martes, 28 de junio de 2011

Los vínculos y las alianzas inconscientes


Por Rene Kaës
Desde el primer encuentro, para agruparse, los sujetos deben consensuar entre ellos cierto acuerdo inconsciente respecto de algunas representaciones que deberán forcluir, desmentir, reprimir o borrar. La constitución de un conjunto humano exige que algunas representaciones no circulen libremente. Las alianzas inconscientes se anudan en el período inicial de constitución de un grupo y se asocian a las formaciones y procesos del inconsciente ya establecidos en los sujetos que se agrupan. (leer más)

Bipolaridad Argentina y Autoestima


El doctor Jorge García Badaracco, fue uno de los grandes referentes de la psiquiatría argentina. 
Estudió con Lacan, Houssay y Leloir. En este reportaje de octubre del 2005 afirmaba que la identidad del tango que nos representa es "la de un pobre diablo" y que como argentinos, si tenemos oscilaciones bipolares es por falta de autoestima:
 ¿Necesitamos emular figuras porque nos sentimos inferiores?
–Padecemos de anomia, que es la falta de valores culturales. Porque la Argentina no era un país respecto del cual se pudiera hablar de anomia. Ha ido ocurriendo una mediocrización. Por ejemplo, la pobreza se fue generalizando. La falta de formación de la personalidad se vincula con la escuela. El deterioro de la educación en general es algo que todo el mundo ve cada vez con más pena, con preocupación y con alarma. ¿Adónde vamos y cómo vamos? Se puede concluir diciendo que los argentinos necesitamos esas figuras para levantar nuestro ego, bastante deteriorado.
–¿Se puede hablar de la sobrevaloración como signo de debilidad?
–Desde ya. Ese es un mecanismo psicológico individual. La persona que se siente insegura trata de agarrarse de algo para poder figurar, para poder aparecer como alguien mejor, con mejor imagen. Creo que en ese sentido somos un país muy joven. Nuestra historia es mucho más corta, y la identidad argentina no es tan fuerte como la de un francés, un italiano. Italia tiene el Dante, los ingleses tienen a Shakespeare, y los alemanes tienen a Goethe. Nosotros tenemos un poquito, pero es mucho menos. Además, tampoco sabemos valorar bien lo que tenemos. Entonces, se da un conjunto de factores como para que los argentinos no tengamos un respaldo, ni como historia ni como identidad. (leer el reportaje completo)

lunes, 20 de junio de 2011

Canción tardía por los 500 años - Leo Masliah



Acerca de Leo Maslíah.

miércoles, 8 de junio de 2011

ARGENTINIDAD MAS ALLA DE LA GENERAL PAZ

El historiador estadounidense Nicolás Shumway sostiene una tesis muy interesante en su libro La invención de la Argentina. Considera que nuestro país se erigió desde una mentalidad divisoria, una mitología de la exclusión, creada por intelectuales locales en el siglo XIX, que encarnizaron sus proyectos y su idea de nación a través de ficciones orientadores, es decir, construcciones de sentido “tan artificiales como ficciones literarias”, que sirven para dar un sentido de pertenencia y de destino común.


Y lo ejemplifica con una metáfora elocuente: “La Argentina es una casa dividida contra sí misma..."

Lo que expone Shumway tiene tal veracidad que en cualquier intento de abordar la identidad nacional se sigue cayendo en la misma trampa reductora, a pesar de ser concientes de sus limitaciones y dogmatismos. Y ese tropezón con la misma piedra se reproduce por la fuerza de esa visión unitaria que nos interpela y nos constituye como argentinos.


De hecho, este análisis puede caer, contra su voluntad, en abordajes mutilantes. Luchar, por ejemplo, para dar cuenta de la diversidad local y no caer en tipificaciones y conclusiones capitalinas -y peor- porteñas, es un reto que pone a prueba nuestra propia subjetividad. Y el mejor aliado que encontramos para enfrentarlo es el pensamiento complejo desarrollado por Edgar Morin  (leer más en HIPERCOMPLEJIDAD ARGENTINA). 



