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viernes, 9 de octubre de 2015

El discurso racista de invisibilización de los afroargentinos


 
Editorial de Revista Topía n°74 Agosto/2015


Había transcurrido más de media hora de la entrevista y María seguía muy confusa. Lo único que aparecía con claridad era su motivo de consulta: “Tengo mucho miedo de tener hijos.” Estaba casada hacía 5 años. Sentía un gran amor por su marido, pero desde hacía 2 años, cuando decidieron que quedara embarazada, comenzó a evitar las relaciones sexuales. Aún más, las tenía durante el período en que no era posible el embarazo. Igual estaba con miedo de que ese recurso fallara. La sensación que trasmitía era de pánico. No había más datos, ya que sus silencios se prolongaban durante varios minutos. Hasta que, con mucha angustia dice: “Mi familia de origen desciende de afroargentinos que vivieron en la época de la colonia. Luego todos se casaron con blancos; todos los que conozco de mi familia son blancos, pero en mi cuerpo siguen estando los genes de mis orígenes. No soy racista, pero ¿qué hago si tengo un hijo negro? Sé que esto es casi imposible. Pero pensar que esa mínima posibilidad pueda ocurrir, me da pánico. No lo puedo soportar.”
Debo decir que el relato me sorprendió. Que alguien me dijera que era descendiente de afroargentinos no era una circunstancia que habitualmente hubiera escuchado. Sin embargo, trabajar con los prejuicios de la paciente me llevaron a conocer una historia borrada por la historia oficial.

La sombra del sujeto
La palabra “discriminación” proviene del latín y significa “separar”, “distinguir”, “diferenciar una cosa de otra”. En este sentido es un acto necesario en la vida del sujeto. En el nacimiento el bebé se separa del cuerpo de la madre, la cual representa la unión, la ilusión de haber sido “Uno”, de ser “completo”. Sus efectos quedan en lo que llamo los factores estructurantes primarios: narcisismo primario, angustia primaria, autoerotismo, odio primario y funcionamiento desde el principio de displacer-placer. A partir de allí el Primer otro constituye un espacio-soporte imaginario, afectivo, libidinal y simbólico que permite pasar del yo primitivo al yo-soporte del interjuego de la pulsiones vida, Eros y las pulsiones de muerte. Luego, la castración edípica instala la alteridad donde se reconoce al otro como otro diferente. Es decir, se discrimina lo “Uno” del otro que representa en el imaginario lo que no se tiene y que jamás se tendrá: la ilusión de la totalidad perdida. Este proceso necesario se realiza con tensiones en tanto se ponen en juego las identificaciones primarias y aquellas que el sujeto va logrando a lo largo de la vida.1 Es aquí donde el sujeto se encuentra con una sombra en lo más íntimo que, como dice Freud, “es algo que asusta, ya que pertenece al lado oscuro de nuestra personalidad y que poca gente se atreve a admitir con sinceridad semejante clase de sentimiento.” La negación de esa sombra que alberga los factores estructurantes primarios se proyecta en el otro que se transforma en lo sucio, lo malo, lo siniestro, lo diabólico; es decir, lo opuesto a aquello que el sujeto cree que únicamente es. De esta manera lo que no se quiere ser se lo niega proyectándolo en el otro. Su exclusión es una negación de lo que se rechaza donde la discriminación se sostiene en la violencia para negar la alteridad. Por ello el problema de la discriminación no radica en la diferencia, sino en el resentimiento y la violencia que produce el otro en tanto nos representa la castración, la ilusión de la perfección perdida. Esta violencia es un intento de reforzar una unidad en tanto se proyecta en el otro lo que se teme de uno mismo, ya que sostiene la negación de la identidad de aquel atributo que es rechazado en la intimidad del sujeto y desvalorizado o condenado por la cultura.
Cuando nos preguntamos: ¿Qué se discrimina? tenemos que dar cuenta de paradigmas que gobernaron diferentes épocas de nuestra historia. El argumento más utilizado en todos los tiempos fue: para garantizar la pureza racial, excluyendo a los pobres, los ancianos, los negros, las mujeres, los homosexuales, los discapacitados, los gitanos, los extranjeros. En Occidente el paradigma lo podemos encontrar en el nazismo y la Inquisición de la Iglesia Católica. En la actualidad persisten estas formas de discriminación donde en cada sociedad vamos a encontrar sus propias características.

Los afroargentinos

Acusar a un negro por error es una alegría permitida que nadie va a andar cuestionando si hay un mínimo de razón para matarlos. Es un asunto de higiene.
Fiebre Negra de Miguel Rosenzvit2

