso-racista-invisibilizacion-afroargentinos

Fuente de las Fotos:  Archivo online INADI. Campaña AFROARGENTINOS Censo 2010

martes, 28 de junio de 2011

Crisis e Identidad: Aportes Psicodinámicos para su intervención analítica grupal.

por Maruottolo Sardella, Claudio



“ Estamos frente a ese momento de supremo    
peligro y a la vez, aquel en el que crece lo que nos 
puede salvar. Todo cambio exige creación, novedad respecto a 
lo que estamos viviendo y la creación solo surge en libertad, 
ligada al sentido de la responsabilidad y de los valores”. 
Ernesto Sabato.



La cotidianeidad del ser humano está atravesada por catástrofes, pérdidas, difíciles momentos vitales, con decisiones duras de tomar, donde se ponen en juego aspectos que sostienen al sujeto desde su subjetividad al que llamo momento crítico, que comprometerá algo de su identidad, confirmando o rectificando parte de ella. Desde una perspectiva “psi”, la crisis está relacionada con el concepto de conflicto, de trauma, y de su repercusión en la complejidad de las múltiples dimensiones de la mente, entendidas como las dimensiones subjetiva, intersubjetiva y transubjetiva. En el presente trabajo se aborda la problemática vinculada con la comprensión de la crisis y su relación con la salud y la enfermedad, y los mecanismos psicológicos y sociales asociados con su determinación e intervención terapéutica grupal.  (leer el artículo completo)

Los vínculos y las alianzas inconscientes


Por Rene Kaës
Desde el primer encuentro, para agruparse, los sujetos deben consensuar entre ellos cierto acuerdo inconsciente respecto de algunas representaciones que deberán forcluir, desmentir, reprimir o borrar. La constitución de un conjunto humano exige que algunas representaciones no circulen libremente. Las alianzas inconscientes se anudan en el período inicial de constitución de un grupo y se asocian a las formaciones y procesos del inconsciente ya establecidos en los sujetos que se agrupan. (leer más)

Bipolaridad Argentina y Autoestima


El doctor Jorge García Badaracco, fue uno de los grandes referentes de la psiquiatría argentina. 
Estudió con Lacan, Houssay y Leloir. En este reportaje de octubre del 2005 afirmaba que la identidad del tango que nos representa es "la de un pobre diablo" y que como argentinos, si tenemos oscilaciones bipolares es por falta de autoestima:
 ¿Necesitamos emular figuras porque nos sentimos inferiores?
–Padecemos de anomia, que es la falta de valores culturales. Porque la Argentina no era un país respecto del cual se pudiera hablar de anomia. Ha ido ocurriendo una mediocrización. Por ejemplo, la pobreza se fue generalizando. La falta de formación de la personalidad se vincula con la escuela. El deterioro de la educación en general es algo que todo el mundo ve cada vez con más pena, con preocupación y con alarma. ¿Adónde vamos y cómo vamos? Se puede concluir diciendo que los argentinos necesitamos esas figuras para levantar nuestro ego, bastante deteriorado.
–¿Se puede hablar de la sobrevaloración como signo de debilidad?
–Desde ya. Ese es un mecanismo psicológico individual. La persona que se siente insegura trata de agarrarse de algo para poder figurar, para poder aparecer como alguien mejor, con mejor imagen. Creo que en ese sentido somos un país muy joven. Nuestra historia es mucho más corta, y la identidad argentina no es tan fuerte como la de un francés, un italiano. Italia tiene el Dante, los ingleses tienen a Shakespeare, y los alemanes tienen a Goethe. Nosotros tenemos un poquito, pero es mucho menos. Además, tampoco sabemos valorar bien lo que tenemos. Entonces, se da un conjunto de factores como para que los argentinos no tengamos un respaldo, ni como historia ni como identidad. (leer el reportaje completo)

