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lunes, 12 de mayo de 2014

Convencernos que somos capaces


Convencernos

Convencernos que somos capaces,
que tenemos pasta y nos sobra la clase.
Decidirnos en nuestro terreno
y tirarnos a más, nunca a menos.

Convencernos, no ser descreídos
que vence y convence el que esta convencido.
No sentir por lo propio un falso pudor,
aprender de lo nuestro el sabor.

Y ser, al menos una vez, nosotros,
sin ese tinte de un color de otros.
Recuperar la identidad,
plantarnos en los pies
crecer hasta lograr la madurez.
Y ser, al menos una vez, nosotros,
tan nosotros, bien nosotros, como debe ser...

Convencernos un día de veras,
que todo lo bueno no viene de afuera.
Que tenemos estilo y un modo,
que hace falta jugarlo con todo.

Convercernos, con fuerza y coraje
que es tiempo y es hora de usar nuestro traje.
Ser nosotros por siempre, y a fuerza de ser
convencernos y así convencer.

Y ser, al menos una vez, nosotros,
sin ese tinte de un color de otros.
Recuperar la identidad,
plantarnos en los pies
crecer hasta lograr la madurez.
Y ser, al menos una vez, nosotros,
tan nosotros, bien nosotros, como debe ser...

Queremos ser, alguna vez,
en el después nosotros.
Y vos también, y vos también,
y vos también venite con nosotros.
La realidad es, en verdad,
tratar de ser nosotros.
Y vos también, y vos también,
y vos también quedate con nosotros.
¡No con otros, con nosotros, como debe ser!
(Eladia Blasquez)

jueves, 1 de mayo de 2014

Radiografía del laburante argentino.


Una encuesta reveló que el 90% de las personas continuaría trabajando si se ganara un premio millonario. Además, la mayoría le da más importancia al clima laboral que al dinero. Radiografía del "laburante" argentino.  El artículo completo aquí.


viernes, 28 de junio de 2013

Los argentinos según el Papa Francisco






por Juan Arias (Diario EL PAIS Junio 2013)

Dos años antes de ser papa, el entonces cardenal arzobispo de Buenos Aires, Bergoglio, dijo al rabino Skorka lo que él pensaba de los argentinos.

Cada vez que en el libro "Sobre el Cielo y la tierra" , Francisco hace alusión a su país, Argentina, lo hace con una mezcla de amor, dolor y pasión.

Se ha aireado el tópico de que ahora el Papa es de todos y que por tanto no tiene más nacionalidad. No es así. Todos los papas del pasado han seguido manteniendo vivo su origen.

Basta pensar al papa polaco, Karol Wojtyla, al italiano, Giovanni Montini, o a los primeros papas procedentes del Oriente. Así, Bergoglio, se presenta siempre como argentino y cuando habla de los argentinos lo hace con sentimientos fuertes de pertenencia.

Las críticas van dirigidas si acaso a los políticos de turno o a los religiosos burgueses y acomodados.

A sus gentes las ama y las analiza con agudeza y cariño a la vez.

En el prólogo titulado "El frontispicio como espejo", recuerda que en la catedral metropolitana de Buenos Aires, se reproduce la historia bíblica de José con sus hermanos. Y comenta: “Décadas de desencuentro confluyen en ese abrazo".


Para Francisco "Hay llanto de por medio y también una pregunta entrañable: “¿Aún vive mi padre?”, la pregunta que José hace a sus hermanos.

Francisco recuerda al rabino Skorka que aquella escena fue colocada allí en el frontispicio de la catedral bonaerense, como el “anhelo de encuentro de los argentinos”, ya que la escena “apunta al trabajo por instaurar una “cultura del encuentro”.

Y ahí el Papa dice: “Varias veces aludí a la dificultad que los argentinos (en primera persona) tenemos para consolidar esa cultura del encuentro”.

Y al dolor: “Más bien parece que nos seducen la dispersión y los abismos que la historia ha creado. Por momentos llegamos a identificarnos más con los constructores de murallas que con los de puentes”, escribe.

¿Qué les falta según pues a los argentinos? se interroga el papa Francisco que se coloca siempre como uno más de ellos asumiendo su propia responsabilidad.



“Faltan el abrazo, el llanto y la pregunta por el padre, por el patrimonio, por las raíces de la Patria. Hay carencia de diálogo”.

Y -socrático- vuelve a preguntar: “¿es verdad que los argentinos no queremos dialogar?”.