El ingreso sistemático de africanos transportados como esclavos al puerto de Buenos Aires comenzó en 1580. La mayoría provenía de Senegal, Gambia, Sierra Leona, Ghana y Angola.3 Víctimas del hacinamiento, el hambre, la tortura y las enfermedades, los que sobrevivían cuando llegaban eran encerrados en galpones de la zona de Retiro para ser vendidos. La esclavitud era un fenómeno urbano ya que se compraban esclavos para servir a las tareas del hogar y obtener ganancias por medio de su explotación. Muchas familias vivían de sus trabajos como artesanos al vender sus productos en las calles.
El sistema esclavista estaba ligado a los comerciantes porteños unitarios muy fuertes durante la Colonia y en los primeros años de la Independencia.4 El partido federal de los saladeros bonaerenses de Rosas, Anchorena y Ezcurra tampoco tenían ideas abolicionistas. Los esclavos eran utilizados como siervos en la campaña de Buenos Aires por los hacendados y los representantes eclesiásticos. Según el censo de 1778 en Buenos Aires el 30% de la población era negra, en Santiago del Estero el 54%, en Catamarca el 52%, en Salta el 46%, en Córdoba el 44% y en Tucumán el 42%. Es decir, la población de personas negras era muy importante.
¿Sería eso nacer liberto? ¿Poder llorar a grito pelado y en la mismísima puerta del cuarto de la patrona? Azucena había nacido bien esclava, una década atrás, y Julia, la menor, de siete años, le había errado a la Asamblea del XIII apenas por un mes.5
En la Asamblea Constituyente de 1813 se otorgó la “libertad de vientres”, que establecía la libertad de los niños negros por nacer, pero los otros continuaron bajo diferentes formas de servidumbre. Debimos esperar 43 años para que recién en la Constitución Nacional de 1853 se declarara el fin de la esclavitud.
La estructura social del Río de la Plata era similar a la de otros países de América Latina: se fundaba en el racismo. El español consideraba nobles a aquellas personas que no tenían entre sus ascendientes a moros, judíos y negros. Para obtener un cargo público debía constar en su árbol genealógico la ausencia de “mala sangre” por tres generaciones.
Ahora bien la pregunta que se impone es ¿Qué pasó con esa significativa población negra?
En primer lugar debemos señalar que los africanos y afroargentinos participaron activamente en la lucha por la Independencia. Luego de cinco años en el ejército se les ofrecía la libertad. Situación que casi nunca sucedía ya que los mataban antes. Durante la Invasiones Inglesas las compañías de Pardos y Morenos tuvieron una destacada participación en la defensa de Buenos Aires. Cuando San Martín se hace cargo del ejercito del norte de los 1200 hombres, 800 eran negros. De los 2500 soldados negros que iniciaron el cruce los Andes solo regresaron 143. Sin embargo, el enfrentamiento que más vidas de afroargentinos se cobró fue la cruenta guerra con el Paraguay durante 1865-1870. Los batallones argentinos estaban compuestos por soldados negros que fueron mermados durante la lucha. Un año después, en 1871, se desata la epidemia de fiebre amarilla. Los barrios más castigados fueron los habitados por negros en el sur de la ciudad. Eran barrios desprovistos de higiene y de toda organización sanitaria. Mientras los blancos se mudaron y crearon la Zona Norte de la ciudad, el ejército rodeó toda la zona y no les permitió emigrar. Los negros quedaron encerrados en sus barrios donde murieron masivamente y fueron sepultados en fosas comunes.6
...hasta donde puede llegar la mentira. -¿La mentira oficial, decís? -Claro. Por ejemplo, ese cuento de la esclavitud benévola. Puede ser que les tuvieran cariño. A los caballos también les tenían cariño. Pero si los tenían que carnear, los carneaban y si los tenían que dejar tirados en una posta, los dejaban tirados en una posta. Mira, te voy a contar una anécdota de mi familia, quizá ya la leíste porque es bastante conocida. -Contame, contame, ¿de tu familia? -Si, tatarabuela, o tataratatarabuela, no se bien. Había quedado viuda porque a su esposo lo habían matado en las invasiones inglesas. En las primeras. El caso es que tenía tres hijos de cinco, cuatro y tres años. Los amos tenían un solo hijo también de tres años. Los dos más chiquitos, el negro y el blanco, se enfermaron de hepatitis y murieron el mismo día. En ese entonces, aunque no lo creas, cuando un nene menor de siete años se moría, se hacía una fiesta, porque se decía que iba directamente al paraíso. Se lo disfrazaba de ángel y se lo velaba toda la noche. Bueno, los velaron juntos. Al blanco lo disfrazaron de ángel y ¿el negrito? -No- dije. No quería adivinar. -Sí- movió la cabeza con acentuada lentitud. -De demonio.
-Macabro. -La madre trató de quitarle el disfraz, pero la agarraron entre los presentes y no la dejaron llegar. Como insistió y estaba arruinando la fiesta, la azotaron. Igual siguió llorando y gritando por la maldición que le echaban sobre su hijo. Y cuando más lloraba, más la azotaban-. Eva me miró sin poder evitar un poco de resentimiento. Pero no iba dirigido a mi persona. -No existe la esclavitud benévola-. Concluyó. -Esas son dos palabras que se repelen entre sí.7

Otras circunstancias que son necesarias destacar refieren a que en esta sociedad racista la movilidad social del negro era prácticamente imposible. Si bien sus condiciones eran mejores que las de los regímenes esclavistas donde la explotación se basaba en las plantaciones, sus condiciones de vida eran lamentables. La mortalidad de los recién nacidos duplicaba la de los blancos. Además, la natalidad era muy baja, pues los amos evitaban el casamiento de un esclavo al igual que el embarazo de una esclava, ya que les impedía prestar los servicios por los que fueron comprados. Era más económico reemplazar con nuevas importaciones de esclavos la escasez de nacimientos y la gran cantidad de muertos. Un hecho importante fue que la fecundidad de las mujeres negras era muy baja ya que, como una forma de resistencia, no querían tener hijos debido a la miserable situación en que se encontraban.
A fines del Siglo XIX y principios del XX la gran inmigración Europea fue reemplazando los oficios que tenían los pocos negros que aún quedaban. Sin embargo, los negros nunca desaparecieron como se ha escrito y se sigue contando. Hay un ocultamiento intencional, como veremos más delante, de sus aportes a la historia, la cultura y de sus descendientes.
La población negra se organizaba en “Naciones” conservando sus denominaciones, sus ritos, sus costumbres y sus lenguas africanas.8 Esta resistencia cultural adquirió la forma de periódicos y revistas que suscitaban grandes rivalidades. La más significativa fue “El proletario” fundada en 1858 por el intelectual negro Lucas Fernández. Esta expresaba “los intereses de clase”, los de la “clase de color” en la necesidad de fundar un movimiento de “democracia negra.”9 En estas publicaciones se debatía acerca de su vida social y cultural donde la poesía era un elemento importante. Esta profusa actividad de los afroargentinos fue disminuyendo aunque la podemos encontrar en muchas palabras de nuestro lenguaje y en los orígenes del tango.10 Pero es en la historia oficial donde se impone el mito de la Argentina como un país conformado por habitantes de raza blanca donde ya no solo quedan afuera las poblaciones originarias, sino la importante población negra.11 Cuando en 1996 el entonces presidente Menem viajó a EEUU le preguntaron sobre los negros en nuestros país. Su respuesta fue contundente: “En la Argentina no llegaron los negros porque nosotros abolimos la esclavitud en 1813. No existen los negros. Ese problema lo tiene Brasil.”12

La creación de un mito racista

A los blancos hizo Dios / a los mulatos San Pedro / y a los negros hizo el diablo / para tizón del infierno.
Payada que aparece en el Martín Fierro de José Hernández

