viernes, 14 de junio de 2013

Desafíos I: Renunciar a Justificar la muerte.


por Alejandro Lodi

(septiembre 2012)



… Nuestra fascinante atracción por los absolutos, la excitación por la sensación de poder que proveen las convicciones cerradas, la necesidad de creer en “ismos”, hace que resulte todo un desafío de coraje responder a la sensibilidad compasiva. Los tiempos de XII son oportunos para abrir esa dimensión sensible, pero al hacerlo será inevitable tomar conciencia de supuestos que la bloquean y que están vivos en nuestro inconsciente colectivo.

Ser transversales en el dolor aparece como una necesidad en determinado momento del proceso de la propia herida. La crueldad de la última dictadura y el horror de sus consecuencias están siendo saldadas en la justicia. Y en tiempos de XII hemos asistido al reconocimiento público de Videla de que aquellas acciones que condujo fueron delitos. Y es crucial no convertir a esos militares en chivos expiatorios que purgan culpas que, en verdad, pesan en la conciencia de la sociedad. La aparición de esa oscura purificación, la orden de “exterminar el accionar subversivo”, fue la respuesta de una sociedad con miedo, polarizada en las creencias cerradas del fundamentalismo del orden. En ese miedo, matar deliberadamente a otro ser humano aparece justificado. Sin embargo, lo más difícil es aceptar que la voluntad de aquella juventud idealista de los ´70 también estaba gobernada por un fundamentalismo revolucionario que cobijaba la oscura fascinación de la muerte purificadora. El desafío de compasión que sugiere ser transversales en el dolor exige reconocer la justificación de la muerte que implican los ideales que alimentaron la violencia política de los ´70. Esos ideales de un mundo nuevo que rescate el valor de la vida y que repare el sufrimiento humano, en verdad, también expresaron un desprecio por la vida y generaron más sufrimiento. Y esta es una paradoja muy dolorosa de asumir conscientemente.

Cada muerte tiene un nombre, una historia. Cada muerte ha marcado muchas vidas. Cada muerte invita a la compasión, a la valentía de renunciar a todo intento de justificarla. Algunas voces han surgido en esta dirección. Cuentan con el valor de la autoridad de haber vivido y sufrido los hechos. Durante los 2000, Oscar Del Barco -filósofo y militante revolucionario en los ´70- hizo oír su voz:

“…Ningun justificativo nos vuelve inocentes. No hay “causas” ni “ideales” que sirvan para eximirnos de culpa. Se trata, por lo tanto, de asumir ese acto esencialmente irredimible, la responsabilidad inaudita de haber causado intencionalmente la muerte de un ser humano…”.

Y en 2012, Norma Morandini, hermana de dos desaparecidos, escribe en su libro “De la culpa al perdón”:

“…Si los años setenta no pueden reducirse sólo a la lógica de la violencia, tampoco pueden glorificarse. El relato que seamos capaces de forjar no puede ser prisionero de la mentira ni del oportunismo político, que se asemeja mucho a la falsificación histórica. Restan las razones más hondas, encuadradas como dilemas morales. Ningún fin, ningún ideal, puede servir como atenuante para eludir las responsabilidades que cada uno pudo tener en la tragedia colectiva. Cuánto más si se causó de manera intencional el sufrimiento de otros. O la muerte, tan exaltada como valor en la cultura revolucionaria…”.

Esa desvalorización de la vida, esa subordinación de la vida a otros valores (nacionalistas, económicos, religiosos, revolucionarios, etc.), esa indiferencia al dolor ajeno en virtud al apego a imágenes idealizadas (más egoístas o más solidarias), recorre nuestra historia, con variedad de matices ideológicos, políticos o de clase. Y parece que requerimos llegar a situaciones de gravedad trágica para registrarlas conscientemente. Como si fuera necesario llegar a extremos de catástrofe para adquirir sentido de realidad. Fue necesaria la experiencia extrema de la guerra de Malvinas para ver la sombra del poder militar, fue necesario el martirio del soldado Carrasco para ver el sometimiento y los abusos del servicio militar obligatorio, fue necesaria la tragedia de Cromagnon para ver la inconsciencia de prender bengalas en lugares cerrados y la laxitud de los controles legales. Y hoy es necesario sentirnos víctimas de la más irracional delincuencia para ver el grado de exclusión, marginalidad y descomposición social al que parecen condenados millones de nosotros.