Para Francisco el problema de los argentinos es que“sucumbimos víctimas de actitudes que no nos permiten dialogar, como la prepotencia, no saber escuchar, la crispación del lenguaje comunicativo, la descalificación previa y tantas otras” afirma.

Y aprovecha el Papa para exponer no sólo a sus conciudadanos, sino esta vez a todos nosotros, lo que para él debe ser el diálogo: “una actitud de respeto hacia otra persona, de un convencimiento de que el otro tiene algo bueno que decir; supone hacer lugar en nuestro corazón a su punto de vista, a su opinión y a su propuesta”.

“Dialogar entraña una acogida cordial y no una condena previa. Para dialogar hay que bajar las defensas, abrir las puertas de casa y ofrecer calidez humana”.

Francisco en su prólogo, comentando el tema del diálogo quiso exponer también“las barreras que en lo cotidiano impiden ese diálogo” franco y respetuoso.

Esas barreras son, según él “la desinformación, el chisme, el prejuicio y la difamación”. Todas esas barreras -dice Francisco- “conforman un cierto amarillismo cultural que ahoga toda apertura hacia los demás. Y así se traban el diálogo y el encuentro”.

Francisco no pierde sin embargo la esperanza y recuerda a sus compatriotas que el “frontispicio de la Catedral está allí, como una invitación”, al encuentro y al diálogo entre todos los argentinos.



martes, 28 de junio de 2011

Eufemismos Argentinos

En el siguiente artículo, Borges ofrece un diccionario de
eufemismos "argentinos":


"El dictamen francés de que la hipocresía es el tributo que el vicio paga a la virtud corresponde con precisión a Tartufo o a ciertos personajes de Dickens, no a la hipocresía argentina, que es de otro orden. El hipócrita, entre nosotros, se jacta de esa miseria necesaria, el dinero, o de esa otra miseria, la fama. Consideremos una de sus obsesiones: la imagen argentina. Adelina del Carril, viuda de Ricardo Güiraldes, vivió diez años en la India, cuya cultura es una de las más complejas del orbe.

A su vuelta, le preguntaron: ¿Qué dicen de nosotros en la India? Nada le preguntaron sobre las tierras que había conocido. Yo tuve una experiencia análoga. En un aula de Nueva York hablé sobre la obra de Kafka. Un compatriota, a quien muy poco le interesaría esa obra, me dio las gracias porque yo había mejorado, esa tarde, la imagen argentina..."  (leer más)







Quien también ha comentado acerca del uso que en nuestra sociedad hacemos de los eufemismos, es el periodista Jorge Lanata en su libro ADN :
 "Nuestra existencia cotidiana transcurre acolchada por eufemismos de todo tipo, aunque no en todos los casos somos víctimas temerosas, otras veces somos cínicos victimarios y elegimos disfrazar los resultados de prácticas atroces...."

