martes, 30 de octubre de 2012

Fortalezas y Debilidades Interculturales de los Argentinos

por Marcelo Baudino

Con apenas 200 años de edad, Argentina ha vivido una historia realmente tumultuosa. Algunos sucesos que ocurrieron durante este tiempo tuvieron un impacto rotundo en la creación de la identidad argentina. Desde la campaña del desierto, los sucesivos golpes de estado y las oleadas migratorias sin precedentes a nivel mundial, contribuyeron en el nacimiento un personaje particular, diferente y único. Conocerse y por sobre todo, conocer las diferencias que existen con otras culturas, es fundamental para tener éxito en contexto cada vez más globalizado.


La exposición internacional que vivió Argentina desde sus primeros años de vida fue variando marcadamente. En primer lugar España, como país colonizador y dominante de las tierras por más de 300 años, brindó cierto marco cultural en el desarrollo de la propia identidad. A esto hay que sumarle la innegable influencia que otras culturas, como la italiana, la inglesa o la alemana, etc. han tenido durante más de 100 años de inmigración intensiva, la cual cambió para siempre el tejido social del país. Por último, nos encontramos con el legado de lospueblos originarios, que aunque diezmados por guerras, epidemias, abusos y exterminación, han agregado sus propios colores en el collage de la piel del argentino.
Ante este testimonio histórico, la primera conclusión que uno suele sacar es la siguiente: “La diversidad cultural es un hecho natural y corriente en la vida del argentino”. Pero esto no es totalmente cierto. De hecho, la carencia de conciencia cultural en muchos argentinos es como mínimo alarmante y sin duda, un punto de mejora de cara a su efectividad en la interacción con personas de otros países. Son varias las razones que dejan en evidencia esta situación:
  1. Los argentinos tienen ascendencia europea, pero su conexión actual con los países de dónde provinieron la mayoría de las generaciones pasadas es casi nula. Esto suele generar una falsa percepción de diversidad cultural entre los habitantes del país, ya que a pesar de tener un apellido italiano por ejemplo, en muchos casos nunca viajaron a Italia o no conocen a nadie allí.
  2. Argentina es el segundo país más extenso de América Latina y el octavo en el mundo. Su tamaño hace que no sea sencillo para un argentino acceder a experiencias internacionales más allá del turismo, como sí suele suceder en otras regiones del mundo.
  3. El argentino es un híbrido cultural: su historia lo ha apartado de los hábitos y costumbres de varios de sus vecinos continentales, pero su fusión regional también lo ha apartado de sus ancestros europeos. ¿El resultado? Un país de gente con identidad propia que no es ni tan diferente y ni tan igual a los de allá y ni a los de acá.
Pero lejos de considerar esto como una debilidad, creo que la cultura argentina nos brinda una oportunidad inigualable: Ningún país del mundo nos representa una brecha cultural demasiado grande y aunque existan diferencias con casi todos los países, el proceso de adaptación y ajuste nunca será tan marcado. Sea cual sea el país que un argentino quiera interactuar, ya se encuentra a medio camino en términos de los ajustes que necesita que realizar. Y justamente aquí es dónde SIETAR encuentra su espacio. Ese paso fundamental, necesario y a veces ignorado o subestimado, hacia la efectividad intercultural, implica preparación, formación y acompañamiento por personas capacitadas para hacerlo. SIETAR Argentina brinda un marco de referencia en cuestiones interculturales, integrado por profesionales preparados, con vasta experiencia internacional y con las herramientas necesarias para desarrollar las habilidades esenciales que te permitirán triunfar en un mundo culturalmente diverso.
Marcelo Baudino es uno de los Miembros Fundadores de SIETAR Argentina
Fuente: http://sietarargentina.org/2012/07/14/un-breve-repaso-de-la-exposicion-intercultural-en-argentina/

lunes, 4 de junio de 2012

Lograr una identidad, la tarea de toda una vida.