sábado, 28 de mayo de 2011

Acerca de la Identidad Conflictiva





Del latín conflictus, hace referencia, según el diccionario de la RAE en su XXII ed., a varias acepciones: combate, lucha, pelea; enfrentamiento armado; apuro, situación desgraciada y de difícil salida; problema, cuestión, materia de discusión; y coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos. En fin, la experiencia del conflicto es la pelea entre dos posiciones, entre dos ideas, entre dos personas. En el fondo, hay una contienda de posiciones dispares. Y creo que esto es lo que nos caracteriza a los seres humanos. Podemos encontrarnos en el mundo con diferentes posiciones, con diferentes formas de concebir una cosa, con diversos pensamientos e ideas con respecto a Dios, al origen de la vida, del universo, etc. Es nuestro mundo el conflicto, porque las ideas son diversas layas, las emociones y los sentimientos inabarcables. Encontramos así un rasgo de nuestra identidad, el conflicto....
(leer más)

jueves, 26 de mayo de 2011

LOS ARGENTINOS Y EL PSICOANALISIS



Caricaturista, ilustrador y periodista argentino desde 1978. Colaboró en diarios de Israel y Argentina. Actualmente publica regularmente en el diario Río Negro y otras publicaciones del país y el exterior desde Buenos Aires.


"Esta nueva caricatura de Sigmund Freud disfrazado como un personaje de tango se supuso para ilustrar este breve registro de la historia e influencia freudiana en la Argentina. El webmaster no lo publicó, pero el artículo en sí mismo merece una lectura.
La terminología freudiana no es exótica para el gran público aquí. Junto con Nueva York, Buenos Aires tiene el índice más alto de psicoanalistas por habitante (4/1000). Y Woody Allen es muy exitoso también. Freud fue traducido en España (como un filósofo alemán) en los años veinte. Fue traído como una práctica médica a principios de la Segunda Guerra por un vasco republicano desterrado en Francia por la sugerencia de un amigo argentino. Los dos junto con un puñado de emigrés europeos y nativos fundaron la primera Asociación en 1942. Melanie Klein era la referencia dominante a diferencia de la influencia de Anna Freud y la Psicología del Yo en los Estados Unidos. El rompimiento de Jacques Lacan con la Asociación Internacional tiene un eco temprano en los años sesenta y antes de los años ochenta sus libros eran vendidos por miles. Algunos de sus seguidores fueron forzados al exilio en los setenta por la dictadura militar y llevaron su influencia de vuelta a España así como a Mejico y otros lugares. La influencia de las teorías freudianas en Buenos Aires puede ser remontada hasta un conflicto neurótico de identidades culturales en la psicología del porteño entre ser un europeo o un sudamericano. Esto se potencia en las décadas pasadas por la frecuente inestabilidad política y económica. Como sea, la zona del barrio de Palermo popularmente llamada “VillaFreud”, es muy hermosa."


Pero, el tema de la pasión por el psicoanálisis o por la psicoterapia, es propia de los argentinos que habitan en otros distritos urbanos o sólo de los porteños? Y que hay de la extracción social y nivel de educación? Hasta que punto la cultura psicoanalítica impregna a nuestra sociedad ?


Adam Barnett & Simon Deeley, los directores del documental británico ARGENTINA IN THERAPY dicen algo similar en el blog del film


“Buenos Aires es la capital psicoanalítica del mundo con una cantidad de terapeutas per cápita que duplica la de la ciudad de Nueva York. A través de años de terrorismo de estado y desastre económico millones han buscado refugio en el diván del analista. Tal demanda de un ejercicio que consume tanto tiempo y dinero sugiere una neurosis a escala nacional. Como un analista, el film pone a la Argentina en el diván con el objeto de descubrir las raíces causales de esta “particular” obsesión. Aquí los psicoanalistas no solamente trataron de resolver los conflictos internos de sus pacientes sino también pelearon contra la represión violenta de dictaduras crueles que aún acosan a Argentina hoy”








Lamentablemente no tengo versión subtitulada en español, pero es mi idea editar este post para agregar
el texto de la voz en OFF (relato) en español.