martes, 31 de mayo de 2011

Nosotros(los argentinos) y los otros


Un texto de Hernán Brienza en Crítica Digital.
Culturas  6 febrero de 2010
http://lacalva.blogspot.com/
Gentileza de: lacalva
Siempre pensé (y sigo pensando) que quien no sale de sí mismo, quien no se enajena para mirarse, quien no se reflexiona desde afuera, lleva en su pecho el germen de la hijoputez. Siempre supe que quienes actúan decididos, quienes creen tener la razón y actúan en consecuencia con su tozudez se convierten en pichones de fascistas, sean estas personas del color y del sexo que elijan ser: aun cuando se disfracen de víctimas, aun cuando se disfracen de progresistas. Y siempre supe, claro, que el autoritarismo no es otra cosa que una gran demostración de ignorancia, que no es exactamente lo mismo que falta de ilustración. Emmanuel Levinas, ese gran filósofo humanista judío, sostiene que uno es responsable del Otro y que se hace cargo de ese otro cuando lo mira al rostro, cuando comprende que el rostro de ese Otro es también nuestro propio rostro. Si se me permite la humorada, uno podría decir que cuando más Otros vea uno, más responsable de Otros se hace. Es decir, para escaparse del autoritarismo propio no sirve mirar embelesado nuestro propio rostro al espejo muchas veces ni viajar en muchas oportunidades a un solo lugar. Estoy por hacer, claro, un elogio del viaje.
En enero tuve la oportunidad de viajar a México y a Cuba para mirar rostros, para vivir entre su gente, para caminar por las calles del De Efe y de La Habana, para sumergirme en las librerías de viejos de la calle Donceles, ahí muy pegadita al Zócalo, y para respirar el aire húmedo del Malecón repleto de muchachas y muchachos que se debaten entre mirar hacia Miami o sostener las fachadas de las casas que se derrumban sobre el Malecón. Pude comprobar que, como decía Mario Benedetti, en La Habana “hay mulatas en todos los puntos cardinales” y que México es un país habitado por gente que tiene dos mil años de historia en su rostro y los muestran en cada mirada de altivez o sumisión.
Viajar sirve para mirar al Otro. Y mirar al Otro significa, en una dialéctica irrefutable, mirarse a sí mismo. Quien viaja se recorre. Durante el viaje uno sabe quién es, porque se reconoce en los Otros. Mi Virgilio mexicano, Juan José Carrillo, un lúcido politólogo de la UNAM –esa “monstruosa” ciudad universitaria pensada para un país con destino de grandeza. Digresión dentro del entreguionado: los murales de Juan O’Gorman de la biblioteca de la universidad son mucho más apabullantes de lo que uno puede percibir en las fotos– me acompañó por las librerías y me regaló un tomo de un libro clásico de la filosofía política de su país: La raza cósmica, escrito por José Vasconcelos en 1925.
Nacido a finales del siglo XIX, Vasconcelos fue el hombre de cultura más importante de la poderosa y romántica Revolución mexicana. Para cumplir con mi rol de turista cursi, decidí sentarme a leer el libro en el Café de Tacuba, mientras me servían un café con leche con pan dulce y una concha de miel chocolate (perdón por la broma chusca). En las primeras páginas, Vasconcelos realiza un estudio positivista del origen y el futuro de las razas que hoy puede resultar apenas pintoresco, pero hacia el final de su trabajo, el autor del Ulises criollo publica una serie de crónicas de viaje que incluyen a Brasil y la Argentina.
Obviamente, me leí de un tirón esas crónicas, consciente de que había entrado en una paradoja intelectual digna de los guionistas de Lost, es decir, estaba conociendo(me) México a través del recorrido que un mexicano hacía de sí mismo en su viaje a la Argentina. (Juro que en ese momento temí que me comenzara a sangrar la nariz). Y Vasconcelos es muy generoso con la Argentina. Dice: “En el siglo de Independencia no ha habido país latinoamericano que iguale a la Argentina en cultura. Será uno de los primeros países del mundo así que se incorpore el río Paraná. Entonces, sólo los Estados Unidos y el Brasil podrán competir con ella… Es el foco mayor de la cultura española en el continente… La organización social del país entero es la más avanzada del continente y esto le da un promedio mayor de inteligencia disponible… La Argentina será el faro en la noche hispanoamericana… Buenos Aires se convierte en el centro del pensamiento iberoamericano; Buenos Aires es nuestro París, la capital de nuestra América… El pensamiento argentino es claro, amplio y generoso, con algo de la vastedad de la pampa y la frescura de los grandes ríos. Pensamiento constructor, no destructor, optimista y sereno, genuinamente idealista, pero con solidez, sinceridad y equilibrio. La Argentina es a la vez el país más fuerte y el más hermoso de América”.
Cuando terminé de leer, el café, claro, estaba frío. Sacudí la cabeza con un gesto “malinchista” (de Malinche: Dícese de quien vive criticando lo propio, deporte preferido de los argentinos), y sonreí con templada nostalgia por mi país que en ese momento me quedaba tan al Sur. Le leí orgulloso el párrafo a Carrillo y me miró con una sonrisa piadosa: “Bueno, ahora no ocurre eso, precisamente”, dijo lacónico. Touché.
Esa noche cometí otra paradoja “lostiana”. Me conecté a internet para recorrerme (recorrer el país de uno siempre es recorrerse) en las palabras del filósofo español José Ortega y Gasset, quien visitó la Argentina tres veces entre 1916 y 1939. Y leí cómo en varios de sus trabajos escribió: “Acaso lo esencial de la vida argentina es eso, ser promesa… La forma de existencia del argentino es lo que yo llamaría el futurismo concreto de cada cual. No es el futurismo concreto de un ideal común, de una utopía colectiva, sino que cada cual vive desde sus ilusiones como si ellas fueran ya la realidad… El pueblo argentino no se contenta con ser una nación entre otras: quiere un destino peraltado, exige de sí mismo un futuro soberbio, no le sabría una historia sin triunfo y está resuelto a mandar… El argentino típico no tiene más vocación de ser ya el que imagina ser. Vive, pues, entregado, pero no a una realidad sino a una imagen. Y una imagen no se puede vivir sino contemplándola. Y, en efecto, el argentino se está mirando siempre reflejado en la propia imaginación. Es sobremanera Narciso. Es Narciso y la fuente de Narciso… ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presumen ustedes del brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres se resuelvan de una vez, bravamente, a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias, su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal”.
La parábola “lostiana” había sido completada. Era un argentino en México hurgando narcisísticamente en los recorridos que otros hacían de mí. Miraba al Otro sólo para mirarme a mí. Era un giro extrañamente leviniano. Tenía razón Ortega: los argentinos –políticos, periodistas, almaceneros, prostitutas, sacerdotes, intelectuales, taxistas, la chica que pasa frente al ventanal toda mojada por la lluvia y el diariero que protesta– estamos sumidos en un narcisismo que nos impide ver las cosas. Juan Domingo Perón decía que “la única verdad es la realidad”. Era una enseñanza de una profundidad inabarcable que no fue comprendida. Los argentinos seguimos creyendo que “la única verdad es la ficción que queremos imponerles a los demás”. Entonces, no nos vemos ni a nosotros ni a los Otros. Y seguimos siendo autoritarios. Porque queremos imponer nuestras ficciones a los demás. Fundamentalmente, porque nos ignoramos. Y porque somos narcisistas, que es la más sublime y elegante forma de ser ignorantes.