Michel Foucault plantea que “el discurso racista no fue otra cosa que la inversión, hacia fines del siglo XIX, del discurso de la guerra de razas, o un retomar de este secular discurso en términos sociobiológicos, esencialmente con fines de conservadurismo social y, al menos en algunos casos, de dominación colonial.”13 En este sentido el predominio de las ideas positivistas en el siglo XIX daban una fundamentación “científica” al racismo. La división de las razas en superiores (blancos) e inferiores (negros, indígenas, judíos, orientales, moros, etc.) era considerada algo propio de la naturaleza. Esto llevó a que el poder representado por la generación del ´80 (Roca, Mitre, Alberdi, Sarmiento) impone una política conservadora basada en la idea de una Argentina compuesta por una población homogénea de raza blanca diferente del resto de Latinoamérica. Por ello esta invisibilización de los negros y las poblaciones originarias en la Argentina se encuentra en la historia oficial. En los manuales, la historia de los negros finaliza con la abolición de la esclavitud. En las iconografías se ven negros hasta la época de la independencia; generalmente vendiendo muy alegres sus productos, claro, sin decir que para sus patrones. Difícilmente vamos a encontrar en cuadros de batallas, ejércitos de negros. Es así como el mito de que “descendemos de los barcos” conlleva una actitud racista claramente expresada en promover la inmigración Europea, fundamentalmente anglosajona.
El racismo blanco europeísta organizado desde el Estado encuentra su fundamento en el artículo 25 de la Constitución Nacional concebida por Juan Bautista Alberdi que fomenta la inmigración europea.14 Sus ideas se basaban en que “para educar a nuestra América es preciso poblarla con poblaciones de Europa más adelantada en libertad y en la industria.” Pero aclaraba: “hay extranjeros y extranjeros. Todo lo civilizado es europeo, al menos en su origen, pero no todo lo europeo es civilizado.” Esto lo supieron muy bien los inmigrantes de principios del Siglo XX perseguidos por sus luchas sociales y políticas.15 En esta perspectiva Sarmiento, que tenía un pensamiento fundamentalmente racista, manifestaba: “Llego feliz a esta Cámara de Diputados de Buenos Aires, donde no hay gauchos, ni negros, ni pobres. Somos la gente decente, es decir, patriotas.”16 También estas ideas racistas propias del positivismo abarcaban a sectores importantes de intelectuales. Por ejemplo, José Ingenieros sostenía que “La historia no es un registro de la lucha de clases, ni de la lucha institucional, sino antes que bien de la lucha racial.” De allí que consideraba necesario que las razas blancas y no blancas se desarrollaran separadamente. Así los negros y los indios perderían de manera inexorable en la lucha por el predominio ya que consideraba a los afroargentinos “más próximos a los monos que a los hombres.”17
Esta negación de la historia de los afroargentinos tiene un ejemplo paradigmático en el relato sobre el “negro Falucho”. La historia de la muerte de Falucho fue un invento de Mitre. Se sabe que un soldado negro fue fusilado en el Callao durante 1830 por negarse heroicamente a rendir homenaje a la bandera realista. Pero lo cierto es que no se llamaba Falucho, ya que este era un soldado de San Martín que en ese año vivía en Lima. Es decir, el único monumento que recuerda la historia heroica de un soldado negro que se encuentra en la plazoleta triangular de Fitz Roy entre Santa Fe y Luis María Campos en la CABA, es la de un soldado desconocido cuyo nombre se ignora.
Debemos reconocer que una sociedad donde se sostiene que no hay racismo, en tanto representa a la Argentina como un “crisol de razas”, niega una parte de su historia. No solo en relación a los negros y las poblaciones originarias. Podemos citar la Liga Patriótica creada en el año ‘20 por el club Naval que con el lema “Patria y orden” atacaba a obreros, judíos, anarquistas y socialistas. Este grupo xenófobo compuesto por sectores aristocráticos y de la clase media alta fue el que realizó en los barrios de Once y Villa Crespo el primer progrom de judíos en la Argentina.
Para terminar este apartado citamos a Diego Buffa, coordinador del Programa de Estudios Africanos en la UNC, que plantea: “Hasta la reforma de 1918 en la Universidad de Córdoba todavía se exigía para ingresar la limpieza de sangre, que no era otra cosa que no tener algún ancestro negro.”18

La utilización de la palabra “negro” como descalificación contra los pobres

En el censo de población de 2010 por primera vez se preguntó sobre quienes se reconocen como indígenas y afrodescendientes. Cerca de un millar de personas se afirman como indígenas y en 62.642 hogares existe una persona que dice ser afrodescendiente. En estos hogares hay 149.493 personas. Un 51% son varones y un 49% mujeres. El 34,4% se hallan en la provincia de Buenos Aires. En CABA vive el 11,3%, en Entre Ríos el 6,8%, en Santa Fe el 6%, en Córdoba el 5,5%, en Mendoza el 2,5%, en Chubut el 2,3% y en Salta el 2%. Hay que reconocer que existe un subregistro ya que por prejuicios personales y sociales muchos no admiten su filiación.19
Estos datos demuestran que la población de origen africano en la Argentina no ha desaparecido. Si bien los descendientes de los esclavos de la época de la Colonia han disminuido significativamente, encontramos descendientes de inmigrantes de Cabo Verde que llegaron durante la primera mitad del siglo XX. Así como inmigrantes brasileños, dominicanos y africanos.
El discurso racista utilizado por los sectores de poder donde se invisibiliza a la población negra para decir “en la Argentina no hay negros” aparece en la sociedad como una vuelta de lo reprimido en la utilización de la palabra “negro” o “negra” en forma despectiva para discriminar a los obreros, inmigrantes de las provincias y de países latinoamericanos. Es cierto que también se utilizan las palabras “negrito/a” en forma cariñosa. Pero esto no es más que un sucedáneo del “negrito/a” querido/a por su amo, pues se sometía dócilmente a sus reglas. Podemos encontrar el “negro/a” como un apelativo que resignifica la palabra al darle un contenido de valor y de fuerza.
Es a mediados del siglo XX durante la primera presidencia de Perón que los sectores de clase media y alta descalificaban a los que venían del interior del país con el calificativo de “cabecitas negras”. Este término se difundió ampliamente para descalificar a los pobres. Un ejemplo lo da el pianista Miguel Angel Estrella cuando fue detenido y torturado por la última dictadura militar: “Me decían. ‘Vos nunca más vas a tocar el piano. Por que vos no sos guerrillero, pero sos algo peor: con tu piano y tu sonrisa te metes a la negrada en el bolsillo y les haces creer a los negros que pueden escuchar Beethoven’.”20 Hoy son “negros de mierda” los paraguayos, peruanos, bolivianos que se aprovechan de nuestros hospitales y/o universidades. Son los causantes de la violencia y la inseguridad. Igual que los piqueteros o los obreros que cortan las calles de la ciudad. La “portación de rostro” puede implicar ser detenido o que no se pueda entrar en un lugar público; además de ser mirado con desconfianza.
Freud utiliza una frase, ya clásica, que es el “narcisismo de las pequeñas diferencias” para establecer como la cohesión libidinal en los grupos, a partir de un ideal unificante, puede llevar el odio al diferente. Es aquí donde encontramos la figura del “chivo emisario” portador de todos los males que en algunas sociedades aparece contra los pobres y los inmigrantes como causantes de todas los males e inseguridades.
La cultura hegemónica del capitalismo tardío ha traído cambios de valores donde el “ser” pasa por el “tener”. Es así como aquellos que no tienen dinero o los que no tienen la belleza valorada socialmente se los margina. Su resultado es la ruptura del lazo social en el que desaparecen las relaciones de solidaridad en detrimento de formas de discriminación a veces explícitas y otras invisibilizadas por un discurso “políticamente correcto”.