Fuentes:
http://gloriamundi.blogsome.com/2006/05/07/freud-argentina/
http://argentinaintherapy.wordpress.com/

UN DIA EN LA VIDA DE UN PSICOLOGO (ARGENTINO)

No me resultó difícil hacer el diagnóstico. Aunque sí sobrellevar la entrevista, a pesar de mis largos años de experiencia. Me abrumaba con información, las más de las veces innecesaria y a menudo contradictoria; trataba por todos los medios de impresionarme, de no dejarme desconectar de ella ni un segundo. Sus mohínes y aspavientos también jugaban a favor de eso, subrayando hasta la saturación cada palabra y cada frase. Como actriz sobreactuadora que busca, en el fondo, destacarse del resto, y aún de la obra. O quizá, como inexperta que se confunde con el personaje y no puede salir nunca de él y, mucho menos, mirarse actuar. El tono era casi siempre patético y, si por momentos incursionaba en el humor, lo hacía en un tono desdeñoso dirigido a alguno de sus innumerables victimarios.
Su aspecto desconcertaba de tal modo que resultaba casi imposible establecer con certeza su edad: por momentos parecía una niña desvalida, por momentos una anciana resignada, por momentos una adolescente granuja y desafiante. Sólo en breves interludios, una adulta madura y estable. Mientras la escuchaba, recordé que ya había presentido esta situación cuando me llamó por teléfono: me tuvo como veinte minutos, dándome puntillosas explicaciones y, lo que es peor, urgiendo ya las mías acerca de todo lo que me contaba. “En realidad – recuerdo que pensé – es como si estuviera ahorrándose una sesión …” Pero me abstuve siempre de decírselo, porque imaginé que hubiera rechazado como una ofensa la simple insinuación. Y hubiera sido sólo una pérdida de tiempo.
Esos cincuenta minutos que compartimos fueron realmente intensos y tuve más de una vez la sensación de que era imposible relacionarse de un modo no intenso con ella. “Tengo que hacerme a la idea – me decía a mí mismo – de que esto va a ser así, de que no va a parar de hablar y de escucharse a sí misma con fruición, pidiéndome, a la vez, que le diga qué se supone que debe hacer respecto de sus problemas…” Así que me dispuse a tratar de escuchar la melodía esencial, en medio de la barahúnda de variaciones interminables, acordes disonantes y percusiones estruendosas. Y a no desperdiciar palabras. A hablar sólo cuando tuviera algo rotundo y preciso para decir.
Una de las primeras cosas que me dijo fue que no toleraba las rutinas ni los esfuerzos prolongados. Que le gustaba soñar y que, según sus palabras, “si la realidad no coincidía con sus sueños, peor para la realidad”. La triste y mediocre realidad. No la toleraba, y tanto era así que muchas veces reconocía confundirse respecto de si las cosas estaban dentro o fuera de su cabeza. De si tenían una existencia material, independiente de ella, o eran producto de su imaginación febril. “Como los espejismos del desierto, vio?” necesitó aclarar. Y agregó – según comprobé que era su costumbre – algunas citas eruditas para autoconfirmarse: “la vida es sueño”, “sean realistas, pidan lo imposible”, “se rompe pero no se dobla”, etc. etc.
“Usted cómo me ve?” repetía a cada rato. Y yo trataba de ser elusivo, porque estaba seguro de que de ningún modo estaba dispuesta a escuchar lo que verdaderamente yo veía en ella. En realidad buscaba afanosamente confirmar la idea grandiosa que tenía de sí misma, y para eso, muchas veces sin esperar siquiera mi respuesta, abundaba en relatos donde aparecían resaltados sus innumerables talentos. Algunos de los cuales, por supuesto, me sonaban como realmente auténticos: pese a su gesto de disgusto, lucía bonita y para nada tonta. Seguramente, alguna vez sacaba un conejo de la galera y sorprendía a todo el mundo. Seguramente, debía tener momentos de brillantez y creatividad, sobre algunos de los cuales no dejó de abundar. Sólo que daba la impresión de no tolerar la idea de que, junto a ellos, hubiera otros en los que parecía comportarse realmente como una idiota.