Lejos de la compasión, allí somos capaces de rozar la impiedad. De desear el sufrimiento del otro. De disfrutar con su padecimiento. Desde el “viva el cáncer” que alguien pintó en una pared mientras Eva Duarte agonizaba, pasando por la perversa campaña de autoadhesivos con la inscripción “los argentinos somos derechos y humanos” lanzada en un momento de secuestros y desapariciones de personas, hasta llegar a la sórdida humorada de llamar “operación Traviata” al asesinato de Rucci o de ofrecer la “tabla de fiambres Pedro Eugenio” en un progresista restaurante temático de Palermo…

(Fragmento de “Gira democrática y misteriosa – quinta parte”).

http://alejandrolodi.wordpress.com/2012/10/01/renunciar-a-justificar-la-muerte/

La Argentina en Pedazos.


Una historia de la violencia en la historia argentina a través de la ficción.

Autor: Ricardo Piglia (1993)

Para ver el episodio dedicado a esta obra
de la serie de TV "Continuará" emitido por el Canal Encuentro, clikeá AQUÍ

Para descargar la obra gráfica en PDF o leerla en línea, clikeá AQUÍ


martes, 30 de octubre de 2012

Fortalezas y Debilidades Interculturales de los Argentinos

por Marcelo Baudino

Con apenas 200 años de edad, Argentina ha vivido una historia realmente tumultuosa. Algunos sucesos que ocurrieron durante este tiempo tuvieron un impacto rotundo en la creación de la identidad argentina. Desde la campaña del desierto, los sucesivos golpes de estado y las oleadas migratorias sin precedentes a nivel mundial, contribuyeron en el nacimiento un personaje particular, diferente y único. Conocerse y por sobre todo, conocer las diferencias que existen con otras culturas, es fundamental para tener éxito en contexto cada vez más globalizado.


La exposición internacional que vivió Argentina desde sus primeros años de vida fue variando marcadamente. En primer lugar España, como país colonizador y dominante de las tierras por más de 300 años, brindó cierto marco cultural en el desarrollo de la propia identidad. A esto hay que sumarle la innegable influencia que otras culturas, como la italiana, la inglesa o la alemana, etc. han tenido durante más de 100 años de inmigración intensiva, la cual cambió para siempre el tejido social del país. Por último, nos encontramos con el legado de lospueblos originarios, que aunque diezmados por guerras, epidemias, abusos y exterminación, han agregado sus propios colores en el collage de la piel del argentino.
Ante este testimonio histórico, la primera conclusión que uno suele sacar es la siguiente: “La diversidad cultural es un hecho natural y corriente en la vida del argentino”. Pero esto no es totalmente cierto. De hecho, la carencia de conciencia cultural en muchos argentinos es como mínimo alarmante y sin duda, un punto de mejora de cara a su efectividad en la interacción con personas de otros países. Son varias las razones que dejan en evidencia esta situación:
  1. Los argentinos tienen ascendencia europea, pero su conexión actual con los países de dónde provinieron la mayoría de las generaciones pasadas es casi nula. Esto suele generar una falsa percepción de diversidad cultural entre los habitantes del país, ya que a pesar de tener un apellido italiano por ejemplo, en muchos casos nunca viajaron a Italia o no conocen a nadie allí.
  2. Argentina es el segundo país más extenso de América Latina y el octavo en el mundo. Su tamaño hace que no sea sencillo para un argentino acceder a experiencias internacionales más allá del turismo, como sí suele suceder en otras regiones del mundo.
  3. El argentino es un híbrido cultural: su historia lo ha apartado de los hábitos y costumbres de varios de sus vecinos continentales, pero su fusión regional también lo ha apartado de sus ancestros europeos. ¿El resultado? Un país de gente con identidad propia que no es ni tan diferente y ni tan igual a los de allá y ni a los de acá.
Pero lejos de considerar esto como una debilidad, creo que la cultura argentina nos brinda una oportunidad inigualable: Ningún país del mundo nos representa una brecha cultural demasiado grande y aunque existan diferencias con casi todos los países, el proceso de adaptación y ajuste nunca será tan marcado. Sea cual sea el país que un argentino quiera interactuar, ya se encuentra a medio camino en términos de los ajustes que necesita que realizar. Y justamente aquí es dónde SIETAR encuentra su espacio. Ese paso fundamental, necesario y a veces ignorado o subestimado, hacia la efectividad intercultural, implica preparación, formación y acompañamiento por personas capacitadas para hacerlo. SIETAR Argentina brinda un marco de referencia en cuestiones interculturales, integrado por profesionales preparados, con vasta experiencia internacional y con las herramientas necesarias para desarrollar las habilidades esenciales que te permitirán triunfar en un mundo culturalmente diverso.
Marcelo Baudino es uno de los Miembros Fundadores de SIETAR Argentina
Fuente: http://sietarargentina.org/2012/07/14/un-breve-repaso-de-la-exposicion-intercultural-en-argentina/

lunes, 4 de junio de 2012

Lograr una identidad, la tarea de toda una vida.





Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.

Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va urdiendo.
No necesito hablar ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.

Llaneza
Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
A Haydée Lange
en "Fervor de Buenos Aires"

domingo, 27 de mayo de 2012

El último tabu argentino




La simple pregunta "¿cuánto ganás?" sigue generando situaciones sociales difíciles.

En los Estados Unidos, por ejemplo, las personas hablan abiertamente de lo que ganan en términos anuales sin tapujos. En la Argentina, sin embargo, el tema del sueldo es tabú.

Asimetrías y tensiones que podrían evitarse si existiese un consenso en donde todos pudiésemos hablar tranquilamente de nuestros ingresos y a la vez saber cuánto gana el otro, de manera tal de romper con los tabúes y dejar los resentimientos de lado?

¿Por qué se da esta situación?
Para leer más, clikear en los vínculos activos.

La ausencia de memoria es pérdida de identidad


En el país de la memoria (antes llamado del olvido) 

por Paula Palombo:


Vivo en el país donde el recuerdo tiene su día. El 24 de marzo es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia (Ley 26085).

Vivo en la ciudad donde se encuentra la ex Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), centro de desaparición y tortura, allí hoy funciona elMuseo de la Memoria.

Vivo también en la ciudad donde en pleno centro, erguida en orgulloso bronce inmortal se encuentra una estatua ecuestre dedicada al Gral. Julio Argentino Roca. Una comisión integrada por ciudadanos llevan adelante desde hace varios años una lucha para que el citado monumento sea removido. Declarado genocida de los Pueblos Originarios se busca borrar su memoria.

Vivo entre la memoria y el olvido, entre lo que no puedo recordar y lo que temo olvidar.

La ausencia de memoria es pérdida de la identidad, es dejar de ser parte activa de una comunidad, de una red de recuerdos sociales que conformamos como sociedad.

Nos construimos individual y socialmente sobre los relatos de la memoria, la propia e individual así como la colectiva y compartida. Nos ubicamos en el espacio y en el tiempo, nos legitimamos y nos proyectamos a través de los recuerdos. A veces hasta elegimos qué olvidar o sencillamente solo guardamos aquello que nos atrevemos a recordar.

Somos por nuestro relato pero también por aquellos que otros conformaron y nos legaron sus actos, esos de los que nos alejamos ahora repudiándolos, juzgándolos o enarbolándonos porque nos avergüenzan o nos enorgullecen.

Y hoy somos nosotros los protagonistas de esa milésima parte de memoria que los que están llegando a la vida guardarán y decidirán qué olvidar y qué recordar para comenzar otra vez.



Ilustración: del film "Buscando a Nemo" Disney-Pixar

EL SER NACIONAL y EL VINO

Artículo de Fernando Piciana (El Conocedor)


La declaración del vino como la bebida nacional fue un gran espaldarazo, pero en el inconsciente colectivo ¿es parte de nuestra idiosincrasia como lo son el dulce de leche o el mate pese a no tener el mismo estatus oficial?
Este planteo se lo hicieron a un experto en saber cómo somos y por qué somos como somos: el sociólogo Luis García Fanlo, autor de Genealogía de la argentinidad y titular de la cátedra de Sociología de la Argentinidad en la Universidad de Buenos Aires, quien entre otras cosas afirmó:


"para que un producto, en este caso el vino, esté dentro del concepto de argentinidad tiene que sí o sí ser aceptado afuera. Y ahí radica un gran problema porque el argentino no se reconoce como tal y necesita de la mirada del otro para reafirmar su argentinidad, mejor aún si ese otro es extranjero, civilizado y culto. Es por eso que somos argentinos a través de objetos o de otras personas que idolatramos (siempre y cuando los veneren en otros países, obvio). Ejemplos sobran: Maradona, Gardel, Ginóbili, Messi… Esta coyuntura viene de la época de Bartolomé Mitre, en la que muchos pensadores repetían hasta el hartazgo que la Argentina tenía un destino de grandeza, pero lamentablemente el mundo no nos tenía en cuenta, lo que generó en el ciudadano común la idea de conspiración global hacia nosotros…
Es por eso que ante cualquier eventual y mínimo reconocimiento del más-allá-de-las-fronteras, además de reafirmar ese destino de ser los mejores, se afianza el sentido de argentinidad…" 
(Leer todo) 



Como dice nuestro Himno Nacional: "Al Gran pueblo Argentino, Salud!"