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viernes, 14 de junio de 2013

Desafios II: Renunciar a la prepotencia.

 por Alejandro Lodi

(Mayo 2013)



Prepotencia: poder superior al de otros o gran poder… Abuso o alarde de poder. (Diccionario Enciclopédico Vox. Larousse Editorial).

Este artículo trata sobre nuestra prepotencia argentina.

Nos gusta la prepotencia. Disciplinar. Obligar al otro. Exigir fidelidad a una autoridad suprema. Benéfica, como un padre adorado. O una madre. Como padres ejemplares, los líderes no pueden ser criticados, sino venerados. Incondicionalmente, sin observaciones. (El poder otorgado al líder es proyección del anhelo de poder personal de nosotros, sus seguidores. El afecto otorgado al líder es proyección de la necesidad de afecto personal de nosotros, sus seguidores. Líderes buenos, a diferencia de líderes malos. Padres que nos quieren, a diferencia de padres que no nos quieren).

Nos gusta la verticalidad. La actitud marcial ante la vida. Militar. Andar parando a gritos. Que el todo se subordine a una parte. Que una facción ordene a todos. Nos gusta festejar el padecimiento de otros. Antes que guardar piadoso silencio, celebrar ante sus miradas dolientes. Reír en sus caras. Cargarlos. Y creemos que esa carga no tendrá consecuencias. Hacer callar, no dar espacio, someter a silencio. Es excitante. Produce una atracción irresistible. Adictiva. Nos gusta negarle existencia al otro. “No existís”. Negarles humanidad a los que sentimos diferentes. “No son humanos. Son bestias”. Quisiéramos que eso ocurra. Que se vayan todos. Que no estén más. Que desaparezcan.

Un ideal de exclusión. Un país de nosotros y no de ellos. Sin ellos. O con ellos sometidos a vivir como nosotros queremos. La exclusión justificada por nobles motivos, dignas aspiraciones nacionales, patrióticos intereses, revolucionarias necesidades. El disfrute de algunos presentado como la fiesta de todos. Apropiarse de lo comunitario en beneficio de lo particular. De lo colectivo a favor de lo privado. Apoderarse de valores compartidos para presentarlos como atributos personales exclusivos.

¿Qué condición se requiere para justificar estas conductas? El patrón arquetípico más básico: el otro debe ser un enemigo. El vínculo debe ser “él o yo”. Un vínculo bélico. Y, para eso, en mí debe sintetizarse el absoluto bien y en el otro el absoluto mal. Yo debo encarnar la vida y el otro la muerte. Yo el amor y el otro el odio. Yo la patria y el otro el extranjero. Yo la dignidad y el otro el sometimiento. Yo los valores sagrados y el otro la subversión. Yo la humanidad y el otro la barbarie.

En ese imaginario, la capacidad de comprensión e inclusión se reduce a niveles de escasez patológica. Comprender e incluir es antídoto del autoritarismo y la megalomanía. Como la compasión lo es de la crueldad. Nos alejamos con increíble facilidad de esos talentos redentores. Nos encanta el vértigo de lo opuesto. Sintiendo que somos si confrontamos. Allí creemos estar vivos. Excitados en el desprecio del otro nos creemos vitales. Crueles nos creemos justos.

(...)

Por fortuna, desde hace 30 años nos mantenemos comprometidos con el sistema que más posibilidades parece permitir para disolver aquel encantador imaginario excluyente: una democracia republicana, sostenida en el reparto y articulación del poder en tres estamentos institucionales (ejecutivo, legislativo y judicial). Esa forma de significar la representación popular conjura el riesgo autocrático de otorgar la suma del poder público a una sola persona consagrándola como supremo gobernante, supremo legislador y supremo juez. Difícil imaginar qué otro sistema ofrecería mejores condiciones para madurar la convivencia.

¿Nos imaginamos siendo capaces, como comunidad, de comprometernos con un “propósito de exclusión cero”? ¿Nos imaginamos compartiendo una visión incluyente? ¿Nos imaginamos aceptando resignar la fascinante atracción por la conquista del control exclusivo del poder a favor de que circule del modo más libre (y, por lo tanto, más creativo) posible, con las mayores garantías individuales de derecho y las menores arbitrariedades de desigualdad que sepamos contener? La revelación del Ascendente en Libra es directamente proporcional al agotamiento de ese hechizo de concentración mesiánica del poder. El talento incluyente de Júpiter en casa I modulando su propia inercia a la autoexaltación.