jueves, 26 de mayo de 2011

La opinión de extranjeros históricos.

Ultima pájina / Hospitalarios, ineficientes, melancólicos, estereotipados...

El ser argentino visto desde afuera

Rumbo al Bicentenario, opiniones autorizadas de extranjeros históricos

Sábado 16 de enero de 2010 | Publicado en edición impresa
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El ser argentino visto desde afuera
En la mayoría de los países permanece aún una verdad irreductible, como parte de un acuerdo basado en el derecho internacional: los de afuera son de palo a la hora de escuchar sus críticas. Sin embargo, sobre la Argentina, muchos viajeros autores de bitácoras, cuando abandonan sus propias latitudes afilan la punta al lápiz y esgrimen comentarios y observaciones sobre nuestras costumbres que nos sorprenden. Y lo hacen desde hace mucho.
Uno de los primeros fue Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución, que formó parte de la segunda expedición del buque HMS Beagle, comandado por Robert Fitz Roy entre 1832 y 1835. Hace casi dos siglos nos describió así, sintéticamente: "Los gauchos y hombres de campo son muy superiores a los que residen en las ciudades. El gaucho es invariablemente muy servicial, cortés y hospitalario. Por su parte, la policía y la Justicia son completamente ineficientes".
Y, 130 años después, otro británico, pero humorista, George Mikes, afirmaba en las páginas de su libro de viaje, Tango , escrito en 1963: "Todos los tangos tratan sobre el amor desdeñado o no correspondido, de la novia infiel, de los amigos traidores que nos robaron la novia, de la madre que no nos ama; de los tíos y de los sobrinos que no nos quieren; de las tías que tampoco nos quieren; del padre que nos quería muy poco y que abandonó a nuestra madre, y a nuestros once hermanos (todos los cuales nos odiaban) cuando teníamos sólo dieciocho meses de edad... Cualquier nación que haga de temas tan sombríos el material de su propia diversión, cualquier pueblo que se zambulla en semejantes océanos de la tragedia doméstica se tornará naturalmente un poco melancólico". Y... sí.
Saturado de juventud
En tanto, el suizo Aimé F. Tschiffely, recordado por unir a caballo Nueva York con Buenos Aires, escribió un manojo de relatos titulados Por este camino hacia el Sur. Un viaje a través de la Patagonia y Tierra del Fuego . Cuenta en uno de sus relatos: "Pronto entramos en un hotel de mala muerte y entramos en un patio cubierto de parras donde se servía la comida. Justo cuando estábamos a punto de sentarnos, un mozo vino a informarme que no se permitía a ningún cliente permanecer en el establecimiento sin llevar puesto un saco". Así, por el mozo, el viajero se enteró de lo importante y necesario que era llevar saco en ambientes más urbanos y entendió "que era un milagro que no me hubiera encarado la policía".
En los años 40, el escritor polaco Witold Gombrowicz, que llegó a la Argentina a comienzos de la Segunda Guerra Mundial y ganó fama a través de su novela Transatlántico , de 1953, afirmaba: "Este país, saturado de juventud, tiene una especie de perennidad aristocrática, propia de los seres que no necesitan avergonzarse y pueden moverse con facilidad. Aquí, únicamente el vulgo es distinguido. Sólo el pueblo es aristócrata. Unicamente la juventud es infalible".
Cuando en 1937, el filósofo español José Ortega y Gasset presentaba su libro Meditación del pueblo joven , aprovechó la ocasión y refirió: "Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos. No presuponen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día que sus hombres resuelvan de una vez, bravamente, abrirse el pecho a las cosas, ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales, que son egregias; su curiosidad, su perspicacia, su claridad mental secuestradas por los complejos de lo personal".
A fines de los años 70, tras una breve estada en la Argentina, el historiador británico Arnold Toynbee declaró: "El nacionalismo brasileño es irónico y ligero; el de los argentinos es romántico e intenso". Y allá por 1926, el científico Albert Einstein auguraba para nuestra patria "un gran porvenir económico y cultural". Expresó a los medios gráficos: "Buenos Aires es una ciudad cómoda, pero aburrida. Gente cariñosa, ojos de gacela, con gracia, pero estereotipados. Lujo, superficialidad".
De la pampa, poco
Otro hombre de ciencias, el filósofo y antropólogo francés Pierre Teilhard de Chardin manifiesta en su obra Nuevas cartas de viaje haber estado una semana en la Argentina, en noviembre de 1951, en ruta hacia Nueva York. Comenta: "He estado ocho días en Buenos Aires, una inmensa Marsella, construida en damero sobre una llanura tal que he dejado la Argentina sin haber podido ver una sola punta de campo (¡Y ni siquiera aludo a la pampa!). Muy buen tiempo, y atmósfera tensa y ensombrecida por la proximidad de las elecciones y la enfermedad de Santa Evita. Estancia fructífera con todo. La prehistoria de la Argentina: joven, porque se remonta a poco más de 10.000 años; pero joven, además, porque sólo hace dos o tres años que se empieza a comprender algo de ella".
Los poetas también se sentían atraídos por nuestras latitudes. Por esa misma época, el norteamericano Waldo Franck dijo de nuestro país en su libro América hispana : "La pampa fue desterrada de Palermo. Hasta los árboles y las flores parecen haber sido plantadas aquí por algún jardinero de Versalles y no nacidas de la tierra que enciende sus colores. Las alamedas y glorietas, las pérgolas y los puentes, las casas de recreo y los bancos tienen una gracia nerviosa que quiere avergonzarse de la pampa y es extraña a los ciudadanos de Buenos Aires. Las mansiones también niegan la cordial originalidad de sus dueños. Son modelos del Bois de Boulogne, del Faubourg Saint Germain y de la Castellana; modelos que se organizan en fila como caballeros vestidos de corte para presentarse a la reina que han negado en sus corazones."
3 comentarios Recientes y 0 respuestas