HAGAMOS NUESTRA PROPIA HISTORIA





¿Estamos hoy los argentinos y argentinas haciendo nuestra propia historia? ¿O seguimos siendo hombres y mujeres a los que la historia les pasa como si fueran objetos inermes incapaces de producir algo nuevo? Alguien dijo alguna vez que en épocas de cambio, crisis y transformaciones los hombres recurren a tomar su poesía del pasado en lugar de inventar la poesía de su presente y futuro. Quizás habría que dejar, aunque sea por un momento de dejar de pensar tanto en el pasado y ponerse a pensar qué hacemos con nuestro presente.... (leer más) por  LUIS GARCIA FANLO - Sociólogo 



lunes, 6 de junio de 2011

Parricidios Privados y Filicidios Públicos







Fué mientras esperaba el subte que ví en un kiosco la portada de la Revista Barcelona alusiva al nuevo capítulo que se desencadenó recientemente en relación a Los Schoklender. Sergio S. con un pañuelo negro en la cabeza, 
en la primera plana.


Tuve que acercarme para poder leer el titular que de lejos, parecia putearlo.


"Hijo de P...laza de Mayo", decía. 

Sergio S., de la noche a la mañana se convirtió en el "negativo" de las madres. 

Pensé en las dualidades extremas, en los vuelos en picada del Monte Olimpo al infierno del Dante, que se escenifican frecuentemente entre nosotros . 

Pensé en Sergio S. y su pasaje (al acto?) de "hijo regenerado-recuperado" a malversador de fondos públicos en relación al programa Sueños Compartidos y "traidor a sus madres putativas". 



"No soy ni la primera ni la última madre a la que un hijo le hace una cagada", ha dicho Hebe de Bonafini.

Barcelona ironiza: "El odontólogo Barreda: ¿El próximo CEO elegido por Hebe de Bonafini?"

En tanto denuncia de un acto de corrupción debí sentir indignación?
Sin embargo, al escucharlo defenderse sin entusiasmo ni convicción, 
lo que sentí fue PENA. Tal vez porque se dice que el día que estalló el escándalo de la denuncia en su contra, coincide con el aniversario de la ejecución del asesinato de sus padres. Casualidad. Causalidad.



Diego Sehinkman escribió una "sesión" imaginaria de Sergio en el diván quien le espeta al  "analista";


"¿Qué me va decir? ¿Que estoy repitiendo mi historia familiar? ¿Que pude haber hecho negocios turbios con el Estado, como los hizo mi padre? ¿Y que ahora podría estar matando otra vez a una madre, esta vez, simbólicamente?"


Googleando me topo con un texto de un periodista -desconocido para mí- de nombre Claudio Uriarte , que al más puro estilo argentino habría sido objeto tanto de sumo respeto como inocultable desprecio por parte de quienes lo conocieron. Un periodista controvertido y/o contradictorio, que murió a los 48 años aparentemente en forma "absurda", al tropezarse en una escalera (2007):


"...un breve escalofrío. Esta sensación, que Kierkegaard llamó la “sensación del absurdo” y que Freud relacionó con el miedo a la muerte, aparece cuando nos enfrentamos a algo que viola toda lógica y aparece contra toda expectativa..." 
LA EXPERIENCIA ENSEÑA QUE ES MUCHO MÁS LO QUE DESCONOCEMOS QUE LO QUE SABEMOS. TAMBIÉN QUE MUCHAS VECES ES MÁS INTERESANTE EL CAMINO QUE EL DESTINO FINAL Y QUE LO 
VERDADERAMENTE REVOLUCIONARIO EMPIEZA CON UN “¡QUÉ CURIOSO!”.