Argentina necesita una constelación familiar.

miércoles, 8 de junio de 2011

ARGENTINIDAD MAS ALLA DE LA GENERAL PAZ

El historiador estadounidense Nicolás Shumway sostiene una tesis muy interesante en su libro La invención de la Argentina. Considera que nuestro país se erigió desde una mentalidad divisoria, una mitología de la exclusión, creada por intelectuales locales en el siglo XIX, que encarnizaron sus proyectos y su idea de nación a través de ficciones orientadores, es decir, construcciones de sentido “tan artificiales como ficciones literarias”, que sirven para dar un sentido de pertenencia y de destino común.


Y lo ejemplifica con una metáfora elocuente: “La Argentina es una casa dividida contra sí misma..."

Lo que expone Shumway tiene tal veracidad que en cualquier intento de abordar la identidad nacional se sigue cayendo en la misma trampa reductora, a pesar de ser concientes de sus limitaciones y dogmatismos. Y ese tropezón con la misma piedra se reproduce por la fuerza de esa visión unitaria que nos interpela y nos constituye como argentinos.


De hecho, este análisis puede caer, contra su voluntad, en abordajes mutilantes. Luchar, por ejemplo, para dar cuenta de la diversidad local y no caer en tipificaciones y conclusiones capitalinas -y peor- porteñas, es un reto que pone a prueba nuestra propia subjetividad. Y el mejor aliado que encontramos para enfrentarlo es el pensamiento complejo desarrollado por Edgar Morin  (leer más en HIPERCOMPLEJIDAD ARGENTINA). 



lunes, 30 de mayo de 2011

DECISION - En el contexto de la Constelaciones Familiares "sistémicas"



“…Estar resuelto significa que quiero algo. También significa que lo quiero con todas las fuerzas y con todos los medios que tengo a mi disposición…”

         “Decisión quiere decir actuar sin preguntas, sin respuestas, sin dudas y con todas las consecuencias. La decisión termina con algo viejo y pone en marcha lo futuro…” (?)


Se trata de afirmaciones que me despiertan... curiosidad.


Investigo en el sitio oficial del Centro Bert Hellinger Argentina  y allí encuentro que: 


"El sistema familiar está dirigido por una conciencia común que une a todos los miembros, preocupándose por los derechos de cada uno y velando porque nadie sea excluído. Pues, donde algún miembro es olvidado y menospreciado, se desarrollan identificaciones e implicaciones sistémicas. Estas implicaciones son inconscientes y pueden causar trastornos psíquicos, enfermedades, conductas conflictivas o la incapacidad de avanzar y desarrollar el propio camino. Quiere decir que, muchos comportamientos no son explicables por la situación actual de una persona sino que, se remontan a distintos sucesos en su familia de origen, a vivencias de sus padres y antepasados más lejanos, aún cuando éstos estén muertos.

Si logramos restituir a cada uno su lugar en el sistema, respetando su particularidad y su destino, todos en la familia encuentran la fuerza propia, permitiendo que el amor  fluya.

Bert Hellinger desarrolló el trabajo de Constelaciones Familiares, un método sumamente eficaz para revelar estos enredos inconscientes y transformar el amor y la lealtad en fuentes fructíferas.

El trabajo se realiza en grupos: la persona que quiere trabajar, elige entre los participantes del grupo representantes para los miembros de su familia, incluyendo un representante para sí mismo. 

Luego los posiciona en el espacio guiado por su intuición, relacionándolos unos con otros. Existen dos formas de trabajar a partir de esa imagen, entre los que el Constelador elige, según lo que considera conveniente. Una es tomando en consideración los sentimientos de los representantes; el coordinador hace los cambios necesarios, permitiendo que surja la dinámica oculta. Luego sigue ordenando el sistema hasta llegar a una imagen de solución. La otra posibilidad es dejar que los representantes sigan los movimientos que emergen desde la profundidad. El coordinador acompaña el proceso hasta llegar a una solución
.
El trabajo está orientado a equilibrar el sistema familiar y a transformar el amor de cada miembro en fuerza vital.