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    16.01.10
    22:21
  • musalectoraA riesgo de sonar trillada,¿no se podría incluir alguna referencia a otros lugares de la Argentina, que NO sean Buenos Aires? Digo, la Argentina entera es tan grande...no pido que lleguen hasta Salta; tal vez sea demasiado pedir, pero con que se hablara de Córdoba o de Rosario me conformo.
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    16.01.10
    18:45
  • candido59Es una gran verdad la de todos ellos; seguimos sin madurar como Nación, estamos estancados en la adolecéncia dominados por el fútbol, las mujeres y las discuciones estériles que no logran ponernos de acuerdo en nada. Como amigos que se pelean y se abrazan al mismo tiempo despues de haber discutido acaloradamente en la esquina de una casa, nos reponemos y seguimos la farra al compás de la noche que recién empieza. Es una adoleséncia de más de cien años que requiere cambios y acéptación de nuestra parte para poder emprender el camino de la madurez ciudadana...ponerse los pantalones largos es todo un reto que tenemos que afrontar como Nación. La pregunta es, ¿están los políticos de turno y los distíntos poderes públicos preparados para ésto?
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    16.01.10
    09:05
  • AleazarExcelente nota!!!Tuve la oportunidad de conocer gente de varios paises de Europa toda y de Centroamerica,y todos cuando les preguntaba que opinaban de nosotros como sociedad no entendia como teniendo un pais tan rico y prometedor estabamos sufriendo tantas penurias.Eso como Nacion,pero individualmente nos encontraban alegres,bien predispuestos,amigables,cordiales e INGENIOSOS.Y lo mas les llamaban la atencion es como NUESTRA sociedad eludia las leyes.Les resultaba tragicomico...En fin un amigo cubano nos contaba un chiste de Argentinos"Se encontraba un argentino a la deriva despues de un naufragio y de repente toma aire y grita - Mar!! Te voy a tragar!!!.Somos autosuficientes,ogulllosos y sigue la lista..."los laureles que supimos conseguir..."