Notas
1. Carpintero, Enrique, El erotismo y su sombra. El amor como potencia de ser, editorial Topía, Buenos Aires, 2014.
2. Rosenzvit, Miguel, Fiebre Negra, editorial Planeta, Buenos Aires, 2008. Esta es una de las pocas novelas escrita sobre la esclavitud en la Argentina.
3. Okon Edet Uya, Historia de la esclavitud negra en las Américas y el Caribe, editorial Claridad, Buenos Aires, 1986.
4. Los apellidos de estos esclavistas conforman el sistema de poder. Entre ellos se encuentran: José de María Martinez de Hoz, Martín de Alzaga, Ventura Marcó del Pont, Francisco Antonio Beláustegui, Juan F. Terrada, Martín de Sarratea.
5. Ídem cita 2.
6. Coria, Juan Carlos, Pasado y presente de los negros en Buenos Aires, editorial Roca, Buenos Aires 1998. También Binayan Carmona, Narciso, “Pasado y permanencia de la negritud”, Todo es Historia, Nº 162, Buenos Aires, 1980; Schavelzon, Daniel, Buenos Aires negra, editorial Emecé, Buenos Aires, 1999.
7. Ídem cita 2.
8. Ingenieros, José, La locura en la Argentina, editorial Losada, Buenos Aires, 1955.
9. Corbiére, Emilio, “El genocidio negro en la Argentina”, Argenpress, 12 de abril de 2013. Esta revista fue fundada seis años antes que Carlos Marx y Frederic Engels crearan la primera internacional.
10. Natale, Oscar, Buenos Aires, negros y tango, Peña Lillo editor, Buenos Aires, 1984. También Villanueva, Estanislao, “El candombe nació en África y es rioplatense”, Todo es Historia, Nº 162, Buenos Aires, 1980.
11. Este mito que caracteriza a nuestro país en el mundo, sigue presente en la actualidad. Los atentados racistas contra los negros son algo cotidiano en EEUU. El 18 de junio de este año en Carolina del Sur un joven blanco llamado Dylan Roof entró armado a una Iglesia Africana Metodista y asesinó a 9 personas. Luego de ser detenido dijo que tenía que hacerlo porque los negros “violan mujeres y están tomando nuestro país.” Pero lo más llamativo fue cuando declaró que defendía a los países de supremacía blanca. Entre los que admiraba estaba Argentina como una nación compuesta exclusivamente de ciudadanos blancos.
12. Diario La Nación, 26 de noviembre de 1996.
13. Foucault, Michel, Genealogía del racismo, Caronte ensayos, Buenos Aires, 1996.
14. “El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir límites, ni gravar con impuesto alguno la entrada en territorio argentino de los extranjeros que tengan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar la ciencias y las artes”. Inicialmente la idea era incluir a españoles, italianos y judíos los grupos que se excluían explícitamente ya que -como decía Alberdi- “las razas que podían mejorar la especie eran aquellas que provenían de Inglaterra y Francia”. Este artículo fue mantenido en todas las reformas constitucionales y llega hasta la actualidad.
15. Costanzo, Gabriela, Los indeseables. Las leyes de residencia y Defensa Social, editorial Madreselva, Buenos Aires, 2009.
16. Ruchansky, Emilio, “¿Negros en Buenos Aires?”, Argenpress, 4 de febrero de 2003. Sarmiento, Domingo Faustino, Civilización y Barbarie, editorial Hispamérica, Buenos Aires, 1980.
17. Ingenieros, José, Sociología Argentina, editorial Losada, Buenos Aires, 1946.
18. Entre otros textos de una importante investigación sobre los negros en la Argentina citamos “Pasado y Presente del aporte africano en la identidad cordobesa contemporánea” María José Becerra, Diego Buffa, Claudia García, Juan José Vagni, Juan Manuel Zeballos en http://www.alapop.org/2009/images/DOCSFINAIS_PDF/ALAP_2008_FINAL_275.pdf (link is external)
19. Lipcovich, Pedro, diario Página/12, 30 de diciembre de 2012.
20. Pereyra, Glasy, “El pianista Miguel Angel Estrella recuerda la tortura en Uruguay” en http://glasypereira.blogspot.com.ar/2014/01/el-pianista-miguel-angel-estrella.html

Fuente original del post: http://www.topia.com.ar/articulos/discurso-racista-invisibilizacion-afroargentinos

Fuente de las Fotos:  Archivo online INADI. Campaña AFROARGENTINOS Censo 2010

viernes, 6 de junio de 2014

Mundial 2014: Mitología Argentina e Inspiración




jueves, 26 de mayo de 2011

Clarín: ARGENTINOS, ASÍ SOMOS, ASÍ NOS VEMOS

¿Qué es ser argentino?  

DIARIO CLARIN Domingo 23, Mayo 2010

MESA DE LOS GALANES DEL BAR EL CAIRO DE ROSARIO, DONDE FONTANARROSA TOMABA CAFE 
Ricardo "Negro" Centurion, Folclorista


Los argentinos somos
catedráticos en el tema que aparezca. Nos vamos de una punta a la otra, según quien nos chumbe. Pasamos de ser los mejores del mundo a lo peor. Me acuerdo haber dicho alguna vez '¡qué país de mierda que tenemos!, esto en Europa no pasa', pero sí pasa.