Se abre la verja del jardín
con la docilidad de la página
que una frecuente devoción interroga
y adentro las miradas
no precisan fijarse en los objetos
que ya están cabalmente en la memoria.

Conozco las costumbres y las almas
y ese dialecto de alusiones
que toda agrupación humana va urdiendo.
No necesito hablar ni mentir privilegios;
bien me conocen quienes aquí me rodean,
bien saben mis congojas y mi flaqueza.
Eso es alcanzar lo más alto,
lo que tal vez nos dará el Cielo:
no admiraciones ni victorias
sino sencillamente ser admitidos
como parte de una Realidad innegable,
como las piedras y los árboles.

Llaneza
Jorge Luis Borges (Argentina, 1899-1986)
A Haydée Lange
en "Fervor de Buenos Aires"

domingo, 27 de mayo de 2012

El último tabu argentino




La simple pregunta "¿cuánto ganás?" sigue generando situaciones sociales difíciles.

En los Estados Unidos, por ejemplo, las personas hablan abiertamente de lo que ganan en términos anuales sin tapujos. En la Argentina, sin embargo, el tema del sueldo es tabú.

Asimetrías y tensiones que podrían evitarse si existiese un consenso en donde todos pudiésemos hablar tranquilamente de nuestros ingresos y a la vez saber cuánto gana el otro, de manera tal de romper con los tabúes y dejar los resentimientos de lado?

¿Por qué se da esta situación?
Para leer más, clikear en los vínculos activos.

La ausencia de memoria es pérdida de identidad


En el país de la memoria (antes llamado del olvido) 

por Paula Palombo:


Vivo en el país donde el recuerdo tiene su día. El 24 de marzo es el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia (Ley 26085).

Vivo en la ciudad donde se encuentra la ex Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), centro de desaparición y tortura, allí hoy funciona elMuseo de la Memoria.

Vivo también en la ciudad donde en pleno centro, erguida en orgulloso bronce inmortal se encuentra una estatua ecuestre dedicada al Gral. Julio Argentino Roca. Una comisión integrada por ciudadanos llevan adelante desde hace varios años una lucha para que el citado monumento sea removido. Declarado genocida de los Pueblos Originarios se busca borrar su memoria.

Vivo entre la memoria y el olvido, entre lo que no puedo recordar y lo que temo olvidar.

La ausencia de memoria es pérdida de la identidad, es dejar de ser parte activa de una comunidad, de una red de recuerdos sociales que conformamos como sociedad.

Nos construimos individual y socialmente sobre los relatos de la memoria, la propia e individual así como la colectiva y compartida. Nos ubicamos en el espacio y en el tiempo, nos legitimamos y nos proyectamos a través de los recuerdos. A veces hasta elegimos qué olvidar o sencillamente solo guardamos aquello que nos atrevemos a recordar.

Somos por nuestro relato pero también por aquellos que otros conformaron y nos legaron sus actos, esos de los que nos alejamos ahora repudiándolos, juzgándolos o enarbolándonos porque nos avergüenzan o nos enorgullecen.

Y hoy somos nosotros los protagonistas de esa milésima parte de memoria que los que están llegando a la vida guardarán y decidirán qué olvidar y qué recordar para comenzar otra vez.



Ilustración: del film "Buscando a Nemo" Disney-Pixar

EL SER NACIONAL y EL VINO

Artículo de Fernando Piciana (El Conocedor)


La declaración del vino como la bebida nacional fue un gran espaldarazo, pero en el inconsciente colectivo ¿es parte de nuestra idiosincrasia como lo son el dulce de leche o el mate pese a no tener el mismo estatus oficial?
Este planteo se lo hicieron a un experto en saber cómo somos y por qué somos como somos: el sociólogo Luis García Fanlo, autor de Genealogía de la argentinidad y titular de la cátedra de Sociología de la Argentinidad en la Universidad de Buenos Aires, quien entre otras cosas afirmó:


"para que un producto, en este caso el vino, esté dentro del concepto de argentinidad tiene que sí o sí ser aceptado afuera. Y ahí radica un gran problema porque el argentino no se reconoce como tal y necesita de la mirada del otro para reafirmar su argentinidad, mejor aún si ese otro es extranjero, civilizado y culto. Es por eso que somos argentinos a través de objetos o de otras personas que idolatramos (siempre y cuando los veneren en otros países, obvio). Ejemplos sobran: Maradona, Gardel, Ginóbili, Messi… Esta coyuntura viene de la época de Bartolomé Mitre, en la que muchos pensadores repetían hasta el hartazgo que la Argentina tenía un destino de grandeza, pero lamentablemente el mundo no nos tenía en cuenta, lo que generó en el ciudadano común la idea de conspiración global hacia nosotros…
Es por eso que ante cualquier eventual y mínimo reconocimiento del más-allá-de-las-fronteras, además de reafirmar ese destino de ser los mejores, se afianza el sentido de argentinidad…" 
(Leer todo) 



Como dice nuestro Himno Nacional: "Al Gran pueblo Argentino, Salud!"

lunes, 14 de noviembre de 2011

Preferimos mantenernos protegidos en nuestras ideas antes que abrir el corazón: Una visión astrologica



EL FALLIDO DE SARMIENTO 
 por Alejandro Lodi

“Todo es doble. Todo tiene sus dos polos. Todo, su par de opuestos.Los semejantes y antagónicos son lo mismo. Los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado. Los extremos se tocan. Todas las verdades son semiverdades. Todas las paradojas pueden reconciliarse…”.
El Kybalion.
“El peronismo es tan indispensable como Borges…”.
Beatriz Sarlo.

Nuestra argentina historia testimonia violencia. Una historia de crueldad.

Del canibalismo literal de una noche de 1535 que anota Ulrico Schmidl en su “Viaje al Río de la Plata”[1], pasando por el ensañamiento de las ejecuciones sumarias a los adversarios-enemigos o transgresores morales del siglo XIX[2], al distendido “happy hour” que ofrece su “tabla de fiambres Pedro Eugenio” en un muy moderno resto bar temático de Palermo Hollywood ya en el nuevo milenio. ¿Imaginan un restorán neoyorquino llamado “Saigon” ofreciendo “carnes asadas Napalm” o uno de Berlín llamado “Tercer Reich” ofreciendo su plato “niños envueltos Ana Frank”?

Nuestra historia celebra la muerte. Cubrimos de virtudes patrióticas o revolucionarias atrocidades que conmueven el alma. Nos resulta cómodo el distraído silencio impiadoso o el orgulloso grito sagrado que nos inmuniza de la compasión. El discernimiento queda velado por la pasión épica. Preferimos mantenernos protegidos en nuestras ideas antes que abrir el corazón. Confrontar acorazados en nuestras afectivizadas creencias antes que exponerlas al transformador contacto con la experiencia del otro. De un modo paradojal, con Libra ascendiendo tememos a lo creativo del vínculo.
 (leer el post completo)