La pregunta llega a Yahoo! Respuestas. (A ver???)









Pregunta resuelta




Ufffff...es un poco complicado de explicar...¿verdad?
Como argentina, vivo renegando por muchas cosas que suceden en mi país (La corrupción, desidia política, violencia, los paros, los empujones en la calle, ir apretada en el Sarmiento...ufff, etc), pero también vivo agradeciendo otras (La solidaridad, la viveza criolla...jejeje...fundamental para vivir acá, el choripán, el asado, el chamuyo masculino, los piropos...que son lo más y también la gente!!! )

Ser argentino es: ser RESILIENTE o "ser esa cosa que nadie puede definir"
.....................................
La fama
Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)

Haber visto crecer a Buenos Aires, crecer y declinar.
Recordar el patio de tierra y la parra, el zaguán y el aljibe.
Haber heredado el inglés, haber interrogado el sajón.
Profesar el amor del alemán y la nostalgia del latín.
Haber conversado en Palermo con un viejo asesino.
Agradecer el ajedrez y el jazmín, los tigres y el hexámetro.
Leer a Macedonio Fernández con la voz que fue suya.
Conocer las ilustres incertidumbres que son la metafísica.
Haber honrado espadas y razonablemente querer la paz.
No ser codicioso de islas.
No haber salido de mi biblioteca.
Ser Alonso Quijano y no atreverme a ser don Quijote.
Haber enseñado lo que no sé a quienes sabrán más que yo.
Agradecer los dones de la luna y de Paul Verlaine.
Haber urdido algún endecasílabo.
Haber vuelto a contar antiguas historias.
Haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáforas.
Haber eludido sobornos.
Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y (como todos los hombres) de Roma.Ser devoto de Conrad. Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino. Ser ciego. Ninguna de esas cosas es rara y su conjunto me depara una fama que no acabo de comprender.

Mejor respuesta - elegida por quién preguntó

ser argentino es nacer en argentina jaja
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Son seductores, creen que todo lo mejor del mundo se encuentra en Argentina, son poco tolerantes a la frustración (véase cuando pierden un partido de fútbol tanto a los jugadores como a los aficionados). Creen que todo lo saben, son extremadamente vanidosos (he ahí el numero tan alto de anoréxicas y bulímicas en este país). Lo que a mi mas me llama la atención es que no se creen sudamericanos, les molesta que se les diga así, de ahí es que tampoco aceptan su background, independientemente que algunos de ellos provengan de españoles, italianos y alemanes, ya nacieron en sudamérica.
Se creen superiores al resto de latinoamerica. Y si hablamos de Maradona, pues es un narcicista que se cree Dios aunque reconozco que ha sido de los mejores jugadores de fútbol soccer, no es Dios ni hay porque santificarlo. Son muy agresivos por lo mismo que son apasionados. Yo creo que alguien debería traerlos a la realidad y que vean que solo son hombres y mujeres que habitan como el resto de los humanos este planeta.
Tienen una boquita para insultar que bueno...
Por esto mismo...Me enorgullece ser argentino .....

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la calle mas larga, el rio mas ancho,
las minas mas lindas del mundo,
el dulce de leche, el gran colectivo,
alpargatas, soda y alfajores,

las huellas dijitales, los dibujos animados,
la jeringa descartable, la birome,
la transfusion sanguinea, el 6 a 0 a peru,
y muchas otras cosas mas

la argentinidaaaaaaaaaaaad al palo
la argentinidaaaaaaaaaaaad al palo

Fuente (s):

La Argentinidad Al Palo-
La Bersuit

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Por lo visto hoy en día un los argentinos se consideran como super machos(mujeriegos) y/o super hembras (pu-tas) y se creen superiores al resto del mundo por que un drogadicto llamado maradona jugo para su selección de futbolito, yo particularmente me ca-go en toda esa clase de mier-da que tanto aborrece Dios, aunque todos los países me dan lo mismo, todos son impíos ninguno sigue las verdaderas reglas de Dios...

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Un ser Argentino, es un ser que dianvula en el espacio, junto a un cascote y un monton de vagos más que, vienen con él a su lado. Juntos tratando de progresar al Pais. Jejejejjee.


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