Tenemos las mejores mujeres, la mejor carne, el mejor fútbol. Debe tener que ver que no nos quisimos reconocer como hijos de inmigrantes y eso nos dejó en una nebulosa que heredamos.

Depende del que te pregunta: si alguien te encara mal, le decís que somos los mejores, pero si otro te dice 'qué gente buena', le retrucás: sí, pero no nos conocés a todos...

Ser argentino es decirles a todos los pesimistas amargos un pensamiento que acuñó el "filósofo" Augusto Pantarotto, un arquitecto, que decía: 'Es mentira que seamos un país de pelotudos, no están todos los pelotudos acá, no nacen geográficamente, pelotudos hay en todas partes del mundo'.

Pasa igual con los buenos, los regulares y los malos, están en todo el mundo, el problema es el poder que le damos a cada uno de los rubros.

EL HOMBRE QUE MEJORA LOS PASOS

Fidel Aquino, lustrabotas

Me siento bien argentino cuando puedo mantener a mi familia. Amo a mi país. El problema es que estamos muy divididos. Salís de Buenos Aires y la gente tiene muchas necesidades, y no debería ser así.

Me hace sentir más argentino el turista, porque valora lo que nosotros no valoramos. Dice ¡qué país tienen!

ARQUITECTA DE TONELES
Eliana Bormida, Diseñadora de bodegas
Pertenezco a esa mayoría que piensa que no hay líderes ni ideales. Y no es que estemos anestesiados, estamos revueltos, confundidos y descentrados.

Ser argentino es un sentimiento difícil de traducir. Es orgullo por salir adelante. Pero somos un sujeto social complejo, donde conviven actitudes de miseria y de grandeza.


SECRETOS DE ESTAÑO
Pedro Álvarez, mozo del Florida Garden
Me siento más argentino cuando los políticos hacen las cosas bien. Es un lindo país, más allá de los altibajos.

Vivimos tranquilos, cuando en otros lugares viven en guerra.

Yo, encima, tuve la suerte de que nunca me faltó trabajo. Eso me hizo sentir siempre muy argentino.

En el bar escucho de todo, pero nunca eso de 'yo no quiero ser argentino'.

Tenemos que festejar el Bicentenario, espero que la gente se enganche con los festejos.
Nosotros mismos siempre usamos la escarapela en la chaqueta, porque me gustan mucho los días patrios.


MADRE DEL DOLOR
Silvia Irigaray. Su hijo, Maxi, fue asesinado el 29 de diciembre de 2001
Me voy a sentir más argentina el día en que nuestra asociación cierre, por el fin de las muertes por la inseguridad. Lo mejor que podemos hacer nosotras es abrazar, contener, escuchar a la mamá que pierde a su hijo por la violencia injusta y el gatillo fácil. Igual estoy orgullosa de la identidad nacional, el país no tiene la culpa de lo que me pasó.




UNA VOZ EN LA CORDILLERA
Andrés Gabrielli, periodista de Radio Nihuil
No me sale enarbolar la escarapela, ni me gustan los temas patrióticos, porque dividen a la gente. Aquí tenemos relaciones, incluso coloniales, con los chilenos, que implican cierto 'patrioterismo' de uno y otro lado. Entiendo que los pueblos necesitan de los relatos históricos para forjarse, pero a mí el Bicentenario no me mueve un pelo.


EL VIOLINISTA
Eduardo Ludueña, de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

Ser argentino es luchar todos los días por lo que uno quiere. Como cuando leemos una partitura o seguimos al director y prevemos la nota o el pasaje siguiente, deberíamos, como sociedad, pensar siempre un poquito más adelante, ser creativos e imaginar alternativas a las situaciones que estamos viviendo. Y con un poquito más de humildad.

Me siento más argentino cuando toco un tango. Formar oyentes y músicos entre las jóvenes generaciones es fundamental. Plantearlo todos los días, para generar un cambio a largo plazo, sería muy valioso. Pero falta apoyo a la cultura nacional.



UN PULMON SOBRE RUEDAS
Arturo López, camionero, lleva oxígeno a los hospitales de todo el país
Este país es fabuloso, no lo cambiaría por nada del mundo. Hay lugares hermosos, que la gente ni sabe que existen. Muchos se amontonan en una playa o se van a Brasil, pero acá hay de todo para disfrutar en vacaciones y compartir vivencias con gente buena.

Fui colectivero de la 60, pero la Capital me cansó, mucho quilombo, mucho tránsito, robos. La Patria es también el interior del país.

Convertirme en camionero fue un alivio para mí, me fascina andar por las provincias. Y ahora, encima, hago algo importante: me dedico a salvar vidas, porque si yo no llego, mucha gente no respira, ja, ja, ja.

UNA GACELA EN EL COLON
Maricel de Mitri, primera bailarina

Siempre sentí ser argentina como algo exótico, multicultural, lleno de riqueza y con algunos vicios también pero, sin dudas, es mi lugar en el mundo.

Me cruzo a diario con talentos, con deseos de cambio, de crecimiento, de nobleza.
Nuestra patria de 200 años es muy joven. Tal vez por eso siento nuestra identidad algo adolescente, llena de contradicciones y con un rumbo indeciso. Así, actitudes que son virtudes, como la capacidad de adaptación, la creatividad para la supervivencia o el dominio de la improvisación pueden, al mismo tiempo, ser obstáculos para planificar estructuras sólidas y existe dificultad a la hora del trabajo en equipo.

Esas cosas nuestras, de desordenados, de cruzar por el medio de la calle, de hacer las cosas como no se deben, son encantadoras en muchos lugares y hasta uno mismo dice 'qué bueno, qué bien, qué relajados que somos'.

Sin embargo, para lo que hace a una estructura de país en el que se pueda convivir con tanta gente, con tanta diversidad de necesidades y de posibilidades, termina siendo una dificultad.


LA LEY DE LA EXPERIENCIA

Aída Kemelmajer de Carlucci, jueza, 26 años en la Corte Suprema mendocina
Para nosotros, ser argentinos es sentirnos hijos de los inmigrantes, con nuestras raíces, pero echadas por ellos, nos sentimos parte de esa tradición inmigratoria.

Nosotros somos una Justicia más democrática, de puertas abiertas, pero, a su vez, somos una Justicia más desprestigiada.