Era obvio que sufría. Y también que el sufrimiento había llegado a un punto en el que al menos debió reconocer que necesitaba ayuda; pero uno de los rasgos que apareció con nitidez al respecto fue una sorprendente desconexión entre el sufrimiento y las posibles causas. O sea: parecía querer reducir sus penurias, pero sin aceptar que algo tenían que ver con ellas sus propias decisiones. Por lo tanto, siempre había alguien que tenía la culpa de lo que le pasaba. Algún Poder, que le era impuesto de modo absoluto, y que con sus oscuras maniobras escamoteaba la Verdad. La Verdad de la que, en el fondo, se sentía poseedora. Y la Felicidad. La que le estaba destinada, la que le correspondía por algún designio del Destino que resultaba muy difícil de entender para cualquiera que no fuera ella.
“Algo que me pasa – me dijo – es que muchas cosas me ocurren como si fuera la primera vez, aunque no lo sea. Es como que todo me toma de sorpresa, todo es nuevo… Lo cual, no me va a negar que es excitante, pero me trae algunos problemas… ” Ahí me animé, y sin saber muy bien por qué, le dije: “claro, y como la excita, no estará muy dispuesta a cambiarlo… a pesar de los problemas…” Para qué! Yo que había tenido tanto cuidado, caí sin embargo en la trampa: tuve que contener un ataque de indignación como había visto pocos. Me acusó de haberla acusado de cosas horribles; en particular de mentir respecto de sus intenciones, justamente a ella que si por algo se había destacado durante los últimos treinta años, era por la obstinada búsqueda de su verdad interior. Y dijo esto con tanto énfasis, con tanta convicción, que sentí que confrontarlo era como tratar de convencer a un mormón de que el verdadero libro sagrado no es la Biblia sino el Coran
“Hay que buscar otra vía – me dije a mí mismo – debo aplicar el principio “jiu-jitsu”: “aprovecha la fuerza de tu adversario..”( Mi adversario? Por Dios, esto se estaba volviendo algo serio). Tomé fuerzas y pregunté a qué atribuía ella esa dificultad. “No sé… -contestó en tono melodramático – No sé… Cree que si lo supiera estaría acá?” La trampa se había cerrado: ella no sabe y si yo le digo algo que creo saber, se enoja. Qué hacer? Decidí apostar fuerte: “entonces, aparentemente esto es un misterio insoluble – dije con firmeza – será usted tan especial que le pasan cosas que ni usted ni nadie pueden explicar”. Lejos de amilanarse, respondió casi sonriendo: “puede ser, no vaya a creer que no lo he pensado…” Estábamos en punto muerto.
Sin embargo, era tal su afán de protagonismo que ella misma se encargó de volver a poner la cosa en movimiento: “Sabe cuál creo que es mi problema, el núcleo de mi problema? Que soy demasiado buena… Eso, demasiado buena” se respondió, mientras movía de una lado a otro la cabeza. “Otra trampa – pensé yo – cómo se le dice a alguien que para mejorar su vida tiene que ser “un poco menos buena?”. Volví a preguntar acerca de eso. Y me espetó un largo y fastidioso relato de su vida, repleto de situaciones en las que le había creído a gente que la traicionó, en las que perdió cosas porque no estuvo dispuesta a ceder en algo, en las que rompió relaciones porque no toleraba “cosas a medias”, porque ella creía que en la vida había que jugarse siempre a “todo o nada”… En fin, que ella parecía no encajar en este mundo… “Es que el mundo no la estaba esperando, amiga mía – le dije al fin, ya casi en el límite de mi paciencia – el mundo es como es, y puede seguir adelante sin usted …( y sin mí)… ” Esto sí le pegó, y necesitó unos minutos para recuperarse. Casi podía oírse el rechinar de su disco duro, haciendo esfuerzos denodados por procesarlo todo y producir un “output” tolerable para ella. Esperé. Pero reconocí que esta paciente impaciente estaba logrando impacientarme. Finalmente, habló:
“Sabe qué? Me parece increíble, pero su postura suena a un tremendo conformismo. Discúlpeme, no quiero ofenderlo… No es mi estilo, si algo me ha caracterizado siempre…” Harto ya de tanta autorreferencia, hice algo que no suelo hacer: la interrumpí, diciendo “Sí, sí, supongo que es usted una persona respetuosa e intachable, pero dígame, por favor, en qué le parece conformista mi posición?” Me miró algo extrañada, hizo un par de gestos de tímida que se atreve y respondió: ” Bueno, si el mundo no nos gusta, nuestro deber es cambiarlo. No adaptarnos a él, creo yo… Uno debe asumir un compromiso, jugarse por lo que cree… Eso es lo que han hecho todos los que hicieron progresar a la humanidad a lo largo de la historia…” Era increíble: estaba predicando! Se la veía claudicante, dolorida, vulnerable, insegura, autodestructiva… Y me estaba predicando!
No era una novedad para mí, pero nunca como en esta ocasión, sufrí en carne propia algo que teóricamente todos sabemos: cambiar es difícil, curarse también. Muchas veces se rechaza tanto la enfermedad como la medicina. Las creencias nucleares de las personas suelen volverse irreductibles, etc. etc. Traté de tranquilizarme. Apelé a mis mejores reservas y decidí cambiar de rumbo, después de mover varias veces mi cabeza en gesto afirmativo y repetir con la boca cerrada “ajá”, “ajá”, recurso casi infalible, si los hay. Así que, aún bajo la sospecha de estar siendo cómplice de su síntoma, pregunté con cara de nada: “qué puede contarme de su familia?”
“Ay, doctor… Ese sí que es un tema..! Si le habré dedicado horas durante los últimos treinta años… Pero se lo puedo resumir bastante rápido: tuve padres terribles, que me maltrataron y me abandonaron reiteradamente. Muy decepcionante. Vio que uno sufre mucho cuando se entera de que los Reyes Magos son lo padres? Bueno, yo, ni eso… Ni Reyes, ni Magos, ni padres… Me ofrecían el oro y el moro, y después, nada…Y además peleaban entre ellos todo el tiempo, es decir, todo el tiempo en que no se estaban yendo…Un desastre… Salvo alguno pocos momentos, tan pocos, que los conservo como relicarios, les rindo culto, los inflo, les doy brillo, como a la vajilla de lujo que heredé de mi abuela…No permito que nadie me los toque… Daría la vida por defenderlos..!…En honor a la verdad, también debo confesarle que mucha gente piensa que me quejo de llena, que nunca sufrí de verdad, que nunca tuve realmente miedo ni hambre… Que nunca pasé una guerra…. En fin, son puntos de vista…”- terminó descartando como si nada.
“Por otro lado, oscilé durante años entre dos amores, (a veces, simultáneos, aunque le confieso que llena de culpa): uno, aunque me exigía bastante y no siempre era justo conmigo, me daba protección, me hacía sentir parte de su mundo, estaba pronto a ayudarme cuando necesitaba y me permitía sentirme diferente de mis vecinas. El otro, un romántico, un lírico, pobre pero digno, con su cabellera al viento y su mirada al infinito. Uno me ofrecía un mañana seguro y el otro un futuro paradisíaco. Se da cuenta? Juntaba lo imposible de juntar..! Lo tenía todo…Debo decir, con cierta vergüenza, que a veces con la plata de uno financiaba mis coqueteos con el otro. Pero claro, yo me sentía radiante, plena, completa…Y además, me parecía justo…” Mientras trataba de imaginar cómo sería el ícono “sentimiento de culpa” en esa cabeza, le permití una breve pausa y luego pregunté por sus hijos. “Oh! Esa también es una historia tremenda… “, comenzó a decir, con los ojos húmedos y una ternura incipiente que no había aparecido hasta ahí. “Tuve varios hijos, pero sólo pude conservar uno a mi lado…” Por primera vez, tuve la clara sensación de que por debajo de toda su parafernalia, asomaba el reflejo de una herida y genuina bondad.