Uriarte parece haber producido una curiosa reflexión sobre parricidios y filicidios, analizando los casos de los Hermanos Schoklender y del Juez Fraticceli. Cito los párrafos más relevantes en relación a sus "hipótesis 
político-psicológicas":

(...) LA PATRIA EN CUESTION: Las muertes paralelas de Mauricio y Cristina Schoklender y de Natalia Fraticelli no serían crímenes argentinos -asesinatos nacionales-; no serían clásicos de la Patria ni trascenderían el agradable y algo superficial encanto de una simetría narrativa borgeana si no encontraran ecos colectivos más hondos y trágicos en la historia reciente. Ya que el parricidio y el filicidio fueron dos momentos sucesivos e interdependientes de la dialéctica de los años '70: primero, el asesinato de los padres por los hijos (con las guerrillas de ERP y Montoneros); luego, el asesinato de los hijos por los padres (con la dictadura del Proceso de Reorganización Nacional). Irónicamente, esa guerra civil entre generaciones terminó en la eliminación de la figura que en teoría era más fuerte: la del padre. Ya que su despliegue fue una verdadera operación de pinzas: si en un caso el Padre era asesinado por los hijos, en el otro él se autodestruía en su condición de tal, asesinando a quienes representaban el testimonio tangible de ella. La idea de Patria como remitencia trascendental colectiva del vínculo sanguíneo terminó, por consiguiente, en cuestión. Y -como veremos enseguida- también en estos casos se trató de asesinatos en nombre de una Ley perdida, y en contra de una transgresión.


(...)


COARTADAS: La mera relación cronológica de estos hechos debería bastar para demoler los tres mitos principales en que se los ha encerrado, y que se inspiran en una izquierda, una derecha y un presunto centro. El primero, y de la izquierda: que la guerrilla defendía la democracia y los derechos humanos, cuando en realidad despreciaba a la democracia como "burguesa" y "formal" y solamente vindicó los derechos humanos luego de haber sido derrotada. Segundo mito, esta vez de la derecha: que debió reprimir ante la amenaza de ataque al Estado, cuando el verdadero objeto de los golpistas fue destruir un Estado peronista permanentemente puesto en jaque por su propio Poder Sindical y las formaciones especiales. El tercer mito, del presunto centro, es más difícil de liquidar, hasta que se lo contrasta con el pasado de su enunciador. Se trata de la llamada "teoría de los dos demonios", por la cual los '70 habrían sido el resultado irracional de la confrontación entre intolerantes de la izquierda y la derecha. La teoría parece mantenerse, pero sólo hasta que se advierte que los radicales -sus enunciadores- militaban entusiastamente en las filas de la segunda, por lo cual la tesis funciona como mera coartada del enunciador. Quizás los '70 no hayan sido una guerra civil en regla, pero sí al menos su metáfora.




INDICIOS, EVIDENCIA CIRCUNSTANCIAL: La relación entre parricidio privado y filicidio público vuelve a mostrarse por la delatora diagonal psicótica que practica Sergio Schoklender a través de su extraño maridaje con Hebe de Bonafini, por el cual el asesino privado de sus padres y la madre de los militantes públicos asesinados se adoptaron mutuamente, en una relación donde los dos se funden como conciencia moral más alta, trascendentalista y cuasi-fundamentalista de la sociedad. Juntos son dinamita, y eso literalmente. El caso trasciende la mera patología, ya que la posibilidad de ese maridaje incestuoso se encontraba en las bases fundacionales de las Madres de Plaza de Mayo. Las Madres -esas señoras ravioleras y apolíticas convertidas de pronto heroicamente a la más pura militancia antiimperialista- siempre fueron un fenómeno muy interesante, sobre todo si uno partía -para tratar de entenderlas- de la pregunta de porqué no hubo Padres de Plaza de Mayo. Una primera respuesta es que las Madres tuvieron proyección precisamente por ser quienes eran: madres ravioleras, inofensivas y desarmadas señoras gandhianas de Flores y del Conurbano a quienes nadie con la mínima noción del impacto de las acciones en la opinión pública se hubiera atrevido a atacar. Su operación, en otras palabras, era la clásica treta del débil. Sin embargo, y si esto es verídico, la respuesta de fondo a la pregunta por la ausencia de los padres es que las Madres salieron a proteger a sus hijos contra el filicidio consumado por la acción directa, la indiferencia cómplice o la mera mariconería cobarde, machista y "muchachista" de los padres. Al defender a los parricidas contra los filicidas, constituyeron en la práctica un movimiento feminista de izquierda avant la lettre -e ideológicamente un amago de matriarcado-. Las pruebas pueden leerse oblicuamente en su propio discurso, más precisamente en su permanente ambivalencia y en el fondo funcional contradicción ideológica entre la defensa de los derechos humanos de los hijos-militantes y su simultánea reivindicación de la Revolución, que implica negación de la universalidad de los derechos humanos para quienes se considera opresores.