El problema de nosotros, los argentinos, es que no sabemos trabajar en grupo. Lo mejor son nuestras individualidades. Y lo peor es esta falta de visión grupal en el trabajo.



ALTAS CUMBRES
Walter Bressia, enólogo
Trabajamos 20 años para decir con mucho orgullo que uno es productor de vinos argentinos.
Eso significa que se ocupa un lugar en el mundo, que no somos desconocidos, que formamos parte de una exportación que define al país.

Creo que estamos haciendo patria desde una Argentina empresaria.

Vemos, sin embargo, que el mensaje político que enviamos como país no acompaña ese esfuerzo que hacemos como industriales.

Tendría que ser un esfuerzo complementario, de ayuda mutua y objetivos comunes, creo que en eso podemos mejorar, siempre se puede mejorar.

LA HERRERA

Ángela de Sabando, artista del metal

Ser argentina en este tiempo es difícil, porque siento que en muchas cosas estamos involucionando. Estas técnicas, como la herrería, se están perdiendo. La cultura del trabajo, también, cuando el trabajo curaría muchos de nuestros males.

Pensé alguna vez en irme, pero no es fácil.Venderíamos muy bien nuestros productos en Europa, tendríamos un auto cero kilómetro, plata y otra forma de vida, pero estar acá tiene otro precio. No en dinero, pero dejar toda tu cultura, tu país...

Yo tengo mis redes acá. Me dan fiado, la familia te ayuda. Son redes que son las que te apoyan cuando pasan crisis. El carnicero, el verdulero... Acá soy Angela, y allá no, sos la sudaca.

Les digo a mis hijos que estudien, pero también que aprendan un oficio, porque la habilidad les queda para siempre, por más que se produzca una crisis.

COLORES EN LA PIEL

Mariano Antonio, tatuador de famosos

Ser argentino es apostarle al país, con pequeños o grandes proyectos. Hay que poner esfuerzo y creer.

Algunos, en los últimos años, fomentan el no trabajar y eso se cambia apostando a la educación.

TESTIGO DE DOS CENTENARIOS

María Angélica Nan Ovejero, 106 años, monja
Ser argentina es rezar por todos, aceptar al otro y saber perdonar. Es darle un pan al que lo necesita y ayudar al hermano, por más que sea de otro partido político.
La democracia es eso, tener dos panes y dar uno.

Yo era una nena de seis años en 1910, me acuerdo de la gente que festejó en las calles, del cometa Halley y de los hombres que encendían los faroles.


JOVEN PROFESIONAL

Laura Iannazzo, relacionista pública

Ser argentina es vivir y pelear por nuestro país. Tener la esperanza de que alguna vez vamos a lograr la estabilidad económica, social y política. Es acostumbrarnos todo el tiempo a los cambios.

Me enorgullece que este país haya abierto sus puertas a tantos inmigrantes, que fueron todos bien recibidos, se integraron y, junto a los argentinos de esa época, construyeron el país que tenemos ahora.

Me gustaría que nos respetemos un poco más.

EL GENDARME DE USPALLATA

Omar Isasi, Comandante, segundo Jefe del Escuadrón 27, de Punta de Vacas
Aquí, al pie de la Cordillera de los Andes, me siento muy argentino: es uno de los lugares donde uno se siente que está haciendo patria. Y muy particularmente en el invierno, que es cuando se complica.

Ayudamos a los camioneros a que puedan salir del atasco en la nieve y transportar sus mercaderías. De esa manera, pienso que colaboramos con el crecimiento económico del país.

Estoy convencido de que el crecimiento de un país tiene que ver con la mejora de los caminos y los pasos internacionales, para llegar a lograr que, tras un temporal de cuatro o cinco días, estas personas puedan llegar a destino y regresar con sus familias.

Me siento menos argentino cuando alguien comete un error y se niega a reconocerlo.



CUERO DURO
Fredy Domínguez, talabartero de San Telmo

Algo que recogí viajando por el exterior, y me llena de orgullo, es que me hayan dicho: ¡Qué nivel de conciencia y participación política que tienen en la Argentina!

Eso quiere decir que no sólo somos reconocidos por la soberbia.

Por mi historia, me identifiqué con el deporte argentino, con los campeones de box. Mi viejo boxeó y yo de chico seguí a Accavallo, Locche, Monzón, Bonavena.

Me gustaría que las próximas generaciones tengan objetivos e ideas frescas para hacer el recambio. Esa es una de las deudas.



EL SOLDADO SOLIDARIO
Rubén Rada, veterano de Malvinas

Ser argentino es complicado. Hay mucho desencuentro. Belgrano era un capo, pero lo único que dicen de él es que creó la bandera; San Martín hizo miles de cosas, pero lo representan en forma simplificada, en el cruce de los Andes; Moreno parece que se murió de un ataque al hígado... El desencuentro impide que se cuente ampliamente la verdad histórica. Esos tipos eran revolucionarios. San Martín cruzó la Cordillera escupiendo sangre, por eso lo bancaron los soldados. Y ¿qué le pasó?, no pudo volver nunca más.

Es muy raro ser de acá: cuando hablás de bandera sos un facho y cuando hablás de pobres sos un zurdo.

No hay que reconquistar las Malvinas con fusiles, sino con 500 universidades públicas, miles de escuelas, trabajadores soberanos. Si hacemos eso, los pibes traen a las islas de vuelta.

Pero, a pesar de todas las que pasamos, está bueno ser argentino, la vaquita sigue dando leche y el desafío es ese, que el reparto llegue a todos. Por eso cocinamos para los pibes de la calle y rompemos las bolas. Malvinas es una gran excusa para la unidad nacional, que los de abajo nos merecemos.

Está bien festejar el Bicentenario y tirar fuegos artificiales, pero estaría mejor que repartan libros de Castelli, San Martín, Mariano Moreno y Belgrano.


EL FUTURO EN TUBOS DE ENSAYO
Diego Golombek, neurocientífico
Llevo el ser argentino como el caparazón de la tortuga.

Es una sensación muy fuerte de pertenencia, de saber que formás parte de un engranaje en el cual todas las piezas cumplen alguna función.

Podemos reconocernos un poco más en los defectos que en las virtudes. Hay defectos colectivos que uno comienza a amar/odiar, es un tema inagotable.

Ese culto al azar, a la improvisación, a la falta de horarios, a la falta de respeto por el otro... Finalmente, terminamos atando las cosas con alambre en todos los órdenes de la vida y la ciencia no está ajena.