“Todos se fueron de mi lado – continuó – a ninguno pude ofrecer una vida atrayente, a pesar de haberles dado mucha educación…No me tenían confianza, me decían que era demasiado variable, que los desconcertaba con mis bruscos cambios de humor y que, además, me dejaba convencer por cualquiera…Y el que quedó, se la pasa quejándose, cada tanto me hace alguna escena violenta, y no sé cuánto más se quedará… Y yo no sé qué hacer, doctor, verdaderamente estoy desesperada: no sé qué hacer…!”
“Por fin – me dije – por fin puedo empezar a quererla… ” Y me dispuse a aprovechar esos vientos favorables en el sentido de mi misión. Sin embargo, me esperaban nuevas sorpresas. Tras un silencio prolongado, declaró como si discutiera con alguien que no era yo: “Después de todo, no sé que esperaban de mí… Yo además estaba resolviendo mis propias cosas… Siempre había algún incendio que salir a apagar… No había mucho tiempo para sentarse y conversar … Pero bueno, yo no inventé la espantosa historia que me tocó… Y tengo también el derecho de ser feliz…!”
Hubo otro silencio incómodo. No dije nada porque no sabía qué. Y ella, ( pude percatarme por lo que siguió), estaba tomando fuerzas para otra embestida: “Y quiere que le diga más? No está en mí ofender, (como ya le dije), pero ustedes, los doctores, los estudiosos, también son culpables de esto que me pasa… Me vendieron de todo y yo compré. Inocentemente, compré : teorías, recetas, “slogans”, consignas, “graffitis”, interpretaciones… Claro, siempre creyendo que todos son como yo, bienintencionados y generosos… Pero no, una de las cosas que me causó más dolor fue comprobar que cada cual hacía su negocio, que no había un verdadero desinterés, una auténtica entrega a los otros… Y, como si todo eso fuera poco, usted además me dice que uno debe adaptarse a un mundo así? “
Guardé silencio. Obviamente ella esperaba una respuesta, pero yo, ahí, no la tenía. Varias veces abrí la boca como para decir algo, pero nada. Comencé a sentirme mal. La angustia, como un río de lava, parecía no tolerar más la cárcel de su cuerpo y se derramaba a su alrededor, incontenible. Yo, inmóvil, la veía avanzar sobre mí sin poder evitarlo. Alcancé a escuchar algo así como “entonces, me mataré”. Quise intervenir, aferrarla, impedirle la salida, decirle algo, pero fue inútil: estaba totalmente paralizado viéndola dirigirse al balcón y sintiéndome, casi inexplicablemente, responsable de su destino…
Me desperté gritando “No! No!” bañado en sudor y moviendo los brazos. Mi mujer, que dormía a mi lado, atinó a preguntarme algo sobresaltada: “pasa algo?” “No, no – le dije – tuve una pesadilla… Una paciente”. “Qué raro – dijo ella, aún algo aturdida – no suele ocurrirte… Con tu experiencia”. “Es que es una paciente muy especial…” La fría mañana madrileña asomaba por el balcón. Me levanté maquinalmente y me acerqué a él ante la mirada absorta de la fiel compañera de mis duros años de emigración. Eché un vistazo y volví a la cama. Antes de sentarme en ella, sin darme cuenta, pisé el diario que había estado leyendo hasta altas horas de la noche. Estaba abierto en una página donde saltaba a la vista un título catástrofe: “ARGENTINA NECESITA UN PSIQUIATRA”." (Rolando Martí)



Fuente: http://blogsdelagente.com/roloblog/2010/05/19/un-dolido-pero-esperanzado-homenaje-al-bicentenario/comment-page-1/#comment-13