LA PRUEBA POR LA NEGATIVA: Actualmente, esta suerte de paradójica militancia muy contemporánea de lo retrospectivo, donde el principal foco de acción es la busca del dominio de un campo de batalla donde lo que chocan son interpretaciones antagónicas de la memoria social, intenta clonarse a futuro a través de la agrupación Hijos. A primera vista, esto invierte la operación: se trata, después de todo, de los hijos de los desaparecidos, que reclaman conocer el destino de estos últimos. Sin embargo, la operación sigue allí, ya que los padres de esos hijos están muertos, y por lo tanto estos hijos se convierten en sus propios padres. Y el juego a retrospectiva traiciona su actualidad y aún más su apuesta y proyección a futuro: se trata de construir la tradición y antecedentes desde los cuales una cierta idea historicista de futuro parezca históricamente inevitable.




MASCARAS, DISFRACES: La ideología puede deducirse rápidamente de las generaciones: vistos desde una filosofía de la historia ingenuamente progresista -como fue en buena parte el marxismo- el parricidio es de izquierda -por suprimir el pasado- mientras el filicidio es de derecha -por suprimir el futuro-. Naturalmente, esto no es así en los hechos: el austríaco Joerg Haider es más nuevo, joven y moderno que Marx, y los fascismos importantes siempre contaron con el entusiasmo incondicional de los jóvenes; habría que acabar con la superstición historicista de que lo nuevo, por el solo hecho de ser nuevo, es bueno. Sin embargo, la novedad y la juventud revisten de un aura remozada y atrayente a lo anterior. Hoy, con Hijos, los hijos huérfanos de los parricidas relevan a sus abuelos en el culto pagano por la reaparición de los muertos. Que el objetivo sea imposible no invita a abandonar la empresa, sino que, por el contrario -y como en los viejos cuentos de hadas- multiplica su atractivo.




NO HAY DERECHOS: Tras el Proceso, la relación entre filicidio público y privado está aún por aparecer, pero parece inquietantemente próxima en un país donde un joven tiende cada vez más a ser culpable hasta que se demuestre lo contrario. Vale decir que en la Argentina no hay derechos humanos consensuados, sino interpretaciones recortadas de ellos que en el fondo siguen siendo prototipos de aparatos de Estado, que siguen librando larvados conatos de guerra civil entre sí. El caso Fraticelli, dentro de este contexto, parece la traducción privada de la posible multiplicación social de los justicieros y de la justicia por propia mano que defienden medios subversivos de derecha. O sea, del neofascismo que considera recomendable la liquidación del monopolio de la violencia -porque en el fondo desea acabar con el Estado, al que considera demoliberal y corrupto-, y que encuentra un perverso punto de unión con el hiperliberalismo cuando el principio de supervivencia de los más aptos autoriza a un juez a eliminar a su hija sólo por ser deficiente mental.


(...)
La Unidad de Información Financiera (UIF) elevó a la justicia las denuncias contra el ex apoderado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Sergio Schoklender, por supuesto lavado de dinero con fondos públicos, se informó oficialmente. 















domingo, 5 de junio de 2011

El fútbol como pasión

Por Carlos Fausto, sociólogo (México)


Sin lugar a dudas el fútbol es el deporte más popular del mundo. Así lo dictan el consumo de masas, la práctica colectiva de esta actividad entre niños, jóvenes y adultos; así como las ganancias millonarias que representa la comercialización del balompié.
La crítica general de este juego se concentra en el carácter alienante del mismo. Sin embargo, es conocido que la pasión por el balón ha encontrado fanáticos, incluso en aquellos intelectuales representantes de culturas o periodos enteros de pensamiento crítico. Albert Camus, por ejemplo, quien fue férreo portero de fútbol en su juventud, declaró: "Todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, al fútbol se lo debo". Por su parte, Edgar Morin, filósofo francés, agregó: "No veo el fútbol como una forma de alienación moderna, lo siento más bien como una poesía colectiva".
 (leer más)