Por Norberto Chaves
La identidad Nacional no es más que una lista de rasgos recurrentes, tenaces, inmodificables(?), que se transmiten involuntariamente de generación en generación y trascienden las fronteras de la clase social.
Un menú que articula en el espacio y en el tiempo, el "nosotros".
Estos rasgos se van incubando lentamente, en silencio, y van aflorando y manifestándose en acciones distintivas y autónomas. Lo que, en el fondo, los
caracteriza no es tanto su singularidad como su autonomía. La identidad no
pide permiso, pues no es voluntaria sino inevitable; mientras uno es, no lo nota. Uno es universal. Para ser es necesario diferenciarse: somos lo que no es lo otro.
Si algunas culturas primitivas consideraron que autodenominándose "seres humanos" era suficiente, ello se debió sin duda a que les bastaba saberse algo distinto de la naturaleza. Eran "una cultura" sólo una de tantas, pero lo ignoraban. Eran por lo tanto "la humanidad". Su "otro" era todavía lo natural, como en el Edén. Eran a "grosso modo". Es decir que al principio para notar nuestra singularidad nos bastaron las bestias. Pero para ser una nación hacen falta otras naciones. Para que la identidad colectiva aflore como conciencia hacen falta los otros.
Fuente y Créditos ver en: http://www.idarg.com/