viernes, 2 de septiembre de 2011

DISCUTIENDO DE POLITICA CON EL CORAZON

por Raquel Alvarez

¿Puedo, sin ser política ni socióloga, escribir una nota sobre política y sociedad? Nunca me lo planteé, solo sé que quiero compartir un manojo de deseos, entusiasmos, broncas, proyecciones, recuerdos, esperanzas y miedos que son, ahora que lo pienso, la materia prima de la política y de la sociedad. Soy visceral y razonable a la vez, imagino entonces que esta nota fluctuará entre ambos estados; no quiero disimular mi postura ni tampoco simular erudición. Soy oficialista, lo digo porque no quiero que lo deduzcan, pero no escribo para congraciarme con los que piensan como yo ni para convencer a los opositores. Solo quiero contar lo que siento, quiero hacer de esta nota una operación a corazón abierto.
Parte de mi infancia la pasé en los peores años de nuestra historia, la dictadura. La adolescencia la viví con una democracia nueva y a veces enclenque. Me crié en una familia llena de amor y de compromiso político, sin embargo yo dormité aquellos primeros años en un desinterés crónico: si el cielorraso de mi escuela estaba por caerse, a mí no me importaba y jamás se me hubiera ocurrido participar de un reclamo estudiantil. Siguió mi juventud en los años noventa, que hicieron de mí (y de millones) un híbrido quejoso y sin iniciativa social alguna: denosté el menemato pero jamás moví un dedo por cambiar algo, creía que mi responsabilidad estaba sólo con el voto. Pude haber sido mejor ciudadana, por supuesto, pero no puedo culparme de haber caído bajo el cachetazo de indiferencia y silencio que nos dejó la dictadura como fatídico efecto residual.
Hoy no creo ser otra persona, simplemente soy una versión de mí misma aggiornada: solo pulí aquello que en mí era opaco, aquello que pugnaba por brillar. Aquello que se hereda con los genes o que se aprende a costa de buenas influencias.
Vivo en un país extraño, abrumador, desastroso y maravilloso a la vez; criada en la escuela que me enseño que teníamos los 4 climas, que éramos el granero del mundo y que San Martín cruzó Los Andes en un brioso caballo blanco. El cambio climático esta rescribiendo la historia del planeta, el súper granero no mata el hambre ni de la provincia de Buenos Aires (así que del mundo olvidate) y la mula de San Martín pugna por tener su merecido reconocimiento. Un país lleno de diferencias devenidas a veces en odios, sectores de la Argentina enfrentados desde hace mas de 200 años en una batalla sorda que a nadie parecía espantar; pero ahora que las diferencias están sobre la mesa, muchos se horrorizan pensando que son nuevas, que se trata de  odios calculadamente creados desde hace solo 4 años.
Quiero entender el pasado, quiero tenerlo siempre de consejero para que los males del presente no me resulten nuevos y extraños. Quiero que se noten, mas que nunca, los defectos crónicos de nuestra sociedad para poder aspirar a una cura, y evitar una muerte silenciosa que no pudimos batallar porque no había síntomas. No voy a caer en la trampa de los que dicen que hay que olvidar, que eso es estancarse. Avanzar por un camino que desaparece detrás nuestro no es avanzar, sino escapar. Yo aspiro a mucho mas que respirar y llegar a fin de mes, porque soy positiva y constructiva, a pesar de no olvidar.
Hoy me siento alerta, a veces vibro de alegría y otras veces tiemblo de rabia, pero me rozó hace algunos años la epifanía de sentirme codo a codo con la gente que busca otra cosa, y eso te marca para siempre.
Vivo la hermosa sensación de sentir que este ES el momento, y que yo estoy aquí no solo para verlo, sino también para construirlo. Estoy aquí para defender lo que creo justo y también para alertar sobre lo que no comparto, aunque provenga del modelo que apoyo.
Tengo muy claro lo que no quiero: no quiero deambular otra vez en la indiferencia política, con la remanida excusa del ‘’para qué, si son todos iguales, si siempre es lo mismo’’. Hoy, en mi madurez, no me puedo dar el lujo de ser indiferente, como si fuera una púber que todavía no entiende nada, ya estoy grande para eso.
No quiero ser participe de la gente que se dice apolítica, gente que sin embargo vota y opina, como si eso no fuera hacer política. No quiero estar en el rebaño que se mira el ombligo, que supone que no hace política pero en cada mínima acción cotidiana que desarrolla hay una declaración de sus miedos y odios.