UN HOMBRE SENTADO AL PIANO
Eduardo Massone, pianista y Licenciado en artes musicales
El argentino tiene características muy buenas, dificilmente se encuentre a gente más eficaz, capaz de hacer muchas cosas en poco tiempo.

Sin embargo, hay cosas negativas, como la violencia y la intolerancia.

Creo que, en estos 30 años de sucesión democrática, tendríamos que haber avanzado en una solución.

Lo mismo para las cosas cotidianas, como respetar al peatón que cruza la calle.



EL ARTE Y LA RAZON
Silvia Rubinson, pintora y psicoanalista

Me encanta el castellano, me encanta la literatura. En cuanto a las dos vocaciones que tengo, que son el psicoanálisis y las artes plásticas, la Argentina es un país donde hay muchos y muy buenos maestros, lugares de enseñanza, sitios para expresarse, para dar.

Si bien eso no tiene tanto reconocimiento del Estado, la gente es increíble: creativa, luchadora, que va al frente. Eso me emociona, así como la cultura del bar y la amistad.

GUITARRISTA DE MONTAÑA
Raúl "Tilín" Orozco, puestero y socio de Gustavo Santaolalla

Tengo todo para ser argentino: la bondad y la maldad in situ, y la música, y la montaña, y el fuego. Lo que quiero, lo que no quiero...

Formamos un país muy joven, con todos los inconvenientes que trae la pubertad y la juventud, de ser un poquito arrebatados, de estar equivocándonos y aprendiendo.

Me siento menos argentino cuando nos queremos hacer los norteamericanos o los europeos.


LOS COFRES DE LA FANTASIA
Rubén "Corcho" Goldberg, librero del año

No podemos hablar del Bicentenario si no hablamos de libros. Moreno tradujo a Rousseau, Belgrano leía muchísimo. No hay revolución sin libros. Yo, con cierto humor e ironía, digo que 1810 fue una fiesta de porteños, porque 1816 es cuando se reúne el país, en Tucumán. Hoy, felizmente, creo que el Bicentenario es un hecho nacional.

JUVENILIA
Enrique Montes, profesor del Nacional Buenos aires
Para mí ser argentino es comprometerse, luchar por alcanzar una mejor calidad de vida y pensar que lo que pasa no es sólo culpa de los demás, sino que uno es artífice de su propia realidad. No sé si el mundo adulto les transmite ese concepto a los jóvenes, que ven el tema de la identidad bastante apáticamente.


EL QUE REMA EN EL RIACHUELO
Alejandro Mamani, botero

Soy descendiente de italianos, toda gente de trabajo, mi bisabuelo fue el primer botero entre La Boca y la Isla Maciel, hace 150 años.

Ellos fueron los que me inculcaron el amor por el trabajo y por este país.

Yo siempre hice algún trabajito, desde que tenía ocho años, y no porque necesitara, porque la verdad es que nunca nos faltó nada, pero era una forma de aprender a ganarse la vida en el futuro.


LA QUERIDA "POCHA"
Celia de La Rosa, auxiliar de una escuela
Para mí es un orgullo ser argentina porque nací acá. Soy hija de españoles y también ciudadana española, pero a mí me tira la Argentina. Acá hice mi vida, mis 84 años los viví acá, en San Telmo. Y me siento argentina cuando estoy entre medio de los chicos, mis amores.

LA MIRADA DISTINTA
Roberto Zaldívar, oftalmólogo de nivel mundial
Ser argentino es adecuarse a una vida repleta de vaivenes. Siempre tuve la esperanza de que nos acercáramos al Primer Mundo, pero padecimos demasiados altibajos. Los de mi generación hemos vivido la cantidad de variables más grande que una persona puede tener en una vida.
Falta que los gobiernos se complementen, no al revés.


EL DIPUTADO DEL MILAGRO
Jorge Rivas, socialista, sobreviviente de la inseguridad

Ser argentino es un sentimiento difícil de traducir en palabras, pero podríamos decir que se siente un gran orgullo por varias razones, pero, tal vez, la fundamental sea nuestra capacidad como sociedad para sobreponernos a las adversidades. Somos un sujeto social complejo donde conviven actitudes de miseria y de grandeza. Y tenemos una mayoría trabajadora silenciosa por la que siento mucho afecto.

Me parece que entre otros defectos somos peligrosamente desmemoriados, volvemos sistemáticamente a tropezarnos con la misma piedra y no lo digo por nuestra historia remota sino por la reciente. Casi que nos acostumbramos a convivir con la adversidad, tanto, que cuando no la tenemos, la extrañamos. Sería interesante que nos tornáramos más previsibles. Sin duda, eso nos haría vivir mejor.

SUERO Y AMOR
Marcela Rojas, enfermera del hospital de niños de La Plata
Vine desde el Chaco muy jovencita y, con mucho esfuerzo, logré una licenciatura y un título de posgrado. Por eso pienso que cuando uno se lo propone puede conseguir sus objetivos. Eso es lo que me hace sentir argentina.

Sueño con un país de oportunidades para todos, donde haya mayor equidad y trabajo.

CUSTODIA DEL PROCER
Elvira Buccolo, historiadora y directora de un archivo que guarda documentos de San Martín
Estamos en un momento histórico. Todo lo que hagamos estos días va a pasar a la posteridad.
Es mi tarea evitar que haya confusión entre el 25 de Mayo y el 9 de Julio. Se cumple el Bicentenario del primer gobierno patrio. Y recién en el 2016 vamos a tener el Bicentenario de la Libertad, de la Independencia.


UN AMIGO DE BORGES
Félix Della Paolera "Grillo", poeta, traductor y periodista
Ser argentino es un esfuerzo cotidiano, porque cada día uno trata de ser optimista, pero se lo impiden los sucesivos gobiernos. Igual, uno nunca renuncia a su identidad.

Me hace sentir orgulloso aquello referido a la cultura. Por ejemplo, me acuerdo que, en París, entré al museo Pompidou y vi que la sala de lectura se llamaba Jorge Luis Borges. También hay un hotel que tiene en la entrada dos placas, una dice: "Aquí murió Oscar Wilde" y la otra: "Aquí solía hospedarse Jorge Luis Borges". Me parece que son datos relevantes de nuestra identidad cultural.