Nunca más quiero decir negros de mierda, nunca más quiero decir ‘’bolita volvete a tu país’’. No quiero vivir quejándome de la inseguridad si no me va a importar el origen de la inseguridad, si no me va a importar que formé (y formo) parte de un sistema que dejó (y deja) a muchos sectores afuera; pero ahora resulta que no nos bancamos que parte de esos excluídos anden por la calle ciegos de paco, desesperación y rabia.
No quiero ser víctima ni del ladrón que me pega un tiro para sacarme la cartera, ni del ‘’buen’’ ciudadano que cierra las ventanas de su casa para no ayudar, por miedo, a la mina a la cual están asaltando en la calle, o de aquel que se recluye en su country pensando tontamente que su vida puede girar en un sentido diferente al planeta de los que viven afuera de sus rejas.
No quiero que el miedo me habilite a pedir cualquier barbaridad, solo por el hecho de sentirme segura.
Vivo en un país que sigue creyendo cándidamente en la existencia de la clase media: esa columna vertebral que atravesó decenas de generaciones convenciéndonos de que ‘’estabámos para más’’ y que cuando nos empezamos a derrumbar caímos en los peores vicios y conceptos, apartándonos de aquel al que le va peor que a uno y suponiendo que los ricos nos van a rescatar ‘’porque somos clase media, che!’’. Esperando con la histórica promesa de que cuando se rebalsa la copa de los ricos, la riqueza se derrama hacia los pobres, hasta que llegamos al presente y nos damos cuenta que la copa de los ricos jamás rebalsará porque nunca esta satisfecha.
No quiero que me tilden de oportunista aquellos que dicen que mi política se ‘’adueñó’’ del tema derechos humanos para usarlos en beneficio propio. No quiero que esos a los cuales jamás les importaron los derechos humanos ni los pusieron en la agenda del país, ahora gimoteen en la televisión y en los diarios diciendo que no los dejan entrar al debate.
No quiero que se tenga que morir nadie más para que las cámaras de tv enfoquen, anonadadas, a esa marea de gente triste y dolorida que según los medios no existía, pero allí estaban: llorando a alguien que según los noticieros era odiado.
Y basta de decir no quiero! Ahora les cuento lo que quiero: quiero sentir el orgullo de disfrutar del progreso de quienes más lo necesitan, quiero que por una vez en la historia de la Argentina sean otros los beneficiados y no sólo mis seguridades y necesidades.
Quiero votar ‘’a favor de’’ y no ‘’en contra de’’. Quiero por fin en mi vida apostar e ilusionarme, sentir que estoy ante el embrión de un cambio, y que puedo ayudar a que nazca otra sociedad. Quiero ser la que no tiene que esconder a quien votó porque le da vergüenza: al ser humano le cuesta mucho más justificar las cosas que defiende que las que ataca, y yo quiero decir libremente lo que creo, siento y pienso sin que me tilden de oportunista, de vendida o de tonta. Soy la dueña de mis aciertos y de mis errores y no quiero nunca mas tener que justificar lo que pienso porque ‘’como puede ser que una chica tan inteligente y buena mina como vos hoy este apoyando esto’’.
Sé que mucha gente piensa como yo, no soy una iluminada, tampoco la idea es que hagamos todos lo mismo y pensemos igual: pero hay algo que tiene que ver con el don de gente, con la calidad de persona, con el desdén por el egoísmo que tenemos que aprender y practicar urgentemente, mas allá de a quien votemos. Y no cruzarnos de brazos después de octubre porque ‘’total ya está’’: ni los victoriosos ni los derrotados se pueden dar ese lujo. Hay que ir por más, tenemos que tener sed de superarnos y de ser mejores personas, y si en el medio de ese trance pudimos cambiar el auto o irnos al Caribe, pues mejor, pero que lo material no sea la medida de nuestros sentimientos.
Este es mi estado de ánimo hoy, y sospecho que este ánimo vino para quedarse. Ya no sé si este torrente de palabras es un análisis, una nota o una confesión, pero es lo que tengo para ofrecer: Raquel Alvarez en estado puro. Si no pudiera gritar mi honestidad ideológica y mis motivos verdaderos, entonces no valdría la pena haber despertado del coma de los años 90.
Para leer los más de 300 comentarios a este artículo, clikeá ACÄ