Lo que no me agrada es la manía de los gobiernos de querer perpetuarse en el poder, en vez de atender los problemas. Con la tercera parte de la deuda, por caso, podrían construirse 3 ó 4 millones de casas.
LA RESERVA DEL MUNDO
Marta Ghidella de Hurtis, geofísica del Instituto Antártico argentino
Me siento argentina al encontrar caras y expresiones familiares en todo el territorio. Y me emociono hasta las lágrimas por mi país, al sentir siempre el deseo de renovar la experiencia de ver y sentir los Andes australes, el canal Beagle, la Isla de los Estados, el pasaje de Drake y la península antártica.

Me agrada la geografía del país y la amabilidad que hay entre la gente. También la riqueza de nuestra historia, los institutos de investigación y los laboratorios.
Me disgusta la frivolidad y la corrupción tan generalizada.



EL CUIDADOR DEL MONUMENTO A LA BANDERA
Ricardo Vargas, ascensorista y jefe de mantenimiento
Para mí es un orgullo ser argentino. Tenemos un país maravilloso. Están haciendo todo lo posible para tratar de fundirlo, pero no pueden.

Hay que seguir trabajando y darle para adelante, lo que pasó, pasó.

Mi servicio a la Patria es muy modesto: mantengo en buen estado este lugar. Eso sí, les pido a los chicos que no escriban las paredes.


LA SEÑORA DE LA TONADA
Juanita Vera, cantante
Me siento argentina cuando canto, es algo que me gusta y, está demostrado, hace bien al alma.
Cuando canto, transmito todo. Y me emociono con el tema 'La calandria prisionera'.

Hemos vivido penas y alegrías en este querido país. Pero para mí, el secreto es vivir unidos, muy unidos.


DESDE LA CIMA
Heber Orona, montañista

Cada vez que hago cumbre siento una tremenda emoción, porque más allá de saber que he logrado mi objetivo y mi desafío, después de un esfuerzo muy grande, siento que estoy representando a un país.

Allá arriba -del Aconcagua o del Everest- , me digo: 'Si yo lo pude lograr, lo podemos lograr todos'.
Gran parte de las montañas las tenemos en este país y son como mi casa. Un casa hermosa.



LAS MENTES DEL FUTURO
Faustino Chirino, alumno secundario

Desde el Himno hasta Charly García me emociona todo. Es un país enorme, me enorgullece el arte y la cultura que, si bien está bastante herida, es maravillosa.

El ser argentino es una construcción complicada porque es la culminación de un proceso histórico complejo, a lo largo de estos 200 años... poco a poco fuimos construyendo nuestra identidad como Nación.

Es muy lindo sentir la Patria dentro de uno.


GRANITOS REBELDES
Rebeca Rubinson, dermatóloga

Cuando viajo al exterior por algún congreso médico, me siento feliz de ser argentina, porque reafirmo el nivel de los profesionales de mi campo y que hacemos las cosas bien, a pesar de todos los obstáculos y los escasos recursos.

Podemos trabajar de igual a igual, somos miembros de academias internacionales, nos invitan y nos reciben gustosos en cualquier lado.

Lo que me duele, eso sí, es la miseria, la desigualdad y que digan que no somos un país creíble.

AYUDA A CONSTRUIR
José Meliton Sequeira, ladrillero

Es un orgullo muy grande ser argentino. No tengo tan presente el aniversario, 200 años... Hay de todo en este país, ni hambre falta, nada.

Puede ir a la escuela, hasta tercer grado nomás, y salí a trabajar a los 13 años. Nací en Santiago del Estero, en Salto de Julio, departamento Ojo de Agua. Y somos nueve hermanos: cinco varones y cuatro mujeres.

Mi trabajo es hacer barro y después cortarlo. Apilarlo, llevarlo al horno, quemarlo y recién después sale el ladrillo. Hacer el horno lleva cuatro meses. Es lo que hago por mi país.

Pagan poco. Por mil ladrillos pagan 55 pesos. Yo hago mil, mil doscientos, mil trescientos por día. Hay mucha gente en negro, lamentablemente, no hay otra. Eso tendría que cambiar.



LOS OBJETOS DE SAN TELMO
Roberto Santostefano, anticuario

Me siento argentino cuando puedo reconocerme en la historia, mirando el pasado, la gente que fundó este país, de toda clase y color, porque el que desprecia la historia, desprecia todo.
Lo triste es no ver a la Argentina floreciente, como tendría que estar, por las malas administraciones y por haberle sacado los libros a la gente. Mi esperanza es que alguien se ocupe de eso y de todas las cosas que pasan.

Pido que los gobernantes sean honestos y que los chicos puedan estudiar sin tener problemas, sin tener que pedir por la calle. Eso es lo que más me avergüenza, los pobres, los que no tienen ni para comer un plato de sopa.



ABUELA DE PLAZA DE MAYO
Sonia Torres, 80 años

Lo primero que se me ocurrió es relacionar la gesta de Mayo con la lucha de generaciones posteriores que levantaron las mismas banderas y, muchas veces, pagaron con su vida.

Como argentina y como Abuela de Plaza de Mayo, creo que es un momento para reflexionar y también para soñar. Soñar que pronto vamos a devolverles a los 400 nietos que aún nos faltan su verdadera identidad.

Nosotras necesitamos terminar la búsqueda, porque el tiempo de las Abuelas inexorablemente se acaba.

Mi anhelo más grande es encontrar a mi nieto, para recrear en su carita esas caras que quedaron congeladas hace 34 años. Lo único que espero es encontrarlo. Lo busco, lo llamo... amanezco con la esperanza intacta de que algún día lo voy a encontrar.




POLITICO DE PROVINCIA
Carlos Balter, Partido Demócrata

Plantarse frente a la adversidad, eso es ser argentino. Y es reconocer que el Bicentenario nos encuentra con muchas cosas pendientes, en un país que aún tiene que integrarse y atender muchas situaciones con su gente.

Si uno piensa en Saavedra Lamas, Leloir, Milstein o en Borges, Julio Bocca o Del Potro, es muy fácil ser argentino. Pero si pensamos en el grado de marginación, de pobreza, en la falta de posibilidades, de educación, la verdad es que resulta mucho más difícil.

Hay que tratar de ayudar en el esfuerzo colectivo de un país que le debe oportunidades a una cantidad enorme de excluidos que tenemos. Ser argentino es buscarle la vuelta a ese problema, entre todos.